Bolivar Hernandez*
El retrato de Dorian Gray, es el título de la novela famosa del escritor irlandés Oscar Wilde, publicada en el año de 1890, en Londres.
Es un tratado sobre la obsesión del poder de la juventud y la belleza en el ser humano. Es el caso de un chico guapo que no quiere envejecer y prefiere que el retrato, en su lugar, acuse el paso del tiempo.
El pacto con el diablo
Consiste en vender el alma a Lucifer, a cambio de algo muy importante, como puede ser conservar la eterna juventud; o como en la novela de Goethe, Fausto, el protagonista vende su alma al diablo a cambio del conocimiento ilimitado y los placeres mundanos.
Ese término vulgar de decir que alguien vendió su alma al diablo, se refiere en nuestra sociedad a las personas que, al parecer, nunca envejecen.
El tema del envejecimiento en nuestras sociedades occidentales
Es una preocupación constante por alcanzar la eterna juventud. Ésta, es una etapa de la vida sobrevalorada en Occidente. Todos quieren ser eternos jovencitos y nunca envejecer, y hacen todo lo posible para conservar rasgos juveniles en su rostro, sobretodo.
La cirugía estética, ese gran negocio de los cirujanos plásticos, los que finalmente ocasionan daños irreversibles en los individuos que modifican sus rasgos faciales o corporales, hasta convertirse en caricaturas de sí mismos.
Las mujeres con cirugías faciales, sobre todo ellas y algunos varones también, muestran rostros idénticos de belleza: nariz respingaba, pómulos salientes, labios gruesos, sin papada y sin bolsas bajas en los ojos.
Parecen todas operadas por el mismo cirujano plástico.

Los conquistadores españoles desde el siglo XVI
Buscaron en América no solo metales preciosos, sino también la fuente de la eterna juventud, que creyeron haberla encontrando en la Florida, en los EEUU.
Más allá de los pactos diabólicos para conservar la juventud o la longevidad en los seres humanos, existe una verdad absoluta:
La genética como base y determinados estilos de vida sana, para que, en conjunto, se alcance la longevidad y no tanto la juventud perenne.
No tengo ningún pacto con el diablo sino consigo mismo. Desde muy jovencito me propuse no dañar mi organismo consumiendo sustancias nocivas (drogas, alcohol, cigarrillos, y alimentos chatarra o basura). Los he evitado toda mi vida. Me sorprende mi intuición juvenil del cuidado de mi mente y de mi cuerpo a tan temprana edad.
No solo no consumo refrescos embotellados ni comida chatarra, sino que también no he dejado, desde entonces, de hacer ejercicios físicos e intelectuales (como resolver crucigramas, armar rompecabezas de mil piezas, etcétera).
Los ejercicios físicos me han acompañado toda mi vida: jogging, carreras a campo traviesa, ciclismo, senderismo, futbol, Ping pon, squash y natación, cuando ello es posible.
A diferencia de mis cuatro hermanos menores
No padezco de hipertensión arterial ni diabetes. Ni tampoco de sobrepeso.
He sido vegetariano por varias décadas, porque no digiero la carne. Soy intolerable a la lactosa desde niño, no bebo leche jamás. No consumo dulces ni caramelos. Como frutas y verduras, y jamás en forma de jugos o licuados.
Aparte, sigo un régimen alimenticio denominado Ayuno intermitente, que consiste en comer poco y sanamente y ayunar, muchas horas al día.
Soy un hombre jovial en el pensamiento y también en el atuendo diario, ya que no me agrada vestir como una persona anciana, no me siento cómodo.
Uso tenis, pantalones de mezclilla de tubo, playeras de todos los colores posibles.
Colofón
Me decidí, a los 18 años, cuidar de mi cuerpo como si fuera un templo, como dirían los budistas. Sin tregua voluntaria, salvo cuando luché contra un cáncer fulminante, y entré en un receso obligado para dar paso a las quimios y las radioterapias.
Tardé varios años en poder desintoxicar mi cuerpo del exceso de medicamentos consumidos por espacio de dos años, mientras vencía el cáncer.
Soy sobreviviente del cáncer, mientras que mis progenitores no lograron superar el cáncer y vivieron alrededor de 73 años, solamente. Yo estoy celebrando 77 años, y me sigo cuidando con plena consciencia de mi cuerpo y mente.
No hay fórmulas o recetas mágicas, ¡No!
Una sola recomendación me atrevo a sugerir: Constancia, disciplina y perseverancia. No son sinónimos, sino similares simplemente.
¡Hasta pronto, jóvenes de espíritu!, éste no se arruga jamás, la vida es bella, ¡no lo olviden!
*La vaca filósofa.

