junio 01, 2026

El nuevo orden mundial y la ilusión transatlántica

El nuevo orden mundial y la ilusión transatlántica

En una presentación organizada por la Sociedad Transatlántica Alemana en la ciudad de Frankfurt, el pasado 11 de mayo, el especialista en Estados Unidos y secretario general del grupo alemán de la Comisión Trilateral, Dr. Josef Braml, comentó su nuevo libro, La ilusión Transatlántica: un nuevo orden mundial y cómo podemos afirmarnos en él (Die Trans-Atlantische Illusion -Die neue Weltordnung und wie wir uns darin behaupten können, C.H. Beck Verlag, 2022). El libro es un contrapunto refrescante al pensamiento dominante, pues rompe las “corrientes de ilusión” que son, actualmente, bastante fuertes entre los políticos alemanes y numerosos representantes de la Unión Europea (UE).

Un mensaje fundamental fue, “los tiempos en que fuimos capaces de cambiar a la sombra de Estados Unidos se acabaron”. Este es en especial el caso en el contexto de la guerra ruso-ucraniana. Según él, sobrecargados con crecientes tensiones domésticas y con una gigantesca “burbuja de deuda”, Estados Unidos tratan de afirmarse implacablemente y por todos los medios contra su principal rival, China, así como contra Europa, con el fin de afirmar sus intereses en un nuevo orden mundial. Para Braml, quien cree que Estados Unidos representaría nuestros intereses (de Europa) sufre de “ilusión transatlántica”.

En lugar de esto, afirma, Estados Unidos están explotando a sangre fría la geoeconomía como medio de ejercer poder e influencia sobre sus aliados, para imponer sus intereses económicos y militares. En otras palabras, Estados Unidos imponen tributos a otros países, con los que esas naciones no sólo financian a Estados Unidos altamente endeudados, sino que también son obligados a aceptar y a apoyar su papel de potencia militar protectora en un Nuevo Orden Mundial.

Para los europeos, en particular, para Alemania, esto implica una presión para la compra de armamento estadounidense, como los caza F-35, y la aceptación del papel de Estados Unidos en calidad de “potencia de protección nuclear”.

De acuerdo con Braml, el principal foco estratégico de Estados Unidos es Asia, y no Europa. En su opinión, no hay diferencia entre el presidente Joe Biden y su antecesor, Donald Trump, en términos de la política de Trump de “EUA primero”. El principal interés es contener a China, a juzgar por la presión estadounidense para la creación de una OTAN mundial, el Cuarteto (Quad), integrado por Estados Unidos, Japón, India y Australia, para defender la influencia de Washington en la región indo-pacífico contra China (intención reafirmada en la reunión de la ASEAN en Washington del 13 de mayo). Europa, indicó, debería cuidar de la “vieja OTAN”.

Se avecina una crisis financiera mundial

Braml habló también del “dilema estratégico” que está enfrentando Estados Unidos. En referencia a la crisis financiera global de 2007-2008, señaló que hoy enfrentamos nuevamente la amenaza de una “renovada crisis sistémica del sistema financiero mundial”. Señaló la “oferta monetaria inflacionaria” de Estados Unidos, que no es acompañada por la producción de bienes reales. Mientras que en 2007-08 los bancos centrales trataron de evitar el “colapso del sistema financiero mundial” con la inyección de enormes cantidades de dinero en el sistema, hoy, en vista de los mercados de acciones sumamente nerviosos, los principales bancos centrales están sumamente preocupados con las nuevas “distorsiones geoeconómicas”, especialmente en Estados Unidos.

Uno de los principales problemas de Estados Unidos, observó Braml, es que el país vive del consumo financiado por otros, como China, Japón, Europa y Oriente Medio. También en el sector de la energía, Estados Unidos ejercen enorme presión sobre Arabia Saudita, a cambio de la protección militar.

Para sorpresa general, Braml dijo que mientras que en Europa todo está enfocado en la guerra de Ucrania, en las conversaciones con representantes de la élite y de los think-tanks estadounidenses, la guerra ocupa apenas el décimo sexto lugar, mientras que cuestiones como el control de armas, el aborto, las leyes y la educación reciben toda la atención.

Por si fuera poco, la potencia militar más grande, Estados Unidos persigue la geoeconomía a la par de política de poder, para vivir esencialmente del “crédito”, del dinero de diferentes estados tributarios (en el sentido de la teoría del tablero de ajedrez de Zbigniew Brzezinski, quien hablaba en términos de vasallos tributarios de Estados Unidos, donde se incluía los títulos del Tesoro comprados por los gobiernos de China y de Japón). De acuerdo con el comercio administrado de Estados Unidos, esos países son obligados a comprar armamentos estadounidenses a gran escala. El dólar se mantiene bajo gracias a la inflación, lo que reduce la exorbitante deuda estadounidense y abarata sus exportaciones.

En el periodo de debates, Braml caracterizó a Estados Unidos de “democracia defectuosa”, visión opuesta a la imagen de “faro de la esperanza del orden mundial liberal”, y agregó que no se debe excluir que Trump venza en las elecciones de medio término el otoño que viene.

¿Por qué “ilusión transatlántica”?

El núcleo de las ilusiones transatlánticas que sufren los europeos, según Braml, es que no perciben con que increíble obsesión Estados Unidos está tratando de mantener su orden mundial unilateral e imponerlo a sus aliados. “En la lucha por esferas de influencia tecnológica y económica, Estados Unidos pueden aumentar la presión sobre terceros países dependientes, y amenazarlos con retirarles su protección militar y de seguridad, dándoles la opción de hacer negocios con Estados Unidos o con China”. “Esso puede llegar incluso a que las armas económicas como el dólar estadounidense y las sanciones secundarias” se pongan en juego, con el fin de obligar a los estados europeos a “ceder sus intereses económicos con relación a China”. Ambos casos, los graves problemas internos de la potencia estadounidense y su implacable orientación política externa, deben hacer que las personas con sentido de la responsabilidad de Alemania reflexionen con más seriedad, aconseja.

En el capítulo “El paciente estadounidense: Estados Unidos y el orden mundial liberal”, en referencia al papel de Estados Unidos luego de la Primera y la Segunda guerra mundial, Braml identifica un gran problema: “El sentido especial de misión de Estados Unidos con celo casi religioso contra los enemigos externos”. Los estadounidenses han interpretado las guerras de forma “maniqueísta”, igual a una yuxtaposición radical de un principio de mundo bueno y malo, en el contexto del cual Estados Unidos se considera casi una “nación escogida, fincada en el excepcionalismo. (…) a lo largo de su historia, la política exterior de Estados Unidos osciló entre esos polos de aislamiento del mundo y el impulso misionario para mejorar el mundo”.

Esa característica de Estados Unidos es muchas veces pura hipocresía, afirma. Estados Unidos “exageran su reivindicación moral” que debería ser una regla con la cual los propios Estados Unidos como potencia mundial deberían ser medidos. “Washington muchas veces invoca valores nobles tan solo para esconder su política de poder orientada por intereses”. Y, cuando es necesario, esos valores y comunidad de valores se subordinan pragmáticamente a los intereses económicos y de seguridad”.

Braml observa una discrepancia entre la retórica democrática y la cínica. Se refiere a varios ejemplos históricos, como los golpes de Estado de la CIA en América Latina, la guerra de Irak en 2003,

Observa que, a pesar de los fracasos de Vietnam, Afganistán, Irak e Irán, Estados Unidos está profundamente divididos y su poder de liderato moral fue quebrado. Mientras que Trump clamaba por el derecho del más fuerte, su sucesor, Joe Biden, piensa que las alianzas son una herramienta útil, principalmente, para sostener el poderío estadounidense y compartir los encargos. Sin embargo, el “paciente estadounidense está impedido para desempeñar su función de orden mundial, es decir, proporcionar bienes públicos como seguridad, libre comercio, mercados financieros y una moneda de reserva estable”, condición indispensable para que otros países acepten su supremacía de hegemón liberal y sigan su liderato.

China principal rival estratégico de Estados Unidos

Braml afirma que China construye una posición de supremacía con la Iniciativa de la Ruta de la seda, con conexiones en Asia Occidental, África y los vecinos de la región. Además, a pesar de la presión de Estados Unidos, China conquistó socios europeos (Reino Unido, Francia y Alemania) para el Banco Asiático de Fomento de Infraestructura (AIIB). Y ya no está dispuesta a donar sus reservas cambiarias en la misma medida de antes, para financiar el presupuesto nacional de Estados Unidos, que a su vez usa gran parte del dinero en sus planes militares contra China. “Estados Unidos está dispuesto ahora a usar cualquier medio para contener el ascenso de China o por lo menos frenarlo. La economía es un arma  (…) Con el ascenso de China, la región de Asia-Pacífico se convirtió en el foco de la seguridad y de los intereses económicos estadounidenses. De cualquier forma, Washington quiere impedir que un rival en potencia desafíe su soberanía naval y aérea en la región de Eurasia e impida las actividades económicas de Estados Unidos o niegue el acceso a los recursos naturales (de la región)”.

Aun sin mencionar la guerra Rusia-Ucrania, Braml observó en su libro  que tarde o temprano se debe alcanzar un acuerdo diplomático con Rusia:

Por más comprensible que sea la necesidad de mostrar una dureza intransigente respecto a Rusia, esta es la respuesta equivocada, ya que la paz y la seguridad están en juego. A Vladímir Putin se le ve correctamente de forma crítica por muchos en este país. (…) El interés de Europa es establecer un orden de paz regional estable, que excluya el uso de la fuerza y de la coerción entre los estados y que crie foros en los que los intereses en conflicto puedan resolverse por medio de la negociación. (…) Todos deben estar conscientes de que, en una guerra con Rusia, Europa sería el campo de batalla. (…) Es necesaria la combinación de una política de fuerza y una política de mano extendida.

Eso significa en esencia “lo que Helmut Kohl y Horst Teltschik practicaron con éxito en la segunda mitad de la década de 1980, de acuerdo con la ‘doble decisión’ de la OTAN y de la nueva Ostpolitik de Willy Brandt y Egon Bahr. (…) Pero también significa buscar nuevas formas de resolver el dilema de la seguridad y crear una nueva confianza. Esto incluye iniciativas para una nueva arquitectura de seguridad en la que los intereses de todas las partes sean respetados, seguridad entre sí, no una contra otra”. Un paso más, agrega, podría ser el renacimiento del Tratado de Fuerzas Armadas Convencionales de Europa (CFE). Pero admite también que Europa no está en condiciones de adoptar una política independiente hacia Rusia. Washington es la única parte que puede brindar las seguridades que Rusia necesita en la actualidad.

La laguna de los intereses de seguridad de Estados Unidos y de Europa

En el capítulo “¿Igualdad de intereses?” Braml examina la laguna de intereses estratégicos entre Estados Unidos y Europa: “Los observadores europeos tan sólo comenzaron a percibir que la industria de seguridad estadounidense ahora amenaza no nada más a la democracia de Estados Unidos, sino también a las ordenanzas liberales básicas de las sociedades y de las economías de los países amigos que son parte de la ‘comunidad occidental de valores’, tan frecuentemente referida en los discursos”.

Ve un gran peligro en el complejo industrial-militar de Estados Unidos y recalca que el presidente Dwight Eisenhower tuvo razón cuando alertó sobre él en 1961 y cuando se opuso a los futuros gastos militares enormes financiados a crédito. Braml menciona el presupuesto militar de Estados Unidos, de 778 mil millones de dólares, que representan poco menos de 40 por ciento de los gastos militares mundiales, mientras que China y Rusia quedan, respectivamente, con el 13 y el 3 por ciento.

Observa que en 1987 el conocido diplomático estadounidense George Kennan, en su libro La patología del poder (“The Pathology of Power”), alertó que, si la Unión Soviética cayese, el complejo industrial-militar estadounidense haría todo para seguir existiendo. Existe, repetidamente, la búsqueda de un “enemigo externo” y, por lo tanto, la trampa maniqueísta permanece.

En los últimos 15 años, según Braml, más de 100 países compraron armas de Estados Unidos, con lo que apoyaron así los negocios de la industria de la defensa estadounidense. Estados Unidos responde al 32-37 por ciento de las exportaciones mundiales. Esto significa que exportan casi el doble que Rusia -que es el segundo exportador más grande, con 20 por ciento del mercado mundial; Francia queda con el 8 por ciento, Alemania con el 6 y china con el 5. Estados Unidos también tuvo un aumento de 80 por ciento en Europa en 2016-2020, principalmente a causa de la venta de cazas a los europeos.

Dice:

Gracias a sus renuncias de consumo e inversiones y a su disposición de invertir en los mercados profundos de Estados Unidos, los europeos contribuyen a permitir que Estados Unidos vivan, operen y se armen a crédito. (…) Mientras Estados Unidos viva más allá de sus posibilidades, necesitarán de otros países con fuertes capacidades de producción y de exportación y seguirán obligándolos a usar sus reservas cambiarias generadas por transacciones de exportación a Estados Unidos como préstamos para financiar sus deudas. Además de esto, Washington quiere que los europeos gasten todavía más dinero en armamentos estadounidenses y que, así, permanezcan militar y tecnológicamente dependientes. Esa lógica de intereses resulta particularmente clara en la cuestión de la sustitución de los cazas alemanes Tornado, que Washington deliberadamente vincula a la cuestión del poder de la llamada compartición nuclear.

Braml concluye su libro con un vehemente llamado a una solución europea, más soberanía y “un acuerdo fundamental y decidido con Francia”, la integración profunda de la política de defensa de los dos principales estados (Francia tiene 300 armas nucleares”. Llega a decir que, según el especialista francés François Heisbourg, el “gobierno francés estaría dispuesto a un arreglo nuclear francoalemán, si el nuevo gobierno alemán tuviese coraje para hacerlo. (…) Francia y Alemania podrían formar el núcleo de una política europea independiente de seguridad y defensa y convertirse en el motor del desarrollo rumbo a una UE geopolíticamente capaz, con su propia gran estrategia para afirmar sus intereses en el nuevo orden mundial”.

*MSIa Informa

Foto. WikiImages

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

Related posts