Los vicios del pasado en un nuevo partido: Impone a delegado patito en Sinaloa; alistan renuncia masiva.
Juan Manuel Acuña Salomón
Más allá del pragmatismo operativo y las excusas de la «viabilidad técnica», la realidad se impone con brutal nitidez: Guadalupe Acosta Naranjo no llegó a la dirigencia de Somos a construir una alternativa ciudadana, sino a replicar las mañas más rancias de la vieja política que juró combatir. Su gestión al frente del proyecto no es la de un articulador, sino la de un virtual cacique de libreta y consigna, acostumbrado a concebir a las entidades federativas como meros feudos de trámite para sus negociaciones en la Ciudad de México.
En Sinaloa, la mano dura de Acosta Naranjo se ha traducido en un ninguneo sistemático a las bases. Es la personificación de esa política de cúpula que decide desde un escritorio en el centro del país quién manda, quién coordina y quién se subordina en los estados.
La imposición de un delegado con funciones ejecutivas —pasando por encima de liderazgos legítimos y del trabajo territorial de decenas de militantes locales— no es un tropiezo táctico; es un acto flagrante de desprecio hacia el esfuerzo ciudadano que levantó la bandera de Somos en la entidad.
La imposición unilateral de este delegado en funciones de presidente —alguien que responde ciegamente a sus órdenes y actúa con absoluta sumisión— ha venido a dar al traste con el nacimiento de este nuevo partido en Sinaloa. Supuestamente, su llegada era una misión temporal de 15 días para mediar en algunos conflictos internos; sin embargo, no solo no medió, sino que empeoró drásticamente las cosas.
Todo indica que le gustó regresar a su tierra: Primero empezó a hablar de postergar su estancia hasta diciembre, y hoy ya amenaza abiertamente con quedarse como delegado en funciones de presidente hasta el final del proceso electoral.

Ningunear de esta manera a los fundadores y militantes de Somos, en Sinaloa, traerá consecuencias severas. Al interior de las estructuras locales ya se discute con firmeza un deslinde público frente a este actuar impositivo, e incluso se contempla una renuncia masiva de integrantes que se niegan a ser comparsas del autoritarismo central.
Acosta Naranjo encarna el dinamismo destructivo de los profesionales del chantaje partidista:
- Trata a Sinaloa como una simple casilla de verificación para cumplir con los requisitos del INE, ignorando la dignidad, el conocimiento y el arraigo de las estructuras regionales.
- Utiliza el escudo cívico y el prestigio del consejo académico como una fachada decorativa para validar decisiones unilaterales e intransigentes.
- Impide la integración democrática del comité estatal a través de los delegados de los 20 municipios, perpetuando un dedazo disfrazado de conveniencia operativa.
El liderazgo de Acosta Naranjo no suma, divide; no motiva, asfixia. Pretender fundar «una nueva opción política» arrastrando los vicios del perredismo más dinosáurico y clientelar es una contradicción biológica.
Sinaloa, junto con otros estados profundamente inconformes con el actuar autocrático de Acosta Naranjo, podría terminar siendo la tumba de este partido a nivel nacional. ¡El tiempo lo dirá!

