mayo 31, 2026

La desindustrialización de Brasil

La desindustrialización de Brasil

MSIa Informa

Un artículo del empresario Carlos Rodolfo Schneider, en el periódico Estado de São Paulo del 16 de noviembre (“Redescubriendo la importancia de la industria”), es el enésimo grito de advertencia sobre el acelerado ritmo de deterioro de la industria brasileña. Miembro del Consejo Superior de Economía de la Federación de Industria del Estado de São Paulo (FIESP) y del Consejo Empresarial de América Latina, Schneider hizo un resumen alarmante de un proceso que ocurre ante la pasividad generalizada de los grupos dirigentes nacionales.

Así dijo:

La industria de la transformación es el sector que más invierte en innovación (69 por ciento de la inversión empresarial en investigación de Brasil, la que recoge más tributos, la que paga los salarios más altos (de la iniciativa privada) y la que genera el efecto multiplicador más grande: de cada real producido, se generan 2,40 reales en la economía brasileña, ante un real 66 de la agricultura y de un real 49 del sector de comercio y servicios. Pero, en las últimas cuatro décadas, el sector se ha encogido en el país por falta de atención de la política pública y por el deterioro de la competitividad de nuestra economía, el famoso costo Brasil. Según el IBGE, en 1980, representaba 33,70 por ciento del PIB a precios corrientes, y en 2018, tan sólo 1,31 por ciento.

Haciendo referencia a un estudio de los economistas Paulo César Morceiro y Milene Tessarin, de la Universidad de Sao Paulo (USP) sobre la desindustrialización de 30 países que representan 90 por ciento de la industria mundial, observó que el ejemplo brasileño es el más grave, como atestiguan los números.

Brasil tenía en 1980 el sexto parque industrial más grande del mundo

Responsable de 4,1 por ciento de la producción mundial, contra 1,65 por ciento de China. En 2019, según la Organización de Naciones para el Desarrollo Industrial (UNIDO), la participación de Brasil en el valor agregado de la industria mundial había caído al 1,19 por ciento, lo que dejaba al país en la posición 16, atrás de Turquía (15), Rusia (13), México (11), Indonesia (10), India (5) y China (1). Es decir, en tan sólo cuatro décadas, la industria nacional pasó de ser 2,5 veces mayor que la de China a ser 25 veces menor. En palabras de Schneider, “Una buena caída, acentuada por el agravante denominado especialización regresiva, que significa que los sectores de mayor valor agregado ceden espacio a productos básicos vinculados a las ‘commodities’, consecuencia justamente del costo Brasil”.

A propósito del célebre costo Brasil, explica:

“Como los costos de producción en Brasil son más altos, cuando más larga es la cadena productiva, mayor es el desfase del fin. Esto lleva a la concentración en el inicio de la cadena, con poca agregación de valor. Es más productivo, por ejemplo, exportar soya en grano que aceite de soya.

El gobierno federal estimó en 2019 el costo Brasil en 1.500 millones de reales por año. Es lo que cuestan las ineficiencias estructurales, burocráticas y económicas que comprometen la competitividad de nuestras empresas. Se empieza con la caótica estructura de impuestos, que obliga a un gasto de horas siete veces mayor para tratar de pagar correctamente los tributos (1.509 horas/año, según el Banco Mundial, ante el promedio mundial de 226 horas/año).

Esto absorbe 1,2 por ciento de la facturación de las empresas industriales, número 9,3 veces más elevado que el de los principales socios comerciales. Además de que en Brasil no existe isonomía en la tributación, y la industria es la más paga: respondía en 2019 por el 26 por ciento de los tributos federales, con una participación de 11,3 por ciento del PIB.

En 2019, el país registró el décimo segundo año consecutivo de balance comercial sectorial negativo, con un déficit de 34,1 mil millones de dólares de acuerdo con el Instituto de Estudios para el Desarrollo Industrial (IEDI), una de las raras entidades nacionales que se ha empeñado en arar en el desierto contra tal situación. Para complicar más las cosas, dice Schneider, la caída de las exportaciones fue cuatro veces más acentuada en los ramos de la tecnología alta y media que en los de tecnología baja, lo que confirma la tendencia de “reprimarización” del sector.

Schneider cita al director general de la UNIDO, Li Yong, quien destaca la importancia de la política industrial para la prosperidad sostenible a largo plazo, debido a tres factores básicos: mayor productividad respecto a la agricultura y a los servicios; mayor efecto multiplicador en la economía; el sector que genera más innovaciones y avances tecnológicos. Según él, eso ayuda a explicar tanto la evolución socioeconómica de países que han fortalecido sus industrias, como los del sudeste asiático, así como el estancamiento de Brasil a causa de la desindustrialización.

Foto: Lteixeira 

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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