La reunión cumbre de Alaska y el regreso de la disuasión nuclear
MSIA Informa
La esperada reunión cumbre Trump-Putin en Anchorage, Alaska, el viernes 15 de agosto, significa fundamentalmente el fin del periodo postguerra fría. En él los “neoconservadores” y su pandilla de belicistas de Washington, deliraban con aprovechar el fin de la Unión Soviética para despedazar y saquear Rusia, lo que dio pie a la mayor de la expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hacia el Este.
No pocos todavía hoy juegan con la noción delirante de que sería posible vencer en una guerra nuclear contra Rusia.
Como quedó claro en las declaraciones de Trump y en el lenguaje corporal de ambos, allí estaban los líderes de las dos potencias nucleares más grandes del planeta, entendiéndose los dos en un clima de cordialidad impensable en el gobierno del senil Joe Biden, restableciendo simbólicamente el principio de la disuasión nuclear que predominó hasta en los momentos más difíciles de la Guerra fría.

Un paso enorme para la multipolaridad, como admitió el secretario de Estado Marco Rubio.
En cuanto a la guerra de Ucrania, a pesar de no haber habido ningún anuncio referente a ella, Trump habló por teléfono con el presidente Volodomyr Zelensky, que fue “convocado” a viajar a Washington, con los líderes europeos que “se ofrecieran” para acompañarlo, para luego escribir en su red social:
Fue determinado por todos que la mejor forma de terminar la horrible guerra entre Rusia y Ucrania es ir directamente a un acuerdo de paz que terminaría esta guerra, y no un mero acuerdo de cese al fuego, que con frecuencia no se sostiene.
Todo indica que el mensaje fue entendido.

