El lunes 12 de agosto, el diario británico The Guardian, principal trompetista mundial de la Mafia Verde, publicó un libelo contra la hidrovía Paraguay-Paraná, que podría convertirse en el eje principal de la integración física de América del Sur, porque lograría hacer viable una ruta de transporte de casi 4.000 kilómetros de largo.
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Con el título engañoso de “‘Perdiendo el Arca de Noé’: el plan de Brasil para convertir el Pantanal en una vía fluvial amenaza el humedal más grande del mundo”. El texto, firmado por la periodista independiente Harriet Barber, comienza con la gastada cantaleta de que “el proyecto de la vía fluvial para dragar el río Paraguay y construir puertos podría destruir una vasta biodiversidad y refugios para jaguares, nutrias gigantes y armadillos, y una antigua forma de vida fluvial”.
Para dar un aire de respetabilidad al texto superficial, presenta los puntos de vista de académicos comprometidos con la visión del “santuario” de la naturaleza.
Uno de ellos es el geólogo canadiense Pierre Girard, profesor de la Universidad Federal de Mato Grosso, que dice:
El Pantanal es como el Arca de Noé. Es el hogar de animales que están desapareciendo… Un lugar donde los cercanos al peligro de extinción pueden sobrevivir. Eso puede estar a punto de cambiar. El Pantanal, tal como lo conocemos, puede dejar de existir pronto.
Su colega Carolina Joana da Silva, bióloga y profesora de la misma universidad, añade: “Parece un alto precio a pagar: destruir el Pantanal, uno de los sistemas únicos en el mundo, para reducir el precio de los granos. Es una guerra, una guerra que conlleva el riesgo de extinción”.
Para resaltar la importancia ecológica del Pantanal
La periodista-activista aclara: “Los humedales también son de importancia mundial para el clima. A pesar de cubrir solo el 5-8% de la superficie terrestre de la Tierra, podrían almacenar hasta el 30% del carbono de la Tierra. El Pantanal es un sumidero crítico de carbono, pero el dragado permanente, que sería necesario para el paso de los barcos, debido a los sedimentos arenosos a lo largo del lecho del río, conduciría a la liberación de gases de efecto invernadero, contribuyendo aún más al calentamiento global”.

Otro artículo, escrito por la periodista especializada en biodiversidad Phoebe Weston, va en línea con el mismo tono catastrófico:
El proyecto de una vía fluvial en el Pantanal destruiría un ‘paraíso en la Tierra’, advierten los científicos. Los expertos a los que se refiere son los 42 autores de un artículo alarmista publicado el pasado mes de enero en la revista Science of the Total Environment, con un título parecido a los panfletos de Greenpeace que a un artículo con pretensiones científicas: ¿El fin de todo un bioma? El humedal más grande del mundo, el Pantanal, está amenazado por el proyecto de la Vía Navegable, que es incierto para soportar de manera sostenible el transporte marítimo a gran escala.
El autor principal de la pieza, Karl M. Wantzen, ecólogo de la Universidad de Tours y consultor de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), afirma que el Pantanal “es un verdadero paraíso en la Tierra. Más de 300 especies de peces, 500 especies de árboles, 2.500 especies de plantas acuáticas… Todo esto está en riesgo”.
El proyecto original de la hidrovía Paraguay-Paraná, que se remonta a la década de 1990, se detuvo en 2000, debido a presiones del bien financiado cabildo ambientalista.
Fue el momento en que en Brasil el gobierno de Fernando Henrique Cardoso dejo crecer la hidra al rendirse a la virulenta campaña contra la hidrovia liderada por la entidad, Coalición Ríos Vivos.
Esta era un colegiado de más de 300 ONG de Brasil y del exterior creada en 1994, exprofeso para bloquear tal proyecto, bajo el liderazgo del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, creado por la monarquía británica) y la Red Internacional de Ríos (IRN); acciones agraciadas por el financiamiento millonario de los verdes proveniente de fundaciones estadounidenses, principalmente, C.S. Mott y W. Alton Jones.
Las ONG brasileñas más destacadas que participaron fueron, Ecología y Acción (ECOA) de Campo Grande y el Instituto Centro de Vida (ICV) de Cuiabá, todavía muy activos y comprometidos con la nueva campaña contra la vía fluvial.

