La no intervención, la autodeterminación como expresión de la libre voluntad de los pueblos, excluye beligerancias inconsistentes y reñidas con el total respeto que mantenemos a la soberanía de las naciones: Arturo Umberto Illia, expresidente de Argentina
Mary Sandoval*
Todos en algún momento hemos escuchado hablar sobre la palabra soberanía y del México soberano. ¿Pero realmente sabemos qué significa ello? Algunos se cortarán las venas con una galleta de animalitos y dirán que la soberanía es defender a México ante el extranjero. Empero, el concepto de soberanía es más complejo:
La soberanía es el poder político supremo que corresponde a un estado independiente, sin interferencias externas. En teoría política, la soberanía es un sustantivo que designa la autoridad suprema que posee el poder último e inapelable sobre algún sistema de gobierno.
En los artículos 39 y 41 de la Constitución, se hace mención de la soberanía y en quien recae:
Art.39: La soberanía reside esencial y originalmente en el pueblo, y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo el tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.
Art. 41: El pueblo ejerce su soberanía por medio de los poderes de la Unión, en los casos de las competencias de éstos por la de los estados, en lo que toca a sus regímenes interiores, en los términos respectivamente establecidos por la presente Constitución Federal y las particulares de cada estado, las que en ningún caso podrán contravenir las estipulaciones del pacto federal.
En el papel, el concepto de soberanía enaltece a cualquier sistema democrático, pero en la partidocracia mexicana, el concepto se deforma y se acomoda a la conveniencia de los políticos y de sus partidos.
Los políticos mexicanos, en la añeja y rancia política que enaltecen, únicamente aplican y utilizan el concepto de soberanía en la retórica, para adornar sus discursos, incluso, para mover a los colectivos y hasta para convocar al voto.
Pero no para defender, con estoicismo, a la Patria ni a los ciudadanos de malsanas ambiciones de los grupos de poder, porque ellos mismos forma parte de éstos.
Está claro que sin desarrollo nacional no hay bienestar ni progreso. Cuando hay miseria y atraso, como el existente en México, no sólo sucumben la democracia y la libertad, sino que corre serio peligro la soberanía nacional.

AMLO, un gran manipulador
El presidente de la 4T se rasga las vestiduras ante las consultas de los gobiernos de Canadá y Estados Unidos sobre violaciones al tratado comercial entre los tres países, el T-MEC. Bajo su lógica mesiánica trasnochada, arguye que las posiciones de sus socios, constituyen un atentado a la soberanía mexicana.
Politiza un instrumento internacional en materia de comercio exterior solo para quedar, ante sus adeptos que lo siguen, como un prócer, con fines electoreros. A decir de analistas políticos, es probable que estire el tema hasta la estratégica elección de gobernador en el Estado de México.
Y con su capacidad discursiva, con el proceso electoral muy avanzado o concluido, alegará que defendió la soberanía, que ya no es como antes, que él no es pelele de Estados Unidos.
Si bien cuando al usar la soberanía y la voluntad popular se procura el bien del país donde se ha nacido, se ejerce un acto de virtud del patriotismo, porque la patria es esencialmente la tierra natal. Sin embargo, la soberanía en tiempos de López Obrador, es solo una trampa, un incendiario discurso demagógico en aras de preparar el terreno para futuras elecciones, especialmente las del 2023 y 2024. ¡Que tanto lo inquietan!
Fotos: Twitter/Pixabay


