mayo 25, 2026

Jugando con fuego nuclear

Jugando con fuego nuclear

Elisabeth Hellenbroich, desde Wiesbaden*

La brutal realidad y el dilema de la guerra ruso-ucraniana en curso se afianzaron en la reciente reunión cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Vilna, Lituania, los días 11 y 12 de julio. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, suspendió esa reunión, sin aviso de cuando se reiniciará, el procedimiento para el ingreso de Ucrania a la alianza atlántica, aun con la presión de Polonia, de los estados bálticos y de uno que otro halcón occidental.

Su proceder ya había sido anunciado en una entrevista concedida a la CNN, en la que afirmó que Estados Unidos no quiere hacer ninguna promesa a Kiev en ese sentido; si se le diera el acceso, “entonces, todos nosotros estaríamos en guerra,” dijo.

Si bien no dio ningún cronograma, sí recalcó que luego del fin de la guerra Ucrania deberá cumplir ciertas condiciones, “entre ellas la democratización y algunos otros temas de ese tipo.” Según él, el país tendrá que seguir un “camino racional” para calificar para esa adhesión.

Si hubiese un acuerdo, un cese al fuego, un acuerdo de paz, Estados Unidos ofrecería a Ucrania garantías de seguridad como las ofrecidas por Estados Unidos a Israel.

Entre éstas, como observó el Frankfurter Allgemeine Zeitung del 12 de julio, proporcionar armas para que el país pueda defenderse. Israel recibe los aviones caza más modernos, los Lockheed Martin F-35, capaces de cargar armas nucleares. Y de premio de consolación, se creó el “consejo Ucrania-OTAN,” que ya tuvo su primera reunión en Vilna.

Y para que Ucrania se fuera contenta

Se firmó una resolución de garantía de seguridad del G-7 con el rimbombante nombre de “Garantías y acuerdos especiales de seguridad bilaterales y de largo plazo,” que incluyen ayuda financiera, entrega de armas modernas, intercambio de información de los servicios de espionaje, así como medios para fortalecer la capacidad de defensa y seguridad cibernética de Ucrania.

El presidente Volodymyr Zelensky, que al principio de la reunión había criticado algo más que vehementemente la decisión del presidente Biden, al final calificó la reunión de ser una “señal” importante sobre el trayecto de Ucrania hacia la OTAN, y agregó que “nadie quiere una guerra mundial.”

Si hemos de creer esto, hay que ver el artículo del 8 de julio de uno de los principales periodistas del Washington Post, David Ignatius, referente a un informe dado por el consejero de Seguridad Nacional Jake Sullivan. Este, en esencia, afirmó que “Hay mucho que Estados Unidos todavía no sabe sobre la dinámica que le da forma a esta guerra.”

Para Ignatius, la cuestión fundamental que Biden y sus asesores ponderan desde el inicio de la invasión en febrero de 2022 es: ¿cómo Estados Unidos y sus socios de la OTAN pueden ayudar a Ucrania a repeler la invasión de Rusia sin desencadenar un conflicto directo OTAN-Rusia que pudiera conducir al uso de armas nucleares?

De acuerdo con Ignatius, Sullivan “rechazó el punto de vista de ‘no se preocupen,’ de los halcones que insisten en que la amenaza nuclear de Rusia es un absurdo completo.” Para el consejero de la Casa Blanca: “Es una amenaza real. Es algo que tenemos que tomar en serio. Y es la que no evolucionó con el cambio de las condiciones en el terreno. Como dicen los filósofos, esa cuestión del riesgo nuclear es contingente. Nunca es inevitable ni imposible.”

Foto: Pixabay

Emplear armas nucleares tácticas en Ucrania

Respecto a las contingencias de ese conflicto, que presumiblemente se concentraría en un ataque nuclear táctico de Rusia, si Ucrania rompiese las líneas rusas y se colapsaren sus fuerzas convencionales, Sullivan observó que China e India “ven de manera semejante” y están “tratando de indicar a los rusos que sería un movimiento terrible para Rusia… emplear armas nucleares tácticas en Ucrania.”

Ignatius concluye con el cínico comentario de que gracias a la entrega de bombas de racimo de Estados Unidos, Ucrania tendrá municiones suficientes para este ‘juego de espera’ (la esperanza de un gran avance militar de Ucrania) y una ‘ventana más amplia para el éxito.

Otra señal que indica el dilema de Estados Unidos y de la OTAN fue un artículo escrito a ocho manos publicado en el sitio New Atlanticist Council el 11 de junio. Los autores son: Jacques Lanxade, exjefe del Estado Mayor conjunto de las Fuerzas Armadas francesas y exasesor de defensa del presidente François Mitterand; Denis McShane, exsecretario del Asuntos Europeos del Reino Unidos y exdelegado de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN; Margarita Matiopoulos, especialista en defensa y profesora emérita de Seguridad Externa e Internacional de Estados Unidos de la Universidad de Postdam; el General Klaus Naumann, exjefe Adjunto del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas alemanas y expresidente del Comité Militar de la OTAN.

Con el título más que claro de “Europa necesita de una disuasión nuclear propia creíble bajo el comando de la OTAN (¡). Sólo un paraguas nuclear trilateral británico, francés y alemán, combinado con el paraguas nuclear de Estados Unidos, todo bajo el mando y el control del Comandante Supremo Aliado de Europa (SACEUR), será un disuasor creíble para Rusia.”

Eso exigiría que Francia y Alemania, dicen los autores, encontrasen una solución para equipar su Future Combar Air System conjunto -una nueva generación de aviones caza modernos- y los aviones multifuncionales de combate -F-35 alemanes con armas nucleares francesas. Alemania no tendría sus propias armas nucleares, de modo que el arreglo no violaría el tratado de no proliferación nuclear.

Para ellos, Alemania tendría que romper el tabú

Y aceptar una participación más amplia en la disuasión nuclear europea: “Este es el momento para iniciar el debate en Berlín, París y Londres sobre la Iniciativa Europea de Defensa nuclear trilateral francesa, británica y alemana, y la responsabilidad de esas tres potencias de proteger a Europa si el artículo 5 (de la carta de la OTAN) fuese invocado en el peor de los escenarios posibles.”

Eso indica que en Occidente nadie está determinado a enfrentar la realidad de esa guerra y pensar en opciones para una salida pacífica de ella. Lo que la reciente reunión cumbre de Vilna reveló fue el enorme dilema que enfrenta Occidente. Incluyó profundas fracturas en la OTAN, mientras que, luego de un año y medio de guerra, Ucrania se encuentra en un estado económico y financiero deplorable -esencialmente en ruinas, con 8 millones de refugiados y casi 150 mil militares muertos, y otros 100 mil del lado ruso. Se trata de una terrible “guerra de desgaste,” en la que Rusia, según lo expuesto por el profesor John Mearsheimer en un artículo del 23 de junio, “tendrá ventaja y vencerá”.

Sin embargo, él prevé que la guerra durará mucho tiempo, ya que es imposible “cuadrar el círculo” respecto a los intereses rusos y ucranianos.  Y puesto que no existe una unidad real entre los miembros de la OTAN, con excepción de las “sanciones” como menor común denominador, las fracturas están surgiendo en la arquitectura internacional, en la que Estados Unidos está perdiendo lentamente su posición de único “hegemón” -también en términos de hegemonía de dólar, mientras un nuevo orden mundial multipolar está apareciendo con China, Rusia, India y los países del Sur global, la cual determinará el futuro del mundo-.

La famosa RAND Corporation, una buena fuente para investigar las grandes líneas de la política estadounidense, publicó en enero de este año un estudio de 32 páginas titulado “Eviten una guerra larga. La política de Estados Unidos y el curso del conflicto ruso-ucraniano,” en el que subraya que el éxito de la guerra no será determinado en el campo de batalla, lo que da la impresión de que Ucrania podría continuar la lucha con éxito y expulsar militarmente a los rusos.

Al resaltar que la guerra podría transformarse en un conflicto nuclear entre los rusos y la OTAN, el estudio exige la negociación de condiciones que pongan fin a las sanciones contra Rusia al tiempo que promueve la idea de un “conflicto congelado” en los moldes del escenario con el que se cerró la guerra de Corea. La recomendación esencial del estudio es evitar una guerra prolongada, que se transformaría en un fardo financiero para Estados Unidos y sus aliados.

*MSIA Informa

Fotos: WikiImages/Pixabay

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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