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Agitada por las contradicciones internas del proceso que convirtió a la Unión Europea en una institución burocrática sumisa a la alta finanza globalizada estratégica de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Europa se confronta a los problemas simultáneos de falta de estadistas, a las consecuencias de las sanciones impuestas a Rusia y la peor sequía en décadas, marcada por grandes incendios forestales, poca agua en los ríos y lagos y una amenaza a la agricultura, que se suma a los problemas del suministro de fertilizantes, de los cuales los sancionados Rusia y Bielorrusia son grandes proveedores.
Recordando los tiempos de Oliver Twist de Charles Dickens, Gran Bretaña tendrá un invierno de extrema pobreza.
Sean bienvenidos al Reino Unido contemporáneo, donde nada funciona, todo está caro, mientras todos nosotros estamos demasiado preocupados con discusiones sobre las razones de nuestras propias confusiones para encontrar algunas decisiones.
El irónico lamento es del periodista Ben Wright
En su columna del pasado 9 de agosto en el periódico Daily Telegraph. Según él, el Estado británico dejó de funcionar de manera normal, debido al cúmulo de tensiones causadas por la escalada de precios, la ola de calor, el estancamiento de los salarios en los últimos diez años, las quiebras en las cadenas de suministros resultantes de la pandemia, la invasión de Ucrania, y, también, al envejecimiento de la población.
Una investigación hecha por el periódico demostró que, en los últimos diez años, la policía no logró desenmarañar ningún robo en ocho de diez zonas de Inglaterra y del País de Gales. Además de esto, el número de personas en fila de espera del Servicio Nacional de Salud aumentó de 4.4 millones antes de la pandemia, hasta 6.6 millones, al mismo tiempo en que aumenta el número de huelgas, incluyendo de profesionales de la salud.
El lamento de Wright vino tres días después de una dramática advertencia del ex-premier Gordon Brown en un artículo del periódico The Observer del 6 de agosto, de que el gobierno debería establecer un presupuesto de emergencia para enfrentar la escalada del costo de la vida, bajo pena de condenar a millones de niños y pensionados vulnerables e inocentes a un invierno de terrible pobreza”.
La realidad es sombría e innegable: una bomba-reloj financiera explotará para las familias en octubre, cuando una segunda ronda de aumentos del precio de los combustibles en seis meses envía ondas de choque por todos los lugares y pone a amillones en el límite, escribió.
El pronóstico es confirmado por el Banco de Inglaterra
Para quien una tercera parte de las familias británicas está amenazada de pobreza energética, gastando 10% o más de su ingreso en energía, lo cual también se refleja en el costo de los alimentos.
Creo que los peor está por venir…este invierno será determinante, dijo Kona Haque de la correduría ED&F.
Para complicar el cuadro, Noruega podría reducir la exportación de electricidad hacia el Reino Unido, debido a los efectos de la sequía que afecta al continente y redujo la generación de sus plantas hidroeléctricas responsables por más del 90% de la electricidad del país.

