Jorge Alberto Montero Cruz, originario de San Miguel Soyaltepec, Oaxaca, y hablante de mazateco, participó en el marco de la convocatoria “Las lenguas toman la tribuna”. Dijo que las lenguas maternas no son reliquias del pasado, no son piezas de museo, son sistemas vivos, dinámicos y profundamente estructurados que contienen historia, filosofía, organización social y valores.
Cuando una lengua desaparece, no solo se pierden palabras, se pierde una forma única de nombrar la realidad, se pierde memoria colectiva, se pierde identidad, fustigó.
El estudiante del sexto semestre de la licenciatura en administración, del Instituto Tecnológico de Tuxtepec, dijo venir de una tierra donde las palabras no solo se dicen, se sienten, se heredan y se respetan.
Vengo de una comunidad en la que la lengua no es únicamente un medio de comunicación sino una forma de entender el mundo.
Durante mucho tiempo, las lenguas originarias fueron silenciadas
Aseveró que, a sus abuelos, se les prohibió hablarlas en la escuela. A sus padres se les hizo creer que debían dejar de enseñarlas para que sus hijos “tuvieran más oportunidades”, por lo que crecieron generaciones enteras con la idea de que hablar una lengua indígena era sinónimo de atraso. “Pero hoy estoy aquí para afirmar lo contrario”.
Aseguró que hablar mazateco no lo limita, lo fortalece. No le resta oportunidades, sino le da identidad. Mi lengua materna no compite con el español ni con la educación profesional, convive con ella. Soy estudiante de administración, estudio finanzas, planeación estratégica, economía y gestión organizacional, pero también llevo en mi pensamiento una cosmovisión que aprendí escuchando a mis mayores en mazateco.
Montero Cruz destacó que en su lengua el territorio no es una propiedad que se compra o se vende, es un espacio que se cuida; la comunidad no es un conjunto de individuos aislados, es una red de apoyo en la que todos importan. La naturaleza no es recurso explotable, es equilibrio y respeto. Esa manera de entender el mundo también es conocimiento, es sabiduría y es ciencia comunitaria.
Como jóvenes universitarios -enfatizó-, tenemos una responsabilidad histórica:
Somos la generación que puede decidir si nuestras lenguas continúan fortaleciéndose o si se reducen al silencio. Yo decidí no guardar silencio. Decidí hablar mazateco con orgullo. Decidí no avergonzarme de mi origen. Decidí demostrar que se puede estar en una institución de educación superior y seguir honrando nuestras raíces.
Destacó que el Instituto Tecnológico de Tuxtepec no solo forma profesionistas, también forma ciudadanos conscientes de su identidad cultural.


Aseguró que hablar mazateco no lo limita, lo fortalece. No le resta oportunidades, sino le da identidad. Mi lengua materna no compite con el español ni con la educación profesional, convive con ella. Soy estudiante de administración, estudio finanzas, planeación estratégica, economía y gestión organizacional, pero también llevo en mi pensamiento una cosmovisión que aprendí escuchando a mis mayores en mazateco.