Un análisis del empresario y consultor internacional Javier Ospina Baraya.
Aunque plantear un análisis acerca del nuevo orden mundial tras la Covid-19 es un asunto que puede demandar interminables líneas, lo cierto es que ya se vislumbran, y por tanto estamos en condiciones de analizarlas, algunas de las principales consecuencias de la pandemia al respecto.
En efecto, se trata de uno de los temas que más intriga a los analistas internacionales por estas horas y uno que, si bien continúa escribiéndose mientras nos dedicamos a estas primeras observaciones, supone ya un impacto definitivo, una nueva organización mundial, con ejes históricos inéditos.
Tras varios meses en los que fuimos protagonistas de nuestra propia serie de ciencia ficción, resultaría inimaginable que la imposibilidad de desarrollo de las economías alrededor del globo no produjera un efecto acelerador de varias tendencias que se venían observando antes del coronavirus.
Así, en un escenario que ya se tornaba complejo como pocas veces desde el final de la Guerra Fría, disponemos de indicios suficientes como para afirmar que el centro del poder y las decisiones se está desplazando lenta, pero seguramente, hacia China, y en detrimento de los Estados Unidos.
LA PANDEMIA AFECTA, PERO NO TUERCE, LOS PRONÓSTICOS DE NUEVO ORDEN MUNDIAL
Como decíamos, las cifras más recientes hablan de una economía norteamericana que ha crecido más en los últimos trimestres que la del gigante asiático, un panorama sólo comprensible por las inyecciones financieras, a través de estímulos, que forman parte del programa de Joe Biden.
Pero esta liquidez de dinero de la que disfrutan los estadounidenses promedio y que ha acelerado el consumo interno en el país, no será suficiente para frenar el avance del régimen comunista chino, como así tampoco de ser la primera economía en torno al año 2030, según Oxford Economics.
Es decir, los paquetes y ayudas del Partido Demócrata únicamente le permitirán ganar tiempo de cara a lo que parece inexorable, y es que China desplazará a los Estados Unidos como ese gran referente del mundo occidental que tejía alianzas ventajosas para sí en los cinco continentes.

CHINA APROVECHA EL AISLAMIENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS
Sin entrar en evaluaciones acerca de la gestión interna del ex Presidente Donald Trump, si hay algo que caracterizó sus relaciones internacionales fue el habitual aislamiento del que hizo víctima a la nación, abandonando foros globales y allanando el camino para el insaciable gobierno asiático.
Y China, con su industria que no deja de incrementar capacidad y rendimiento en las últimas décadas, descubrió en muchos de esos países abandonados por los Estados Unidos, a socios estratégicos para invertir en ellos, y de alguna manera también condicionar sus posturas.
Con miles de ejemplos disponibles para ilustrar el actual estado de las cosas, el continente africano parece ser el paradigma de este nuevo orden mundial, fortaleciendo allí China su presencia de todos los modos posibles, con millones y millones en inversiones que favorecerán la vida de los ciudadanos locales, en primera instancia, y controlarán a sus autoridades, en segunda.
Basta echar un vistazo a lo que está pasando en Egipto, donde el caos de El Cairo podría quedar pronto en una simpática anécdota, mientras el poderío económico chino diseña y levanta una alternativa como capital a cientos de kilómetros, utilizando sus invaluables recursos.
Esta colaboración china, evidentemente no desinteresada pero aún no evaluable para los africanos, augura el regreso de Egipto al liderazgo regional y le promete a Xi Jinping y sus ministros la gratitud y subordinación de un país de infinito incalculable, como lo es éste.
Como veníamos advirtiendo, África y Egipto pueden ser el paradigma de un modelo pero de ninguna forma el único proyecto dentro de éste, y es que la invasión china en materia prima y metales preciosos es un hecho, desde sus vecinos hasta América Latina.
LAS FIRMAS CHINAS SE QUEDAN CON EL MERCADO
Dicho lo anterior, no se puede obviar que cuando hablamos del expansionismo chino, sobre todo en países emergentes, hablamos del expansionismo de sus multinacionales. Empresas que, por muy sostenidas que estén por el gobierno, compiten en esos países con otras empresas del mundo.
Con China apostando por empresas cada vez más competitivas, vale la pena preguntarse qué están haciendo tanto los Estados Unidos como Europa con las suyas, y si los programas de salarios mínimos elevados y costes de producción más costosos no están afectando estos bloques.
En una cadena mercantil que se ha globalizado hasta el límite, esos mercados menos competitivos están condenados a perder su industria, algo que sabemos muy bien porque lo experimentamos a raíz de noticias como la salida de Nissan de España, imposibilitada de acceder a esas exigencias.
Con los políticos estadounidenses y europeos enamorados de la presión fiscal sobre las compañías, a las que además someten a una burocracia extrema, ralentizando procesos que resultan claves pensando en la diversificación de productos y servicios, China seguirá tomando la delantera.
No puede ser, por tanto, que quienes tienen que proveer de iniciativas que alienten a la industria, sólo sean capaces de acudir a las empresas que generan empleo y realizan inversiones millonarias para ahogarlas en impuestos. Mismos impuestos que, en la mayoría de los casos, son mal administrados por estados ineficientes que viven a costa del riesgo del capital privado.
Es una irresponsabilidad de los políticos subir la presión fiscal a las empresas, las cuales soportan no solo una alta carga fiscal sino también una burocracia exagerada.
CONCLUSIONES
Lejos de considerar que los métodos políticos y de hacer negocios de los chinos sean ideales, no lo han sido nunca a lo largo de la historia, parece claro que el gigante asiático está sabiendo interpretar mejor las decisiones que este momento de la humanidad necesita, llevándolas a cabo sin titubear y con éxitos a la vista de todos.
Mientras tanto, los Estados Unidos y el bloque europeo se enfrentan a sus propios fantasmas internos, esos que agitan medidas de ajuste contra las grandes compañías, a las que dejan en desventaja si se les compara con las chinas, apoyadas por el régimen comunista local.
*Javier Ospina Baraya es un reconocido consultor y analista internacional. Licenciado en Administración y Finanzas en Miami, maestría en Administración de Puertos en Hamburgo y máster en Comercio Exterior en Madrid. Recientemente sumaba un nuevo reconocimiento en su trayectoria profesional al recibir el “Premio a la Excelencia Profesional” de manos de la Comunidad Iberoamericana en Miami, un agradecimiento público otorgado por su empresa, la consultora Internacional Dezvoltare Management.

