Bolivar Hernandez*
Los mexicanos hacemos del Dia de Muertos una fiesta pagana, asunto que sorprende a muchos extranjeros y les despierta mucha curiosidad.
Esta historia que voy a relatar ahora ocurrió hace ya 31 años y sucedió en Santiago, Chile.
En el año 1990
México reabrió su embajada diplomática en la capital chilena, después de romper relaciones con el gobierno del general Augusto Pinochet Ugarte; mientras tanto Venezuela fue el país encargado de los asuntos mexicanos en Chile durante 17 años.
Reanudamos relaciones con el pueblo hermano de Chile, y estrechamos los lazos culturales entres ambas naciones desde entonces.
Cuando gana el No, en Chile, y se retorna a la democracia después de sufrir muchos años la dictadura militar, México abre las puertas de su legación diplomática.
En aquellos años, la colonia de mexicanos residentes en aquel país no superaban los tres mil paisanos; la mayoría de ellos vivían en el Sur y desarrollaban actividades agropecuarias.,
Junto al excelentísimo señor embajador mexicano Don Horacio Flores de la Peña, diseñamos una estrategia cultural para mostrar nuestra riqueza e idiosincrasia nacional. En esa época estaban retornando a su país los denominados Chilmex, refugiados en México durante la dictadura militar en su país natal.
Aquellos retornados chilenos que volvían ansiosos a su patria, venían con parejas mexicanas e hijos nacidos en México. La colonia de mexicanos aumentó sustancialmente su número.
En ese entonces existía una organización denominada Mexicanos residentes en Chile, cuyas actividades eran casi imperceptibles .
Nuestro embajador convocó a unas elecciones entre los paisanos mexicanos para elegir una nueva mesa directiva.
Con el apoyo decisivo de los chilenos retornados de México, alcancé el triunfo como futuro presidente de dicha organización de mexicanos en Chile.
El embajador y el agregado cultural se pusieron a mis órdenes para impulsar las actividades de La Casa México, ubicada en el Cerro de Santa Cecilia, en Santiago.
Puse manos a la obra e inicié una serie de actividades culturales, entre ellas, ese año de 1990, la celebración de El Grito de Independencia, el 15 de septiembre, y la Fiesta de los Muertos, el 2 de noviembre.
El Grito fue una ceremonia muy emotiva ante la ya numerosa colonia mexicana. Para ello, me designó el embajador para portar la enseña nacional y agitarla con vehemencia ante nuestros paisanos, en tanto él hacia las arengas correspondientes.
La Fiesta de los muertos
En mi calidad de periodista, elaboré una campaña de promoción de nuestra fiesta de los muertos para ser divulgada en prensa, radio y televisión. Fui entrevistado por la radio y televisión locales previamente al 2 de noviembre. Y la prensa realizó varios reportajes también.
Encargué a la Secretaría de Relaciones Exteriores, en México, la dotación de artículos relativos a esa festividad.
Mi petición incluía varias catrinas gigantes de cartón, varios cientos de hojas de papel de china con motivos mortuorios, para decorar la Casa México.
La embajada consiguió una dotación importante de flores amarillas, similares a nuestro cempasúchil para que, con sus pétalos, hiciéramos un camino de un kilómetro hasta la Casa México, donde elaboramos un altar de muertos con frutas, comida, bebidas , fotografías de difuntos, etcétera.
La curiosidad que despertamos en la sociedad chilena fue espectacular
Asistieron varios miles a observar el altar de muertos en la Casa México. Estuvieron cubriendo esta fiesta mexicana de muertos, todos los medios de comunicación masiva chilenos.
Guardo en mi memoria con alegría aquellos momentos vividos como presidente de la Asociación de Mexicanos residentes en Chile. Dejamos una huella indeleble en nuestros paisanos sobre nuestro nacionalismo tan arraigado.
Esta tradición mexicana la seguimos con mi familia en nuestros hogares tanto en México, como en Guatemala y en Europa, donde viven mis hijas.
De la muerte nos reímos, y le pelamos los dientes a la calaca
¡Hasta pronto mexicanos que celebran a sus difuntos con estas ceremonias paganas!, ¡Somo únicos!
*La Vaca Filósofa

