El dinero físico seguirá vigente en comercios cotidianos y operará como respaldo ante fallas de red.
Bernardo Méndez Lugo*
La entrada en vigor de la Ley de Economía Digital para Pagos Digitales y Electrónicos ha desatado una ola de desinformación sobre la supuesta muerte del dinero físico en México. Frente al ruido alarmista, conviene poner los hechos sobre la mesa.
La reforma no abole los billetes ni las monedas, sino que traza una ruta gradual y focalizada para modernizar la infraestructura financiera del país y blindar las transacciones de alto flujo.
El corazón de la norma faculta a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) para migrar sectores estratégicos hacia esquemas exclusivamente electrónicos, iniciando por casetas de peaje y gasolineras. A esto se suma la obligación de los tres órdenes de gobierno de habilitar cobros digitales en todos sus trámites.
En paralelo, el Banco de México (Banxico) consolida el ecosistema de pagos inmediatos mediante plataformas como SPEI, CoDi y DiMo, apostando por la estandarización de códigos QR y la eliminación de comisiones abusivas.
Uno de los mayores aciertos de la legislación es la validación oficial de la CURP Digital y el Expediente Digital Ciudadano. Al convertir estas herramientas en llaves de identidad financiera, se derriban muros burocráticos que históricamente marginaron a millones de mexicanos del sistema bancario formal por falta de documentos físicos o lejanía geográfica.
Desde el punto de vista macroeconómico, los dividendos son claros:
- Combate a la informalidad.- La trazabilidad del dinero reduce los espacios para la evasión fiscal y las operaciones ilícitas.
- Eficiencia operativa.- Disminuyen drásticamente los costos logísticos de traslado, custodia y manejo de efectivo.
- Seguridad ciudadana.- Tanto consumidores como comercios reducen su exposición al robo o extravío de recursos.

El éxito de una ley no se decreta en el Diario Oficial; se construye en el territorio
México arrastra una profunda brecha digital, zonas rurales sin conectividad estable y un rezago considerable en bancarización adulta. Por ello, resulta indispensable que la norma mantenga sus válvulas de escape:
El efectivo conservará su pleno poder liberatorio en el comercio cotidiano y funcionará como respaldo obligatorio en sectores digitalizados ante caídas del sistema o fallas eléctricas.
La Ley de Economía Digital es un paso necesario hacia la transparencia y la competitividad. No obstante, su consolidación dependerá de que el despliegue tecnológico avance al mismo ritmo que la infraestructura de telecomunicaciones y la educación financiera.
Modernizar el país es urgente, pero hacerlo sin dejar a nadie atrás, es un imperativo ético y económico.


