diciembre 06, 2022

La chica de la Polaroid y su fallido príncipe azul

La chica de la Polaroid y su fallido príncipe azul

Bolivar Hernandez*
Esta historia ocurre en el año de 1990, y transcurre en Santiago de Chile, después de una larga y cruel dictadura militar de 18 años, y ya con un gobierno civil elegido democráticamente.
En aquellos años trabajaba en la embajada de México en Chile, que recientemente había reanudado relaciones diplomáticas, rotas durante la dictadura de Pinochet.
Nuestra legación diplomática cumplió un papel preponderante después del golpe militar en el año de 1973, asilando a un gran número de chilenos, y a su clase dirigente. Los lazos entre ambos países han sido siempre muy estrechos y fraternos.
En la embajada mexicana
Había frecuentes convivios con los chilenos retornados, los chilmex, que habían formado nuevas familias con mexicanos o bien ya tenían hijos nacidos en México. Pero también acudían retornados chilenos que vivieron el exilio en Europa, en Inglaterra y Suecia, principalmente.
En un convivio con motivo de las fiestas patrias mexicanas, nuestra embajada ofreció un brindis a los retornados y a la colonia mexicana radicada en Chile, y así fue como conocí a Fernanda Contreras, una comunista que vivió en Londres muchos años como exiliada, y que realizó una gran labor para el retorno de la democracia en su país, Chile.
La Fernanda era maestra y hablaba inglés a la perfección , lo que le facilitó su inserción en el campo laboral y trabajaba en un liceo de Santiago.
La embajada mexicana ocupaba una casona con gran jardín en el exclusivo barrio de clase alta, ubicada en Las Condes, una especie de las Lomas de Chapultepec, de Ciudad de México.
Ese día se reunieron cientos de chilenos retornados a su país, y entre ellos Fernanda, una mujer de origen español, de unos 40 años aproximadamente, muy alta, blanca, robusta, guapa, no bonita.
Ella estaba en el jardín de la embajada con un pequeño grupo de amigos comunistas, brindaban por México y por Chile, ya que ambos países celebran en septiembre sus fiestas patrias.
Yo la observaba de lejos y ella a mi también
Más tarde, ella se desprendió de su grupo de amigos y se encaminó hacia mí. Lucia una gran sonrisa, y se movía con soltura, segura de sí misma.
Me dijo: Quiero conocerte, me atraes demasiado y tengo mucha curiosidad de saber de ti. De inmediato concertamos una cita para la semana entrante en su departamento.
La cita ocurrió tal como se estila en Chile, es decir a tomar el té de las cinco como en Inglaterra, allá le dicen tomar once. Ellos se sienten los británicos de sudamericana.
En la hora del té, Fernanda extrajo de su habitación una cámara Polaroid, y volvió muy risueña a la sala donde yo me hallaba. Me pide autorización para sacar varías fotos de mi persona, y yo acepto.
Esa cámara de fotos instantáneas saca las fotos en positivo, es decir no hay película de negativos que después hay que mandar a revelar. Observé que La Fernanda imprimió una gran cantidad de fotos de mi persona. No le di mayor importancia a eso.
En otra cita en su departamento, lindo sitio ubicado frente al Parque Forestal, acudí nuevamente a tomar once, té y galletitas. Y recibí una oferta de matrimonio de Fernanda. Inesperada noticia, me quedo anonadado. Y a continuación me conduce a su habitación y me muestra un decorado insólito.
Un muro completo de su dormitorio estaba tapizado con todas las fotografías que me sacó con su Polaroid, era mural con afanes suyos de demostrarme su admiración y amor.
Después de una sesión de besos y caricias pasé a despedirme de La Fernanda, quien insistía en que me quedara a dormir con ella.
Me desaparecí del radar de ella. Yo, un tanto asustado, pero Fernanda fue a buscarme a la embajada para hablar seriamente conmigo. Ella insiste en su oferta matrimonial y yo me resisto.
Ella me amenaza enseguida, y me dice:
O te vas a vivir conmigo, o me suicido, me tiro a las vías del metro.
Para esas fechas ya me habían comunicado de la Secretaria de Relaciones Exteriores de México, de mí inminente cambio de país.
Me fui de Chile sin saber después que hizo La Fernanda con su vida, sé suicidó o no, ¡vaya usted a saber!
No cabe la menor duda, la chica de la Polaroid era capaz de muchas cosas e, inclusive, la de perder la vida por el hombre de su vida, por el amor que siempre soñó en su duro exilio británico. Pero, ¡ese príncipe azul no era yo!
*La Vaca Filósofa
Foto: Prawny

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Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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