Bolivar Hrnandez*
Esta es la historia de un niño que vino al mundo a cumplir las expectativas de su padre. Su progenitor es el famoso doctor Luis Santamaría y su deseo es que su hijo único Eloy, siga sus pasos y herede el consultorio.
Eloy, desde chiquillo, fue un ser muy simpático, lleno de gracias, imitaba voces y actitudes de sus familiares; tenía madera de actor y le fascinaba actuar en las fiestas de la familia.
Fue un niño muy delegado, y creció mucho en comparación con otros niños de su edad. Su rasgo característico era su cabello rojo, igual que al de su madre.
Alto, flaco, y pies grandes, lo hacían un ser especial, aparte su melena pelirroja deslumbraba a todos.
Eloy disfrutó siempre estar con amigos
Él era chistosito, gracioso, el que hacía reír sin contar chistes. Tenía la gracia de un mimo.
Obviamente estudió medicina para complacer a su padre, pero no pudo entrar a la UNAM como exigía don Luis, porque su bajo promedio escolar de la preparatoria no alcanzaba el ocho.
Eloy estudió Medicina en la Universidad Anáhuac, esa institución que fue tan famosa porque su fundador, el padre Marcial Maciel, fue un pederesta reconocido mundialmente.
La formación de médicos en la Anáhuac era de excelencia y ahí, Eloy destacó por su alto rendimiento escolar y su espíritu de colaboración con sus compañeros, a quienes hacía reír todo el tiempo.
Eloy se gradúa como médico con honores. Y de inmediato entregó el título de médico y cirujano a su señor padre. Y le dijo a don Luis: Padre, misión cumplida.
Y le planteó a su progenitor su proyecto de realizar estudios en el extranjero, particularmente en la bella ciudad de Barcelona. Le insistió en el hecho de que en esa urbe española, existía la maestría que él deseaba cursar.
El padre, a regañadientes, aceptó ayudar a su hijo en su deseo. Ya que había cumplido entregando el título de médico como el buen hijo que era, cumplido y amoroso con todas las personas.
Eloy partió jubiloso a España, estaría fuera de México por un año y medio y luego vería que hacer con su existencia.
Transcurrió velozmente su estancia en Barcelona
Logró realizar su sueños allá. Hizo muchos amigos en su escuela, y resultó que todos sus compañeros, hombres y mujeres, eran igual de chistosos que él.
Sus clases en la escuela eran divertidas y muy amenas. Los profesores eran muy famosos en toda Europa.
Eloy se graduó con altas calificaciones, y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. Satisfecho, muy satisfecho.
Volvió a México y su padre lo recibió con una gran reunión familiar y con amigos , para recibir a Eloy.
Durante la extraordinaria y elegante cena, el doctor Luis Santamaría no cabía en si de tanta emoción y orgullo por su vástago Eloy Santamaría.
Primero un brindis, y luego que Eloy muestre su título de la maestría española, dijo su padre.
El orgulloso Eloy mostró su título a toda la concurrencia y despertó curiosidad y asombro. Nadie entendía el significado del título.
El título decía lo siguiente: Este certificado avala los méritos suficientes del señor Eloy Santamaría, para ejercer como CLOWN.
Cuando el doctor Luis Santamaría averiguó que era eso de CLOWN, tuvo un desmayo leve, le bajó la presión arterial.
Y sólo alcanzó a balbucear lo siguiente: ¡Cómo que mi hijo se fue a estudiar al extranjero para regresar como un PAYASO!
La cena continuó con algarabía y buen humor, pero el doctor Luis Santamaría se retiró a su habitación un poco indispuesto.

