Jorge Ruiz
José Alfonso es un hombre atractivo de 34 años; es diseñador de interiores y, sin reparos, confiesa estar enamorado de Lucy, un maniquí que adquirió hace doce años en una tienda de ropa en el centro de la Ciudad de México.
Ella -narra a diarionoticiasweb.org– es una chica amable, coqueta y cariñosa. Desde que la vi, quedé prendido por su imagen: cabello rubio, ojos azules y una figura esbelta.
Pero lo mejor es que puede cambiar de look, color de ojos, tipo de ceja, cabellera, cada vez que yo lo deseo, añade en entrevista exclusiva.
José Alfonso no bromea; él padece Agalmatofilia, una parafilia consistente en sentir deseo sexual hacia un muñeco, maniquí, estatua u otro objeto figurativo similar.
Sobre el tema, la psicóloga Fernanda Miranda explica que la atracción conlleva una urgencia por contacto sexual efectivo con el objeto; o bien, quedar en una mera fantasía de tener encuentros sexuales con el objeto deseado.
El mito de Pigmalión
La experta señala que la agalmatofilia puede también incluir el pigmalionismo, del mito de Pigmalión, que denota amor por un objeto de creación propia.
Esto tiene su origen en un mito griego, en el que un escultor llamado Pigmalión, se enamoró de Galatea, una de sus creaciones.
A tal punto llegó su pasión por la escultura, que la trataba como si estuviera viva, como si fuera una mujer real.
-¿Tiene cura la Agalmatofilia?
Aunque aclaro que los psicólogos, no tenemos autorizado recetar medicamentos. Eso corresponde hacerlo a un psiquiatra o al médico especialista.

