Lorenzo Carrasco*
Permítanme parafrasear aquí la célebre frase del general prusiano Carl von Clausewitz, autor de la obra clásica De la guerra, para señalar que lo que está en juego en este momento de cambio de época no es nada más el detentor de una nueva hegemonía económica, política y militar mundial -que no habrá tal-. Rusia no atacó a Ucrania para establecer una hegemonía militar en Europa, sino la garantía de seguridad de sus fronteras.
Hecho con consecuencias benignas para todo el sistema de seguridad europeo, que se debe fundar en la soberanía de todos los estados, a pesar de encontrarse bastante frágil por la pretensión de la OTAN y de Estados Unidos de dominar a Rusia y de someter al resto de Europa a sus designios -estos, sí, hegemónicos-.
Por primera vez en la Historia, efectivamente, la aparición de un mundo multipolar choca con toda la lógica de la trampa de Tucídides, según la cual todo el poder hegemónico es sustituido por otro poder hegemónico por medio de una guerra decisiva.
Se trata de una lucha cultural y espiritual por los destinos de la humanidad
De un lado, los principales mentores del Occidente pro hegemónico defienden los valores del orden liberal global según sus propias reglas –el orden basado en reglas-. Para ellos, la victoria de la Rusia de Vladímir Putin en Ucrania implicaría el derrocamiento de todos los valores “contraculturales” que vienen promoviendo desde más de hace medio siglo. El andamiaje contracultural antinacional, antirreligioso y antinatural está demoliendo las estructuras sociales y la salud mental de la población de Occidente en su conjunto.
La ausencia de principios de trascendencia ya causó una pandemia psiquiátrica en la que gran parte de la población presenta síntomas de ansiedad y de depresión. Resulta irónico que todo ese cuadro repercuta también en el reclutamiento militar. Lo que tales ideólogos que formularon con sus descabelladas tesis del Fin de la Historia o del Nuevo siglo americano, para mencionar tan sólo algunas de sus denominaciones, era la ilusión utópica de establecer la paz perpetua bajo el dominio de una virtual estructura de gobierno mundial.
Como prerrequisito de esa paz, luego de la caída del Imperio Soviético, se promovió la implantación de un Nuevo Orden Mundial, que pretendía la sumisión de los estados nacionales a tales estructuras mundiales y a la promoción de ideologías subversivas de los valores cristianos de la persona humana como, por ejemplo: la ideología de género y la agenda LGTB.
El estallido de la guerra de Ucrania hizo saltar en pedazos la farsa del orden liberal mundial, tanto en la economía como en las finanzas y en la política contracultural; apagó las luces de la falsa luz perpetua.
La persistencia de los intereses hegemónicos en el eje euroatlántico en mantener las ilusiones de ese orden liberal y la persistencia del apoyo irrestricto a Ucrania con la ilusión del desgaste del poderío militar ruso es lo que podrá no solamente prolongar la guerra por un periodo indefinido, sino acercarla a la realidad de un conflicto nuclear.
Así pues, esperemos que el año que no terminó no haya abierto el camino a una catástrofe sin precedentes en la historia de la humanidad, sino limpiado el sendero hacia un orden multipolar más justo.
*Presidente del MSIA

