En la reunión cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) realizada en Madrid los días 29 y 30 de junio, se constató el deseo de hacer de la antigua alianza atlántica una fuerza militar de alcance mundial al servicio de los centros de poder hegemónicos encuartelados en Washington, Londres y Bruselas, la Hegemósfera. En la reunión, que siguió la del G-7 en Elmau, Alemania del 26 al 28 de junio, se presentó el envalentonado Concepto Estratégico 2022 de la OTAN, el cual identifica a Rusia y, por primera vez, a China, como las principales amenazas al “orden internacional basado en reglas”, eufemismo utilizado para calificar la total libertad de acción de los centros de control de las potencias occidentales.
El documento señala:
La Federación Rusa es la amenaza más significativa y directa a la seguridad de los Aliados y a la paz y la estabilidad en la zona euroatlántica… Su postura militar coercitiva, retórica y disposición comprobada de recurrir a la fuerza para alcanzar sus objetivos políticos debilita el orden internacional basado en reglas… Las ambiciones declaradas de la República Popular de China (RPC) y sus políticas coercitivas desafían nuestros intereses, seguridad y valores…
Para reforzar la expansión del alcance de la alianza, además de los dos nuevos candidatos europeos a integrarla, las ex neutrales Suecia y Finlandia, también fueron invitados a la reunión cumbre de Madrid los representantes oficiales de Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelandia, países que pretende consolidar una “Alianza del Pacífico” contra Pequín. En un discurso pronunciado en el Instituto Hudson de Washington el 24 de junio, el exdirector general de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el exsecretario de Estado Mike Pompeo, uno de los portavoces más agresivos y ruidosos del Establishment anunció el plan en marcha -evitar la consolidación del eje geoestratégico-geoeconómico euroasiático:
Debemos actuar en concierto con nuestros aliados para establecer una claridad estratégica inequívoca, tanto para (el presidente) Vladímir Putin como para (el presidente) Xi Jinping. Debemos evitar la formación de un coloso pan euroasiático que incorpore a Rusia, pero liderado por China. Para hacerlo, tenemos que reforzar la OTAN.
Al movernos más allá de nuestro actual foco geoestratégico, Estados Unidos debe ayudar a construir los tres grandes faros de la libertad. Estos faros se deben centrar en naciones que tienen grandes luchas: Ucrania, Israel y Taiwán. Ellas pueden ser los polos de la nueva arquitectura de seguridad que una globalmente las alianzas de naciones libres (sic), reforzando las fuerzas de cada Estado miembro, vinculando esos tres bastiones a la OTAN, de manera que el nuevo andamiaje de seguridad expandido al Indo-Pacífico forme una alianza mundial para la libertad. Esto beneficiará a Estados Unidos.
La necesidad de esa red de alianzas es patente y no puede tardar. El mundo se hizo más pequeño como para que los países libres (sic) no sean parte de algo más grande, que evite los conflictos armados, en lugar de reaccionar a ellos.
Sin embargo, más que una demostración de fuerza, la súper extensión de la gendarmería mundial puede acabar actuando como el vicio de la expansión, que demostró ser mortal para todas las estructuras de poder imperiales a lo largo de la historia.


Al movernos más allá de nuestro actual foco geoestratégico, Estados Unidos debe ayudar a construir los tres grandes faros de la libertad. Estos faros se deben centrar en naciones que tienen grandes luchas: Ucrania, Israel y Taiwán. Ellas pueden ser los polos de la nueva arquitectura de seguridad que una globalmente las alianzas de naciones libres (sic), reforzando las fuerzas de cada Estado miembro, vinculando esos tres bastiones a la OTAN, de manera que el nuevo andamiaje de seguridad expandido al Indo-Pacífico forme una alianza mundial para la libertad. Esto beneficiará a Estados Unidos.