julio 17, 2026

Crónica de un viaje anunciado: ¡Hasta pronto pasajeros de Aeroméxico, no sé como aguantan esa pésima aerolínea!

Crónica de un viaje anunciado: ¡Hasta pronto pasajeros de Aeroméxico, no sé como aguantan esa pésima aerolínea!

 

Bolivar Hernandez*
Anuncié a mis amigos que volaría rumbo a la finca donde vivo, finca llamada Guatemala. Después de un mes en la bella Ciudad de México-Tenochtitlán, para disfrutar a mis hijos y nietos dispersos por el mundo, que en esta oportunidad se reunieron en torno a su padre.
Cumplido el propósito de abrazar y charlar con todos mis hijos, y constatar que están sanos y llenos de proyectos de vida, decidí volver a la finca de inmediato.
Este sábado 24 de julio
Salí de madrugada hacia el aeropuerto de la Ciudad de México, a la Terminal 2, y cumplir con el absurdo ritual de los turistas tan lleno de trámites engorrosos.
Pedí una silla de ruedas, como siempre, para evitar caminar un kilómetro por largos pasillos hasta el punto de abordaje de la aeronave.
Pasé por la aduana, donde me tuve que despojar del cinturón , zapatos, monedas, llaves y todo objeto metido en mis bolsillos.
Y luego tuve que padecer un manoseo físico por todo el cuerpo, no fuera ser que escondiera una metralleta, un rifle de asalto, o un torpedo entre las axilas o la entrepierna, son absurdos los registros corporales.
Pasaron mis maletas por el aparato detector de metales y de sustancias prohibidas, con visión de Rayos X. Nunca llevo algo absolutamente ilícito.
Pero el vista aduanal se percató que traía una botella de tequila envuelta entre mucho papel periódico. Era un regalo para un amigo. Y de inmediato la decomisó y sin una pizca de vergüenza se la embolsó delante de mis ojos. Muerto de la risa. ¡Cínico!
Hice el berrinche de la vida, y protesté sin éxito.
El chico que me asignó la aerolínea me llevó a una sala desierta y equivocada, y me dejó ahí abandonado a mi suerte, mientras él iba a cumplir otros encargos.
La aerolínea nos dio el número de una sala equivocada, y distante de todo.
Al punto de la hora del abordaje
El chico me llevó a toda velocidad hasta la sala indicada y lejana. En esos trances ocurre que los deseos de orinar se hagan insoportables. Estoicamente me aguanté.
A punto del abordaje resultó que no había tripulación, insólito asunto. De emergencia se buscó quienes podrían tripular la aeronave. Y de pronto, aparecen unos pilotos y unas sobrecargos que, corriendo, llegaron hasta el avión. Todos sudorosos y nerviosos por la demora .
En cuanto quisimos abordar, primero los pasajeros en sillas de ruedas, yo entre ellos, se dan cuenta los empleados de Aeroméxico que la manga que conecta el pasillo con la nave, está desbalanceada, como un metro de altura por debajo de la puerta del avión. Nadie podría ingresar sin saltar con todas sus fuerzas.
Y tuvimos que esperar una media hora para corregir la falla. Y las ganas de orinar de todos era insoportable ya.
Por fin, nos introducimos a la aeronave y nos sentamos aburridos y hartos por la demora. Sin embargo, el avión no despega por de exceso de tráfico aéreo, y otra media hora aparcados en la cabecera de la pista 23 izquierda.
Nadie ofrece disculpas.
Por fin despegamos y el viaje transcurre en medio de violenta turbulencia. Y todos agarrados con fuerza de los descansabrazos de los asientos, brinco y brinco.
Llegamos por fin a la finca llamada Guatemala y respiramos profundamente.
El personal de salud del aeropuerto exige la prueba PCR para demostrar no estar contagiados de COVID-19. Y se hace una fila interminable que avanza con lentitud.
Yo tengo ya dos dosis de la AstraZeneca y pasé con facilidad.
Llegó a mi casa en mi finca y digo: ¿Esto fue un sueño o realidad?
¡No lo sé, dudo de todo!
¡Hasta pronto pasajeros de Aeroméxico, no sé como aguantan esa pésima aerolínea!
*La Vaca Filósofa
Foto para ilustrar: juno1412 

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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