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Iberoamérica se enfrenta a la oportunidad histórica de convertirse en una superpotencia de materias primas y debe aprovechar esta oportunidad para garantizar su desarrollo.
La olímpica afirmación fue hecha en el editorial de la revista británica vocera de la añeja oligarquía colonialista, The Economist en su edición del 10 de agosto publicada en varios periódicos del mundo; en ella se esboza la riqueza de recursos naturales que se le puede saquear a cada región del continente, para así contribuir al funcionamiento de las nuevas tecnologías de una economía verde.
La transición a la energía limpia provocará décadas de demanda de los metales necesarios para multiplicar los parques solares y eólicos, los cables de alto voltaje y los automóviles eléctricos. América Latina tiene más de una quinta parte de las reservas mundiales de cinco metales cruciales.
Destaca que la región ya sobresale en la minería de cobre, omnipresente en tecnologías verdes, y alberga aproximadamente el 60 por ciento de las reservas de litio conocidas del mundo, utilizadas en todos los principales tipos de baterías para vehículos eléctricos. Además de ser rico en plata, estaño y níquel. Y la región se beneficiará incluso si la transición verde enfrente dificultades, gracias a los recientes descubrimientos de petróleo que podrían saciar del 5 al 10 por ciento de la demanda mundial para 2030″.
Además, señala el texto, el crecimiento poblacional del planeta esperado para mediados de siglo estimulará la demanda de carbohidratos, proteínas y delicias que América Latina produce abundantemente.
Sin embargo, para que esta panacea ocurra, la revista británica, a punto de completar 180 años de predicar el liberalismo económico como fuerza motriz de la economía global, hace una advertencia: los iberoamericanos no deben ser demasiado exigentes. Según el autor del editorial ampliado:
Para hacerlo mejor esta vez, los países latinoamericanos deben ajustar algunas cosas. En primer lugar, deben asegurarse de que el auge realmente se produzca. En este momento, la política está impidiendo eso. A medida que los izquierdistas y populistas han tomado el poder, muchos países de la región han aprobado o amenazado con aprobar leyes que aumentarían los impuestos, nacionalizarían las reservas o impedirían la inversión extranjera.
Es justo y apropiado que los gobiernos quieran maximizar sus ingresos, especialmente teniendo en cuenta la frecuencia con la que han sido robados en el pasado. Pero si tratan de quedarse con demasiado, o siguen cambiando de opinión, sus reservas pronto no serán explotadas.

En otras palabras, contentaos con las concesiones que te hacemos y sigue nuestras sabias advertencias
Por ejemplo: En lugar de quemar dinero tratando de construir fábricas de baterías de vanguardia desde cero, los gobiernos deberían invertir en lo básico para permitir el surgimiento de nuevas industrias: educación, salud, infraestructura e investigación.
El ofrecimiento nos remite a propuestas muy actuales
Véase, la de la Unión Europea (UE), presentada en la reciente cumbre con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en julio, para el intercambio de trolebuses fabricados por un consorcio privado europeo a cambio del acceso a las reservas de litio de los países iberoamericanos que disponen del ahora denominado “oro blanco”, un material crucial para la transición energética depurada de la que la UE se presenta como líder.
En aquella ocasión la canciller mexicana, Alicia Bárcena, vocalizó una visión más altiva contra esta agenda que apenas disfraza su corte neocolonialista:
No podemos ni queremos mantener el paradigma centro-periferia. Nos negamos a seguir siendo los proveedores de materias primas críticas y mano de obra poco calificada con los salarios más bajos. Vemos una excelente ventana de oportunidad para asociarnos en plataformas industriales para crear valor, generar empleos con derechos y sustentabilidad ambiental.
Desafortunadamente, esta opinión no se comparte plenamente en toda la región. En Brasil, no solo el gobierno de turno, sino importantes sectores productivos, para no hablar de la academia y los medios de comunicación, han vestido el traje del “neocolonialista verdoso”, que se presenta bajo el mote de “potencia ambiental”.
Idea, según la cual, el país debería emplear la protección de sus biomas, especialmente el Amazonas y el Cerrado, como una “ventaja comparativa” para atraer las llamadas inversiones sostenibles de América del Norte y Europa. Es decir, los “servicios ambientales” se unirían al stock de materias primas básicas (“commodities”) ya exportados el vector preferido de un supuesto desarrollo en las próximas décadas.

