septiembre 23, 2026

Diversificarse o quedar vulnerables: El modelo canadiense para blindar la economía mexicana

Diversificarse o quedar vulnerables: El modelo canadiense para blindar la economía mexicana

La experiencia en Toronto demuestra que buscar nuevos socios globales no rompe la integración con EE. UU., sino que fortalece el margen de negociación y el desarrollo nacional.

Bernardo Méndez Lugo*

Canadá realizó su primera Cumbre Nacional de Inversión en el Four Seasons Hotel, en el centro de Toronto. Las actividades comenzaron con una recepción de bienvenida la noche del domingo 13 de septiembre.

La cumbre, que se celebró los días 14 y 15 de septiembre, fue convocada por el Gobierno canadiense en alianza con grandes fondos de inversión, como CPP Investments y PSP Investments, buscó atraer capital global hacia sectores estratégicos como la inteligencia artificial, los minerales críticos y las energías limpias.

La iniciativa, ofreció a México una lección urgente

La diversificación económica no es una opción secundaria ni una respuesta coyuntural a las presiones comerciales. Es indispensable para fortalecer la autonomía, proteger el crecimiento y ampliar la capacidad de decisión frente a cualquier socio externo.

México no puede permitir que la concentración de sus exportaciones en un solo mercado limite permanentemente su política económica y exterior. La integración con Estados Unidos ha generado producción, empleo, inversión y cadenas de suministro de enorme importancia.

Sin embargo, también puede convertirse en una vulnerabilidad cuando cambios arancelarios, regulatorios o políticos en Washington, afectan rápidamente a la economía mexicana.

La autonomía no significa romper con Estados Unidos ni abandonar la integración productiva de Norteamérica. Significa evitar que una sola relación determine los límites de nuestro desarrollo. Un país demasiado dependiente de un mercado tiene menos margen para negociar, resistir presiones externas y responder a cambios internacionales.

Pixabay

EU concentra cuatro quintas partes de las exportaciones mexicanas de bienes

Esta proporción revela una dependencia que debe atenderse con seriedad. Según las estadísticas de comercio de bienes de la Secretaría de Economía y del INEGI, la participación estadounidense se ubicó alrededor de 80% en años recientes.

Las cifras de la Oficina del Censo de Estados Unidos pueden diferir por sus criterios de registro, valoración, cobertura temporal, clasificación de mercancías y tratamiento de reexportaciones.

Por ello, cualquier análisis responsable debe aplicar una fórmula uniforme: dividir el valor de las exportaciones mexicanas de bienes destinadas a Estados Unidos entre el valor total de las exportaciones mexicanas de bienes durante el mismo año. También es necesario distinguir entre comercio de bienes y comercio de bienes y servicios, así como entre datos anuales y acumulados.

Estas diferencias metodológicas no modifican el diagnóstico central:

México depende demasiado de un solo mercado. Esa concentración expone a empresas, trabajadores, regiones y finanzas públicas a decisiones tomadas fuera del país.

La respuesta no consiste en sustituir una dependencia por otra, sino en construir una red más amplia de socios, inversiones, tecnologías, capacidades productivas y destinos comerciales.

La primera acción debe ser convocar una Cumbre Global de Inversión para México

Tomando como referencia la iniciativa canadiense. No debería ser una reunión protocolaria, sino una estrategia nacional para presentar proyectos concretos y viables en infraestructura, energía, logística, tecnología, semiconductores, agroindustria, industria farmacéutica, generación eléctrica, inteligencia artificial y minerales estratégicos.

El objetivo no puede limitarse a atraer capital extranjero. La inversión debe fortalecer la base productiva nacional mediante proveedores mexicanos, transferencia tecnológica, capacitación laboral, investigación aplicada y empleos de mayor productividad. De lo contrario, México recibiría capital sin desarrollar capacidades propias y mantendría una economía dependiente de decisiones externas.

La segunda acción consiste en aplicar una política activa de apertura y consolidación de nuevos mercados.

Europa, Asia, América Latina, India, Japón, Corea del Sur y el Sudeste Asiático, deben convertirse en destinos permanentes de las exportaciones mexicanas, no en alternativas ocasionales frente a conflictos con Estados Unidos.

Diversificar los mercados reduciría la exposición a las decisiones de un solo socio y ofrecería a las empresas mexicanas más oportunidades para crecer, innovar y competir. También impulsaría mejoras en calidad, productividad, logística y capacidad de adaptación. La diversificación comercial, por tanto, no solo disminuye riesgos: también puede elevar la competitividad interna.

La tercera acción es convertir esta estrategia en una política de Estado:

Ninguna cumbre ni apertura comercial producirá resultados duraderos sin coordinación entre gobierno, empresas, universidades y organismos financieros. El plan debe incluir infraestructura moderna, capacitación especializada, innovación, financiamiento para pequeñas y medianas empresas y mecanismos para integrar a más proveedores nacionales en las cadenas globales de valor.

Foto: melissamahon

Tener una dimensión regional

La diversificación no puede concentrarse en unos cuantos estados o corredores industriales. Es necesario incorporar regiones con potencial agroindustrial, energético, minero, turístico, tecnológico y logístico. Así, la apertura internacional podrá traducirse en un desarrollo más equilibrado y en mayores oportunidades para las comunidades locales.

Las tres acciones están vinculadas:

La cumbre debe atraer inversión; los nuevos mercados, generar demanda; y la política de Estado, proporcionar infraestructura, talento, tecnología y financiamiento. Si falta una de estas piezas, la estrategia quedará incompleta.

La experiencia canadiense demuestra que diversificar no significa aislarse. Canadá busca reducir su vulnerabilidad sin renunciar a su relación con Estados Unidos. México debe hacer lo mismo, pero con mayor urgencia, porque su concentración exportadora es aún más profunda y su economía está expuesta a decisiones externas que pueden modificar rápidamente las condiciones de comercio y producción.

La autonomía económica no se alcanza con discursos de autosuficiencia ni mediante el repliegue internacional. Se construye con capacidades concretas: Más mercados, inversión, tecnología, infraestructura, empresas competitivas y opciones de negociación.

México debe mantener una relación estrecha con Estados Unidos, pero no puede depender casi exclusivamente de ella. La diversificación es indispensable porque transforma la dependencia en interdependencia, amplía el margen de maniobra nacional y permite definir el futuro con mayor libertad.

Canadá está comenzando a actuar. México debe hacerlo también, no cuando una nueva crisis lo obligue, sino ahora, como una decisión estratégica para defender su autonomía y asegurar un desarrollo más sólido, equilibrado y soberano.

*Academico fundador de UAM-Xochimilco CDMX.
*Diplomático de carrera en retiro.    
*MPhil IDS, University of Sussex 
*Actualmente, director de fundación promigrante America sin Muros en CDMX.
*Imágenes: Pixabay

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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