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El sabotaje de los gasoductos Nord Stream 1 y 2, en el mar Báltico, es una escalada en la guerra no declarada entre Estados Unidos y sus satrapías de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la Federación Rusa, una señal de la desesperación de las élites angloamericanas con el ya obvio desplome del orden de poder unipolar que tanto se empeñaron en construir y, nada menos que la virtual declaración de guerra, tanto a Rusia como a Alemania, en su papel de locomotora económica de la Unión Europea (UE). Con ese acto, los estrategas angloamericanos hacen imposible cualquier posibilidad de entendimiento entre Moscú y Berlín, para reiniciar, por lo menos parcialmente, los envíos de gas natural a Alemania, en la cual los sectores de la amenazada industria y la población en general han comenzado a presionar al gobierno del canciller Olaf Scholz. De acuerdo con algunas fuentes, las conversaciones reservadas entre los dos gobiernos que habían ocurrido con tal finalidad, ahora, ante el sabotaje, resultan inocuas. El Nord Stream 2, en particular, se había convertido en una piedra en el zapato de Washington
En febrero, semanas antes del inicio de la operación militar rusa en Ucrania, el presidente Joe Biden no se amedrentó ni siquiera frente al canciller Scholz para lanzar amenazas durante una conferencia de prensa conjunta en la Casa Blanca:
Si Rusia invade, lo que significa que los tanques o las tropas cruzan la frontera de Ucrania, entonces ya no habrá un Nord Strem 2. Acabaremos con él… Prometo que seremos capaces de hacerlo. (Reuters, 07/02/2022), afirmó un arrogante Biden.
Scholz, que mantiene en la coalición de gobierno a dos implacables enemigos del gasoducto, la ministra de Relaciones Exteriores, Annalena Baergbock, y el ministro de Economía y Protección Climática y vicecanciller, Robert Habeck, ambos del partido Verde, no dijo ni pio ante una declaración tan soberbia y provocadora. Luego del sabotaje
Ocurrido en cuatro puntos de las dos líneas del gasoducto cercano a la isla danesa de Borholm, el 26 de septiembre, la clásica pregunta, ¿Quién se beneficia del crimen? Tiene una respuesta casi evidente.
El primero de octubre, ante periodistas en Washington, el secretario de Estado Antony Blinken se jactó de la tremenda oportunidad de remover de una vez por todas la dependencia de la energía rusa y, así, retirar de (el presidente ruso) Vladímir Putin el uso de la energía como un arma para promover sus designios imperiales. (RT, 01/10/2022).
Ahora, resaltó Blinken, Estados Unidos son “los principales abastecedores (de gas natural licuado-GNL) de Europa.” Además, dijo, Estados Unidos están trabajando con los líderes europeos para encontrar medios para “reducir la demanda” energética y “acelerar la transición a (energías) renovables.” Reducir la demanda energética y acelerar la transición a las ineficientes y costosas fuentes renovables son los pretextos parar justificar el hecho notorio de que Estados Unidos es incapaz de atender las necesidades europeas con su GNL, tanto por limitaciones de producción como de infraestructura adecuada de los países a los que está destinado, por no mencionar de los precios que son bastante superiores a los del gas ruso que anteriormente se entregaba de acuerdo con contratos a largo plazo.
Pero lo que cuenta para los estrategas de Washington
Es mantener a Europa sumisa y en el camino de la desindustrialización, empezando con su locomotora productiva alemana. Los indicios indican, no obstante, que la operación contra los gasoductos tiene un cómplice directamente interesado, Polonia, manejada por el núcleo angloamericano como un ariete secundario contra Rusia y contra la misma Alemania, papel que recuerda el que jugó Varsovia en el periodo anterior a la Segunda guerra mundial, en el sabotaje de la coalición propuesta por la Unión soviética contra los planes abiertamente belicistas de la Alemania nazi de Adolfo Hitler. En mayo, en una reunión del Foro Económico Mundial (WEF), el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, le pidió a Alemania el cierre unilateral del Nord Stream 1, que opera desde 2010. En una curiosa coincidencia, el sabotaje ocurrió el mismo día que Polonia y Dinamarca inauguraron el gasoducto del Báltico, que trae gas natural de Noruega a los dos países. Al día siguiente, el eurodiputado y exministro de la Defensa y de Relaciones Exteriores, Radoslav Sikorski, envió un provocador y sugestivo comentario en cuenta de Twitter: “¡Gracias, EUA!” Sikorski, ciudadano británico y miembro del ultra exclusivo Bullingdon Club, uno de los más selectos clubes de las élites del Reino Unidos, es un notorio “rusófobo” y “germanófobo,” al igual que su esposa estadounidense, la periodista Anne Applebaum, una rabiosa miembro de los círculos neoconservadores que promueven la hegemonía de Washington a toda costa. Es significativo que la invitación para unirse al Club la haya hecho el mismo ahora excanciller británico Boris Jonhson, quien, cuando estuvo en el cargo, fue uno de los más activos promotores del antagonismo contra Rusia respecto a Ucrania. En su blog Dances with Bears (30/09/2022), el periodista australiano John Helmer, quien vive en Moscú desde 1989 y que tiene relación con los servicios de información rusos, no titubeó al señalar con el dedo a los perpetradores del ataque:
La operación militar del lunes… fue ejecutada por la Marina y por las fuerzas especiales polacas. Fue apoyada por militares daneses y suecos, planeada y coordinada con el espionaje y el apoyo técnico de Estados Unidos y aprobada por el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki.
La posible participación polaca, cuya base de operaciones de sus buzos de combate queda a tan sólo 100 kilómetros de la zona donde ocurrieron las explosiones que dañaron los gasoductos, ya había sido anticipada por el bloguero Moon of Alabama, un exoficial de los servicios secretos militares alemanes. Para agregar el insulto a la injuria, el gobierno polaco envió una nota oficial a Berlín en la que pedía reparaciones de casi un billón de dólares por los daños causados por la invasión alemana durante la Segunda guerra mundial, tema de la nota siguiente.
Foto: Alex538
El sabotaje de los gasoductos es un acto de guerra contra Rusia y Alemania

