Bolivar Hernandez*
Esta pregunta me la han hecho a lo largo de los últimos años con insistencia, mis familiares y amigos cercanos. El fondo de la cuestión tiene relación con el estereotipo de un hombre mayor, sobre lo que se espera que haga y lo que no debe hacer.
Y resulta que desde niño nunca hice lo que correspondía a mi edad cronológica.
Fui, y sigo siendo un ser excéntrico, extravagante, rebelde con causa. Tuve una infancia sin juegos infantiles, nunca jugué con mis hermanitos, prefería leer o caminar solo por la ciudad; también aprendí a jugar ajedrez y no con autos o con figuras de súper héroes.
De adolescente fui a pocas fiestas o a bailes, porque me sumergía en la biblioteca de mi padre, magnífica biblioteca, por cierto, a leer con entusiasmo y dedicación.
En la universidad
Mis compañeros de estudios vivían en la fiesta permanente, alcohol y mariguana, y yo, estudiando en la biblioteca de la escuela. Era un estudiante pobre, y con el propósito de prepararme a conciencia en la ciencia que elegí.
Las distracciones eran prohibitivas para mi escaso ingreso monetario de aquella época. Tenía varias obsesiones entonces: Una, era ahorrar dinero para el futuro, y la otra era trabajar como un enajenado.
Vengo de la cultura del esfuerzo. Sin esperar jamás una herencia o que la fortuna me cayera del cielo.
Sin embargo, una de mis esposas era una mujer millonaria y yo no lo sabía cuando éramos novios. Con esa esposa tuve que trabajar arduamente para mantener una familia numerosa. No toqué un solo peso de su fortuna.
Mis amigos me reprochan aún el porqué me divorcié de ella, si ahí tenía mi futuro asegurado.
No me interesan ni el dinero, ni la fama, ni el poder, mi camino es otro, es el del saber.
Pero, ¿a quién se le ocurre ser sabio en estos tiempos ? Solo a mi
Como desde muy joven elegí una manera de vivir sanamente, sin vicios, y comiendo con una buena nutrición y haciendo ejercicio físico, pues he podido llegar, con buenas condiciones físicas e intelectuales, hasta los 78 años.
Mis contemporáneos están viviendo un retiro apacible, con una actitud pasiva, se sientan en la mecedora para ver pasar la vida y esperar la muerte.
Yo soy todo lo contrario, sigo de vagabundo por el mundo, viajo a descubrir nuevas geografías , y también para conocer nuevas amistades, jóvenes sobre todo.
Mantengo la curiosidad del niño aquel, por conocer todo el mundo y los mares. Lo hago en lo real y en lo virtual , y aprendo todos los días. ¡Camino mucho!
*La vaca filósofa.

