Mario Lettieri y Paolo Raimondi, desde Roma*
Con el ingreso al BRICS de otros seis países (Argentina, Egipto, Etiopía, Irán, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita), el grupo pasará a representar más del 45% de la población mundial, con 3700 millones de habitantes. En comparación, el G-7 (EUA, Alemania, Canadá, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) representan apenas el 10% con 775 millones.
En 2022, el nuevo agregado de 11 países registró un Producto Interno Bruto (PIB) de 29.734 billones de dólares. El valor es inferior a los 43.700 billones del G-7, quien, sin embargo, ya perdió en las exportaciones de alta tecnología.
De acuerdo con datos del Banco Mundial, los BRICS+ tienen una clara ventaja, con más de 990 mil millones de dólares en exportaciones en comparación con 755 mil millones en los países del G-7.
No obstante, los datos cambian si el PIB fuera calculado en términos de Paridad de Poder de Compra (PPC). De esta forma, los cinco países BRICS originales ya tienen un PIB superior al del G-7, pero, a pesar de esto, detentan solamente 15% del poder de voto en el Fondo Monetario Internacional (FMI), lo cual es observado como una gran injusticia por todo el llamado “Sur Global”.
En los Estados Unidos y también en Europa, siempre somos tentados a ignorar estas nuevas dinámicas geoeconómicas, esperando, de hecho, su fracaso o su significativa reducción.
Sólo recientemente algunos centros estadounidenses de análisis geopolítico comenzaron a hablar abiertamente sobre el asunto. Esto lo hizo, por ejemplo, la revista Foreign Policy (FP), fundada hace más de 50 años por el profesor neoconservador Samuel Huntington, el conocido defensor del “choque de civilizaciones, hoy, por cierto, propiedad del periódico Washington Post.
La revista aborda los problemas cruciales del proceso de desdolarización en curso y de la influencia de la geopolítica en el comercio. Un reciente editorial afirma que:
Con Egipto, Etiopía y Arabia Saudita, los BRICS+ pueden perturbar el comercio mundial, no solamente de petróleo, sino de cualquier otra mercancía. Estos tres países circundan al Canal de Suez y los transforman efectivamente en un lago BRICS+. El Canal es una arteria fundamental de la economía mundial. Cerca del 12% de todo el comercio global pasa por ahí, ligando al Mar Mediterráneo con el Mar Rojo. Es el Mar rojo lo que el BRICS+ rodea ahora.

El ingreso de Arabia Saudita expande también la influencia a su disposición
El país posee más de 100 mil millones de dólares en títulos del gobierno de EUA. Juntos, ellos tienen ahora más de un billón de dólares en títulos estadounidenses.
Igualmente, la adhesión a los nuevos BRICS+ amplía una gama de productos que ofrece un espectro de poder tanto ahora como en el futuro. Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos también son exportadores de combustibles fósiles. Países como Brasil, China y Rusia sin importantes productores de metales y tierras raras, de las cuales dependerá la transición energética.
En relación al proceso de desdolarización, la FP manifiesta algún escepticismo, pues cree que el dominio chino podría suscitar algunas deudas en otros miembros. En realidad, el PIB de China es 3.2 veces el de los demás BRICS originales y 1.7 veces el de los BRICS+.
En el frente monetario, no obstante, además de reconocer que el uso generalizado de monedas locales en las transacciones comerciales y financieras dentro del grupo debilita el papel internacional del dólar, la FP toma seriamente en cuenta lo que llama “una moneda de referencia”, es decir, una moneda comercial común de los BRICS+. Según la FP, “una moneda de referencia podría ser una canasta compuesta por monedas nacionales como los Derechos Especiales de Giro del FMI”.
El dólar todavía es la principal moneda de reserva de los bancos centrales, con porcentajes más elevados que la libra esterlina, en declive como reserva global desde principios del siglo XX. La libra de cualquier manera nunca sobrepasó el 50% de las reservas cambiarias oficiales.
En conclusión
La revista afirma que “si el dólar busca mantener una pluralidad, pero no una mayoría de reservas, algunos dirían que todavía mantendría su estatuto de reserva. Sería, en tanto, un cambio. Aunque el Rey Dólar permanezca técnicamente en el trono, una nueva era de creciente anarquía monetaria está a la vista”.
Lo que, en nuestra opinión, sería preocupante, en cuanto a lo que una posible “moneda de referencia” representaría, por el contrario, sería un notable avance en la construcción de un nuevo orden monetario y financiero internacional, obviamente multilateral.
*MSIA Informa

