Bernardo Méndez Lugo*
El siguiente debió ser el mensaje que el presidente Andrés Manuel Lopez Obrador emitiera durante el quinto aniversario de su triunfo electoral del 1 de julio de 2018, el sábado pasado.
Es cierto que la total falta de autocrítica y un exceso de egolatría, impide que el presidente de la 4T, reconozca el más mínimo error de él, su gabinete y de sus colaboradores.
Aquí, pues, el mensaje imaginario, que muchos mexicanos hubiéramos deseado escuchar:
Pido perdón a 130 millones de mexicanos y 40 millones más de origen mexicano y mexicanos en EU por las siguientes razones y espero no sea demasiado tarde para enmendar mis errores.
Fui elegido presidente con una votación histórica a mi favor y muchas esperanzas se depositaron en mi desempeño. A casi cinco años de iniciado mi mandato no he podido cumplir todo lo qué me propuse.
Son muchos factores los que han afectado mis buenas intenciones y planes. Espero enmendar errores en lo que me resta de mi mandato, ya menos de un año y tres meses y mi poder inicia su enevitable descenso en menos de seis meses aún cuando me resista, debo escuchar a mis colaboradores y no tratar de imponer mi decisión en todo.
El trabajo de equipo es fundamental para asegurar decisiones certeras. He cometido el grave error de imponer mis criterios y de esa manera excelentes colaboradores en todos los órdenes se han ido, los he despedido o ante el abuso de autoridad se han alejado.
Mi apetito de poder y de controlar todo han sido malas decisiones y sin mucho esfuerzo he reproducido lo peor del presidencialismo mexicano, tendencias de la era neoliberal como en el Salinato o de antes con Echeverría.
Un cierto nepotismo
Reconozco esa vieja costumbre de ver en los ciudadanos a vasallos o sujetos del clientelismo, ambas actitudes no son nada saludables.
E igual de grave el desconfiar de todos, excepto de mi mujer e hijos, también ha sido un error, en un doble significado: limitar la capacidad de interlocución de mis colaboradores al exigir lealtad extrema y alimentar voluntaria o involuntariamente un cierto nepotismo.
Otro error importante es tratar de atribuir todos los males a las pasadas administraciones federales y querer rehacer en su totalidad las estructuras gubernamentales con la idea de que de raíz todo era corrupto y nada rescatable. Un caso lamentable ha sido atacar a la gran mayoría de los organismos autónomos.
Tampoco he sido capaz de combatir la corrupción estructural y no he castigado a los corruptos del pasado.
He dedicado muchas horas de discursos y críticas a empresas y empresarios corruptos pero al mismo tiempo me he rodeado y hecho alianza con poderosos empresarios nada ejemplares que se fortalecieron y enriquecieron con las privatizaciones de la era neoliberal.
En la asignación de proyectos a empresas o al ejército, debo de pregonar con el ejemplo, siendo totalmente transparente y cumplir con la rendición de cuentas.
Debo reconocer que no tengo ni he tenido los mejores aliados entre empresarios, pero también en lo político he tenido y tengo aliados incómodos, de proceder poco ético y cuyos vaivenes indican su falta de compromiso social, creo no es necesario mencionar nombres y partidos aliados acomodaticios.
Sin evaluar consecuencias y viabilidad he destinado sumas millonarias a megaproyectos e intentado fortalecer rectoría del estado en electricidad y petróleo.
La ilusión de crear efectos multiplicadores positivos con los megaproyectos, en algunos casos buscando la soberanía energética como el caso de Dos Bocas con gastos excesivos, me ha impedido analizar a fondo la necesidad de fortalecer la producción de energías limpias y renovables y mi argumento ha sido denostar las grandes corruptelas de empresas de ese rubro sin brindar alternativas hacia la urgente y necesaria transición energética a un modelo distinto que permita cumplir con nuestros compromisos en la agenda de cambio climático.
El entorno mundial ha sido muy complicado desde el inicio de la pandemia en marzo de 2020 con la expansión del Covid-19 y el impacto en nuestro país ha sido muy grande. Hay más gente pobre cinco años después y no cumplí promesas.
Desde muy temprano en la pandemia, mi compañero de lucha, ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas propuso dedicar más recursos para luchar contra la pandemia y posponer algunos gastos de los megaproyectos pero no escuché. Y hoy sufrimos las consecuencias de mi empecinamiento por no escuchar a nadie.

Mi empecinamiento y terquedad ha hecho mucho daño al país y a millones de mexicanos
No he tenido la tolerancia y prudencia para escuchar a los críticos y a todos los he calificado como adversarios y enemigos. Inclusive cualquier voz discordante entre mis colaboradores no la he tolerado.
En el terreno de la política sanitaria, desde el inicio de la pandemia tuve muchas acciones y dichos imperdonables.
Un grave error de política pública el haber intentado manejar la pandemia como un asunto político y no escuchar las voces autorizadas, algunas muy cercanas a mi como la doctora y epidemióloga Asa Cristina Laurel.
Aún a críticos muy comprometidos con nuestro proyecto nunca les escuché y preferí despedirlos o ignorarlos. Algo avanzamos con la vacunación gracias el alto desempeño del personal de salud y el eficaz trabajo de Marcelo Ebrard y su equipo.
Sin embargo, la tercera ola del Covid19 nos puso a prueba y mucho esfuerzo debimos realizar para salir adelante. Fueron días y semanas cruciales y escuché a las voces autorizadas y dejé de ver un problema sanitario como un asunto o tema político y limité el protagonismo del Dr López-Gatell.
Tenia mucha razón la epidemióloga Asa Cristina Laurel cuando renunció a la subsecretaria de Salud. Una militante y colaboradora intachable.
Hay muchos más pendientes que requieren con urgencia de mi atención. Es el caso del poder creciente de la delincuencia organizada y si bien no se deben reproducir las estrategias fallidas del pasado no podemos permanecer omisos.
Nuestras omisiones han significado darles mayor espacio y aún cuando con pragmatismo se vea a algunos actores de estos grupos como aliados coyunturales, el riesgo de quedar atrapados en sus redes es mayor que el beneficio.
Algo se debe hacer de inmediato, el fracaso de la Iniciativa Mérida y las malas experiencias con la DEA, no deben ser factores que paralicen la urgente necesidad de acciones.
Sembrar discordia no trae buenos resultados a la larga y el enfrentamiento y resentimiento social explicable, no debemos alimentarlo.
Pido perdón porque he sido responsable de atizar el fuego de la discordia
Entiendo la guerra de mis enemigos pero no he sido capaz de distinguir enemigos inclusive en nuestras propias filas, de quienes buscan de buena fé que enmendemos errores.
Un grave error fustigar y descalificar a la clases medias aspiracionistas; la mayoría de mexicanos están en ese deseo de superación, incluyendo a mis propios hijos y millones de mexicanos que se han ido a EU con el fin de superarse y tener mejor futuro.
Y en ese sentido, aprovecho para pedir perdón a los paisanos y connacionales en EU, les he fallado en muchos sentidos: no he fortalecido de manera significativa la capacidad de defensa de nuestros connacionales en las tareas de protección de la red consular, en parte afectada por la pandemia.
Ellos han hecho su mejor esfuerzo con el envío extraordinario de más remesas, pero nosotros no hemos tenido la empatía suficiente para corresponder con más recursos a los consulados.
Tampoco hemos creado una alternativa al programa 3X1 y en general con los pocos recursos los consulados han realizado una tarea titánica durante la pandemia.
También hemos fallado en atender a los deportados a México y han sido pocas las políticas de apoyo en los estados con importante población de retorno.
Como en otras épocas de ingratos recuerdos, he abusado de la discrecionalidad de mis atribuciones en nombramientos consulares y diplomáticos de carácter político, no solo en EU sino en todo el mundo.
Me he excedido en nombramientos políticos de embajadores y lo más grave es que como en el pasado, muchos de ellos y ellas, no tienen el perfil y conocimientos para el puesto.
Todo esto en detrimento del personal diplomático de carrera. Y reconozco de repetir el mismo error de mis nefastos antecesores: otorgué muchos de estos nombramientos como pago a su lealtad política o para dividir a la oposición sin considerar el perfil y el puesto.
Este error se ha repetido en otros nombramientos en el gabinete donde como sucedió en el pasado que tanto aborrezco: Otorgué y he seguido otorgando puestos más por lealtad probada que por conocimiento del puesto.
Y siguiendo mi ejemplo, mis subalternos secretarios de estado hacen lo mismo que yo: Nombran a amistades de confianza de probada lealtad. Y estas prácticas han sido en muchos casos, desastrosas por la poca o nula pericia y preparación de los nombrados.
Si he fallado ha sido mi entera responsabilidad. Tengo las mejores intenciones y toda mi vida he luchado por las causas de los pobres y más vulnerables. Tengo una gran deuda con las comunidades campesinas e indígenas. Es razonable el distanciamiento del EZLN y debo atender sus llamados.
Los megaproyectos pretenden llevar desarrollo y empleo a sus regiones
Debo evaluar con mayor rigor el impacto social y ambiental de los proyectos en el hábitat y territorios indígenas respetando el espíritu del Convenio 169 de la OIT sobre derechos indígenas.
Dos de los programas insignia de mi administración ‘Jóvenes Construyendo el Futuro’ y ‘Sembrando Vida’ necesitan acciones correctivas, han habido aciertos y buenos resultados parcialmente, pero todo programa necesita correctivos.
No siempre son errores de las cabezas responsables sino la indebida utilización de los programas por camarillas y por la tentación de operarlos como instrumentos clientelares.
También pueden existir problemas más estructurales sobre la efectividad e impacto social. Ambos programas requieren correctivos, en el primero mejorar la capacidad de emprendimiento de los aprendices y evaluación del aprendizaje.
Y en el segundo, no provocar problemas de desforestación y riesgos de erosión por priorizar la entrega de dinero sobre cualquier otra consideración de viabilidad de mediano y largo plazo de recursos bióticos, forestales y silvícolas en las comunidades donde se desarrolla el programa, como lo han manifestado observadores internacionales independientes.
Lo grave es cuando esas camarillas que operan los programas son personas que les he depositado mi confianza o que con el afán de quedar bien con el partido, conmigo o mi familia desnaturalízan el fin del programa.
Deben ser programas guiados por sus fines específicos y no convertirlos en instrumentos de control político o para crear lealtades.
Tarde o temprano esas intenciones pervierten el noble fin de ambas programas que buscan mejorar el nivel de vida y el bienestar de los jóvenes al lograr su inserción laboral en el primer programa; y en el segundo programa la sustentabilidad agroforestal y desarrollo de las comunidades rurales.
Sobre celebraciones y conmemoraciones debemos ser más cuidadosos y tener mesura y prudencia al hacer una reelectura de la historia.”

Más que celebrar, debemos guardar luto
Por las miles de personas fallecidas por la pandemia COVID-19, por los malditos abrazos del crimen organizado y centenares de migrantes que han fallecido por políticas erradas de colaboración con EU actuando vergonzosamente como muro de contención.
Estamos viviendo las consecuencias de grandes omisiones ante el crimen organizado, miles de homicidios dolosos, desapariciones y feminicidios.
Debemos guardar duelo por pérdidas irreparables de vidas, muchas de ellas se pudieron evitar pero todos cometimos errores y debemos ser humildes y cuerdos y aceptar que no somos perfectos.
No es correcto querer revisar la historia para intentar acomodarla a nuestros intereses. Se vale la búsqueda de una reinterpretación histórica, pero debemos evitar manipulaciones de los hechos para acomodarlos a nuestros fines políticos.
Hemos violentado la Constitución de la República que nos rige y juramos respetar al iniciar nuestro mandato y hemos fallado en diversos aspectos a nuestro mandato al ceder ante tentaciones de concentrar poder y dar atribuciones indebidas al Ejército entre muchas otras irregularidades.
En ocasiones le hemos fallado a los líderes de las tres grandes transformaciones en nuestra historia patria: A Hidalgo, a Morelos, al presidente Benito Juárez y a los héroes de la Revolución mexicana como Ricardo Flores Magón, al utilizar referencias cristianas y también al no seguir su filosofía de medianía y moderación, ya sea nosotros mismos o nuestros hijos y colaboradores, les hemos fallado..
Pero es buen tiempo para reflexionar y hacer una recapitulación de los logros y los errores que debemos enmendar todos.
Hemos seguido fallando por cinco años al denostar sistemáticamente a toda persona que no coincida con nosotros.
Sea el Poder Judicial, organizaciones de la sociedad civil u organismos autónomos como INAI e INE, a todos sin excepción les hemos injustamente denostado y no hemos tenido una pizca mínima de autocrítica.
Tenemos grandes avances, pero también pendientes y deudas sociales
No hemos podido erradicar la corrupción y son pocas las personas que infringieron la ley que hemos podido juzgar y castigar.
La corrupción es un mal estructural y no se puede combatir de raíz si no somos capaces de tener mayor transparencia y rendición de cuentas. Y es urgente terminar con lagunas legales y opacidad.
Contratos y compras de gobierno deben ser transparentes. Nadie puede quedar al margen de la ley. Ejército y Marina son instrumentos claves para el desarrollo y seguridad del país pero deben rendir cuentas como cualquier otra institución pública.
Estamos a menos de un año y tres meses de terminar nuestro mandato, hemos logrado mucho pero falta mucho por hacer y no es saludable pensar solo en las malas herencias del pasado sino actuar con responsabilidad de nuestros actos del presente.
Debemos asumir nuestras fallas en la pandemia de COVID, los graves resultados de la política migratoria y en empecinamientos en algunos aspectos de la construcción de megaproyectos poniendo en riesgo ecosistemas, territorio y hábitat indígena.
Lo que no hagamos hoy quedará como asignatura pendiente para quienes en un año y tres meses tomarán las riendas del gobierno.
Es tiempo de unidad y de iniciar una nueva etapa de construcción y reconstrucción de instituciones
Cometimos errores al pensar que eliminando todo lo heredado de regímenes pasados con mucha corrupción podíamos prescindir de instituciones del pasado y en algunos casos por circunstancias inesperadas como la pandemia COVID-19 dejamos en vulnerabilidad a muchas personas por acciones irresponsables antes de las vacunas.
Es tiempo de marchar juntos y evitar actitudes polarizantes. Debo reconocer que yo mismo las promoví en un afán de confrontar a los opositores y adversarios pero no los invité a sumar y trabajar juntos.
Las recriminaciones no ayudan sólo dividen y pido a nuestros seguidores a no dividir a no confrontar.
Y con más razón al interior de nuestras organizaciones, si nos dividimos seremos más vulnerables como Nación y como organización política se corre el riesgo de perder nuestro liderazgo político o no tener mayoría en el Congreso y paralizar de hecho nuestra misión transformadora.
Ni discordia nacional y mucho menos división entre nosotros. Nadie es perfecto y si sembramos odio, resentimiento y rencores cosecharemos tempestades y encono.
Vivimos momentos de gran adversidad y sin entendimiento seremos más débiles y vulnerables ante enemigs externos y sus aliados internos.
Sé que la confrontación es contraproducente y más temprano que tarde cosecharé lo que he sembrado. Pido perdón compatriotas. Todos tenemos errores y es hora de rectificar.
Nota: Con una tercera parte de estas deseables peticiones de perdón del Presidente de la República, sería suficiente para que tuviera un respetable lugar en la historia de México.

