Bolivar Hernandez*
Esta es la historia verídica de una pareja que se compaginaban en casi todo. Las cosas que los unían bastante eran: el alcohol, las comidas exóticas de diversos países, el baile y los viajes por el mundo. Ambos eran médicos especialistas en nutrición humana. Y pregonaban por todos lados lo que ellos denominaron: Nutrición Afectiva; Nutrir con Amor.
Lucy era delgaducha, de baja estatura, muy cuidada en su arreglo personal. Y Marco Antonio era rechonchito, chaparro, y gustaba vestir como gringo con ropa americana, camisas hawaianas horrendas y short cuando estaba en casa.
Sus rutinas caseras eran elementales
Leer la prensa nacional, ver noticias en la tele, y comer sano, excepto a la hora del brindis diario: Era comer bocadillos y comida chatarra para acompañar los tragos.
Ella, solo vodka con jugo de toronja, y él con un gusto universal bebía alcohol de cualquier clase. No faltaban las aceitunas rellenas de pimiento o de anchoas. Esto era lo de todos los días.
Los viajes al extranjero eran más frecuentes para ella que para el
Y era cuando él aprovechaba e invitaba a sus amigas a beber en el hogar conyugal. Pero Lucy, como cualquier mujer, se las olía, literalmente, todo lo que ocurría en su casa en su ausencia. La casa era de ella, y él era el huésped permanente.
Ella era viuda porque el marido se mató en su auto, borracho. Y él era divorciado porque su esposa lo engañaba repetidamente, inclusive en su propio hogar. Y finalmente decidió abandonar a la infiel, por insistencia de sus hijos mayores.
Ambos tenían poderosas razones, pretextos, excusas, para beber de esa manera. Eso si, no perdían la compostura jamás, por muy bebidos que estuvieran.
Marco Antonio empezó a tener compulsión por buscar relaciones extramaritales, no se le iba ni una viva, solía decir él muy ufano. Y siempre Lucy se las olía porque era muy perspicaz. Y muy celosa, enfermiza.
Marco Antonio, aparte de ser infiel, lo confesó ante sus amigos que sólo le gustaban chicas de 30 años cuando mucho. Y él tenía 60.
A los 12 años de aburrido matrimonio
Según contaba él, dispuso buscar a una chica muy joven que fue su asistente en su consultorio, y la encontró por internet. La chica, ahora no tan jovencita como entonces, le entró al juego de la seducción, ya que habían tenido en el pasado una aventura. Y se gustaban mucho.
Ella vivía en Europa y empezó la correspondencia cotidiana en secreto. Lucy no se las olía aún.
Marco Antonio dispuso que ya era hora de ir en busca de la chica de sus sueños a Europa. Y tuvo que inventar una tremenda historia para que Lucy lo dejara ir solo, ya que solían viajar juntos por convicción.
Marco Antonio viajó emocionado por ese encuentro con la chica aquella que fue su asistente. Quedaron de encontrarse en la Estación del ferrocarril de Atocha, en Madrid. Fijaron día, hora y dijeron cómo irían vestidos ese día, ya que habían pasado más de 20 años sin verse. Y la gente común cambia mucho.
Llegó el día y la hora señalada
Él arribó antes y se instaló en el andén a esperar a la chica aquella. Vio salir del tren a cientos de personas y no la vio. Cuando el andén se vació, solo quedaba una mujer envejecida, y le sonrió a él, ella si se acordaba perfectamente; pero él no.
La desilusión fue total, no era lo que él recordaba. Pero tuvo que llevarla al hotel donde había reservado una habitación. Y a cumplir con su obligación amorosa sin ganas. Fue un desastre aquello, lejos de las expectativas de ambos.
Y Marco Antonio volvió a casa. Y se le ocurrió la brillante idea de escribirle a aquella chica, ya no tan chica, que tuvo que inventar una historia para que su marido se quedara a cuidar a sus niños y poder dormir fuera de casa una noche. Tenía que dar las gracias.
Escribió: Querida mía, te mando estas cariñosas palabras en señal de agradecimiento y para reconocer tu esfuerzo para volvernos a encontrar y pasar una noche de pasión; una noche como nunca había experimentado en mí gastada relación matrimonial. Fue maravilloso volver a verte, y deseo que esto se repita pronto. Te ama por siempre. Marco Antonio.
¡Todo perfecto!, según Marco Antonio, ya que él cumplió como un galán y ofreció su afecto sincero a su antigua asistente.
El detalle penoso fue que ese e-mail en lugar de enviarlo a la chica aquella de la noche pasional, lo envió al correo electrónico de Lucy.
Un acto fallido, diría Freud, o un acto logrado, diría Lacan.
A la mañana siguiente
Marco Antonio encontró, al volver del trabajo, 25 bolsas negras de plástico con todas sus pertenencias en él estacionamiento de su edificio.
A partir de ese día Marco Antonio se tiró a beber alcohol en serio para olvidar su error tan lamentable. Ahora toma alcohol sin aceitunas rellenas de pimiento o anchoas.
*La Vaca Filósofa

