mayo 30, 2026

El niño viejo, libre y curioso da un paseo por el túnel del tiempo

El niño viejo, libre y curioso da un paseo por el túnel del tiempo

Bolivar Hernandez*
En el año de 1954, vivía en la Ciudad de Guatemala, en pleno centro histórico. En la 12 calle, entre 3a y 4a Av. de la zona 1, junto al Paraninfo de la USAC. Ahí estaba mi casa, hoy es un lote baldío que se usa como estacionamiento para automóviles.
Era un niño de escasos 10 años, era un niño en la calle, libre y curioso. Salía a vagar por toda la pequeña ciudad de entonces. Mis travesías todas eran de norte a sur, también de sur a norte, y pocas veces hice trayectos hacia el este o el oeste. Caminaba por horas para indagar acerca de los límites de la Ciudad. Nunca me he perdido en mis vagancias infantiles, sabía ir y volver con toda seguridad. Tengo un sentido de la orientación muy afinado.
De mi casa paterna no me escapaba, no hacía falta, yo podía decidir salir con absoluta libertad de movimiento y sin decir a dónde iba…
Mis padres estaban muy ocupados en atender a mis cuatro hermanitos, y a los estudiantes de la residencia universitaria, de la que eran administradores.
Desde los 7 años me aventuré a vagar por la Ciudad por horas, sin mayores contratiempos. Me daba sed o hambre, pero ahora ignoro cómo satisfacía esas necesidades fisiológicas.
Era una especie de pequeño reportero
Que observaba la vida cotidiana y las riñas de los hombres, y los incidentes de tráfico; y a los habitantes en movimiento o en sus actividades diarias. La curiosidad por el mundo externo, era infinita, más que la vida doméstica, hogareña.
Mi paseo favorito era caminar por la 6a. Av. del centro histórico de la Ciudad de Guatemala. O bien, permanecer parado en alguna esquina, como por ejemplo en el vestíbulo del Cine Lux, ubicado en la 11 calle y 6a. Av.
Y mirar ese desfile interminable de personas de la alta sociedad de entonces, esa gente bonita, bien vestida, bien alimentados, con aires de grandeza. La aristocracia caminando con su séquito de sirvientes indígenas. A veces paseaban en sus autos lujosos por la 6a. Av. pero más gozaban andar a pie y saludar por su nombre a todo el mundo; todos se conocían entonces.
Ayer, es decir 67 años después, volví a recorrer la 6a. Av. y mirar todo con ojos infantiles. Caminé un kilómetro desde la 6a. Calle, hasta la 18 Calle. Y me fui fijando en todo lo que existía antes y que ahora ha desaparecido. Hice el recuento de los daños y los años. Ahora la 6a. Av. es peatonal y la aristocracia de entonces se esfumó de ese paseo tradicional y dominguero.
El comercio elegante de entonces: zapaterías, cines, almacenes de telas y abrigos, jugueterías, restaurantes, estudios de fotografía, bares y cantinas, pastelerías, farmacias y hoteles; están desaparecidos del entorno urbano para siempre.
Ahora el comercio es de pobres para pobres; existen cientos de tiendas con ropa corriente, de precios ínfimos, zapatos de plástico, y mucho comercio informal, ambulante. Restaurantes populares de comida china y cadenas locales de restaurantes de pollos rostizados y de pizzerías.
El deterioro de la imagen urbana es patente
Hay una pérdida de la arquitectura antigua y colonial, y de la arquitectura del siglo XX. Es una ciudad nueva, pero decadente en su centro histórico. La ciudad moderna se trasladó a zonas privilegiadas con alta plusvalía, al igual que las viviendas del proletariado que se tuvo que ir todavía más lejos, al extrarradio urbano, inclusive a municipios distantes de la Ciudad capital.
La Ciudad de hoy es una mancha urbana muy extendida, solo contenida por los múltiples barrancos y hondonadas que circundan la urbe. Pero la expansión urbana se fue más allá de los barrancos, y con grandes y elevados puentes se comunican con el centro histórico, con severas dificultades todos los días por un tráfico vehicular infernal y caótico.
Guatemala City no creció verticalmente, debido a que es una zona sísmica y con los terremotos que han destruido todas las capitales a lo largo de la historia, desde el siglo XVI, no existe en la actualidad una tendencia a construir muchos edificios altos. Es una ciudad chaparrita.
Caminé por la 6a. Av. con un paso lento, a media calle, cosa improbable hace 67 años cuando era un niño de 10 años. Mirando el deterioro urbano que mis ojos infantiles no podían creer.
Como una película del cine mudo vi en mi mente las imágenes de aquella ciudad de Guatemala, prospera, bulliciosa, alegre, en la cual todo el mundo de entonces se conocían por sus nombres. Observé y escuché algunas marimbas Interpretando viejas melodías, con músicos ancianos y decrépitos; era antes un instrumento musical que daba identidad cultural a los guatemaltecos de antaño, ya no.
Al final de la 6a. Av. junto al parque de La Concordia, entre la 15 calle y la 16 calle, un medio centenar de mujeres negras originarias de la región afro de Guatemala, de Izabal, de Livingston, se dedican hacer trenzas o rastas a mujeres jóvenes con cabellos lisos o lacios.
Es paradójico que ocurra esto en un país que ignora por completo a su población afro mestiza, de la costa del Atlántico.
La 6a. Av. es el túnel del tiempo donde me aventuré a volver hoy a mi infancia más temprana.
*La vaca filósofa.
Foto: Catkin

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

Related posts