Bolivar Hernandez*
Celebro 78 años de edad en plena armonía física, espiritual e intelectual. Ayer hice un plan en mi mente para cumplirlo hoy, y resulta que nada de ese plan o propósito lo he podido cumplir.
La razón es simple, la vida me tiene reservada otras cosas lindas…
Anoche me llamó mi amiga y colega argentina Patricia Celis, para invitarme a desayunar en El Casino Español, un restaurante de abolengo en el Centro Histórico de la Ciudad de México, y me hizo sentir un ser especial por tan magnifica invitación. La comida es gourmet.
Salgo de ahí muy emocionado y me dirijo de nueva al zócalo capitalino y recorro la Feria de los pueblos indígenas y de los barrios tradicionales de la capital. Camino lentamente por los pasillos de la feria, y empieza a sonar la alarma de mi teléfono celular, y eran llamadas del exterior.
Primero, una llamada de Francia
De mi sobrina Isabel, psicóloga clínica, y luego, de inmediato entra la llamada de mi amiga michoacana, Silvia Huanosto, que también me llena de alegría escuchar su voz.
Paso a visitar a mis amigos del alma, Yadira y Héctor López, en su negocio de materiales de arte, siempre los busco y conversamos sabrosamente, y quedamos en desayunar mañana. ¿En dónde creen?, en el Casino Español.
Salgo de su negocio de Pino Suárez y camino hacia la calle de Regina, y me encuentro, de manera fortuita, a mi amigo y colega guatemalteco, el doctor Carlos Ordoñez. Conversamos de la vida y de nuestros proyectos académicos.
Y de pronto me habla mi hija, La Tata. Esa chica aventurera igual que su padre, y desea comer conmigo en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Esa hija que hizo un viaje en bicicleta de México a la Argentina y que por ello sufrí los dos años de la travesía, iba solo con mi nieto de 12 años, y volvió sana y salva.
Yo respiro con tranquilidad ahora en espera de conocer sus nuevos planes de recorrer el mundo en bicicleta. La admiro enormemente, y eso que soy ciclista que se conforma con pedalear 10 kilómetros diarios en la finca donde vivo.
*La Vaca Filósofa

