julio 04, 2026

La gran paradoja de la muerte en México: ¿Por qué evadimos el último adiós?

La gran paradoja de la muerte en México: ¿Por qué evadimos el último adiós?

Fiesta en noviembre, pánico el resto del año: La contradicción cultural del mexicano ante la previsión funeraria

Ivette Sosa

México posee una de las contradicciones culturales más fascinantes y, a la vez, financieramente más dañinas del planeta. Cada noviembre, el país entero se tiñe de naranja con la flor de cempasúchil, las calles se inundan con el aroma del copal y la muerte se convierte en una invitada de honor a la que se le canta, se le baila y se le ofrendan calaveritas de azúcar.

Sin embargo, este idilio estético se desvanece por completo cuando se apagan las velas del altar. En la realidad cotidiana, cuando a un mexicano se le ofrece un servicio de previsión funeraria para planificar su propio deceso, la respuesta inmediata es la huida, el rechazo o el silencio.

Esta profunda desconexión entre la “fiesta” folclórica y la planeación real no es una simple casualidad; responde a entramados psicológicos, sesgos económicos y barreras culturales que el sector asegurador y de asistencia ha intentado descifrar por décadas.

El mito de la “burla”: Una máscara contra el miedo

El premio Nobel Octavio Paz lo desmitificó con precisión quirúrgica en su literatura: El mexicano frecuenta a la muerte, la burla, la acaricia y duerme con ella, pero en el fondo le tiene el mismo pánico ancestral que cualquier otro ser humano.

La fastuosa celebración del Día de Muertos es, en realidad, un homenaje colectivo a la memoria de los que ya se fueron, una forma de consuelo, pero bajo ninguna circunstancia representa una aceptación de la propia desaparición física.

A esto se le suma el arraigado pensamiento mágico del mexicano, una suerte de péndulo del destino donde opera la creencia inconsciente de que “atraes lo que nombras”.

En el imaginario popular, sentarse a cotizar un ataúd, un servicio de cremación o un terreno en el cementerio no se percibe como un acto de responsabilidad financiera, sino como una invocación de mala suerte o un llamado prematuro al más allá. Para la mayoría, es mejor evitar el tema para no salar la salud ni la fortuna.

El sesgo del “ahí luego vemos” y la cultura de la improvisación

Desde la perspectiva económica, el consumidor mexicano padece de una marcada procrastinación debido a su optimismo cultural y su enfoque en el presente, lo que choca de frente con cualquier estrategia de prevención a largo plazo.

Prioridades del día a día

En un entorno con altas tasas de economía informal, los ingresos disponibles se canalizan de forma prioritaria a las necesidades inmediatas o, en su defecto, a satisfactores de estatus y placeres de corto plazo, tales como vacaciones, autos o fiestas de quince años.

El desembolso en un plan funerario que no se va a usar hoy, suele catalogarse erróneamente como dinero desperdiciado.

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La red de la “coperacha”: Persiste una peligrosa confianza en la improvisación comunitaria

Existe la falsa premisa de que, al llegar la tragedia, la solidaridad de la familia, los vecinos o los compañeros de trabajo resolverá el problema económico mediante colectas de emergencia, trasladando el costo de la muerte a terceros en lugar de asumirlo con anticipación.

Desconfianza institucional y analfabetismo financiero

El rechazo también se alimenta de un tabú histórico hacia los productos de amortización. Durante finales del siglo pasado, el mercado de los seguros y las agencias funerarias en México atravesó por episodios de opacidad, letras chiquitas y empresas fantasma que terminaron por erosionar la confianza del consumidor.

El miedo a pagar una cuota mensual durante años para que, al momento del siniestro, la institución no cumpla con lo estipulado, sigue siendo un freno psicológico real. Por otra parte, la previsión funeraria sufre el doble de rechazo debido al bajo índice general de bancarización y cultura financiera en el país.

Si los mexicanos tradicionalmente se resisten a contratar seguros de vida, de cobertura médica o de automóviles, el esquema funerario —al estar ligado al recordatorio constante de la propia mortalidad—,  enfrenta la barrera de venta más alta del mercado.

El camino de la negociación: De la evasión a la compra

Vender previsión en México se convierte en todo un reto. Para los profesionales que se dedican a la comercialización de estas asistencias, la clave para que el cliente no escape consiste en erradicar por completo los discursos trágicos, solemnes o confrontativos.

La venta debe dar un giro de 180 grados a través de dos tácticas elementales: Vender amor y paz mental, no muerte: El argumento rector jamás debe ser usted se va a morir pronto, sino no les deje deudas, herencias malditas ni problemas legales a sus hijos, comentan expertos del ámbito funerario.

Debido a que el mexicano posee un arraigo profundamente proteccionista hacia su núcleo familiar, apelar al blindaje económico de los suyos es la llave maestra para abrir el diálogo. Aplicar la analogía del seguro de auto: A ningún conductor le agrada la idea de sufrir un accidente vial, pero se adquiere una póliza por mera responsabilidad.

A diferencia de un automóvil que tal vez nunca choque -señalan especislistas de la industria exequial-, el funeral es el único servicio en todo el mercado global que el ser humano tiene la certeza absoluta de que sí o sí va a utilizar.

Así que cotiza tu plan de previsión funeraria y congela los precios del mañana. Transforma el tabú en tranquilidad: Descubre lo fácil que es diseñar un plan de asistencia a tu medida. Escribe a saladeprensa@aol.com

Imágenes: Pixabay

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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