Los espejos venenosos (Editorial Sexto Piso), reúne los mejores relatos del gran escritor serbio Milorad Pavić, hasta ahora inéditos en nuestra lengua.
Asombrosas narraciones en las que, incluso, el tiempo se bifurca, se descompone; en las que todo es el eco, el reflejo o el doble de algo; en las que siempre parece haber un misterio por resolver y donde convergen realidad y mito, pasado y futuro.
Muchos de estos cuentos son un ejemplo fascinante del modo en que la literatura y los sueños se entrelazan con nuestras vidas hasta devenir indistinguibles y, en ocasiones, proféticos.
CON UN SUSURRO APENAS PERCEPTIBLE
LAS ALMOHADAS… Estos cuentos fueron precedidos por una
tarea aparentemente común que todos hemos hecho al menos
alguna vez, aunque muchos, hasta miles de veces… Porque estos cuentos son como las almohadas que por la mañana sacudimos y dejamos en los alféizares para que se asoleen, y el aire
y el calor inunden las plumas en su interior. Estos cuentos son
almohadas esponjadas que después regresamos a las cabeceras
de nuestras camas con sábanas alisadas, o recién cambiadas, si
es que se trata del «solemne» día en que cambiamos la ropa
de cama semanalmente… Estos cuentos son almohadas cuyas
plumas-palabras de noche, con un susurro apenas perceptible, se adaptan de nuevo al cuello y a la cabeza del durmiente,
dependiendo de cómo este descansa, de lado o boca arriba.
A propósito, Milorad Pavic´ solía escribir en la cama las primeras versiones de sus poemas, textos dramáticos, cuentos y novelas, apoyado en una almohada enderezada, por lo que también
podría decirse que escribía según la forma de sus ensoñaciones.
EL LECHO… Este, el lecho, es el lugar del amor, lugar donde
se engendra la descendencia, el lugar de donde uno puede irse
lo más lejos posible sin mucho movimiento… Ahí, en las horas
nocturnas, con un libro caído sobre el pecho, el lector cruza la
frontera entre la vigilia y el sueño casi inadvertidamente, y por
la mañana, lleva al otro lado lo imprescindible para sobrevivir la cotidianeidad.
Como ya se dijo, el lecho es también el lugar donde uno
puede escribir… Por ello, no parece casualidad que el afamado Diccionario jázaro haya nacido el día en que Milorad Pavic´colocó sobre la cama («cubierta de terciopelo morado»), en
su dormitorio («bañado de sol»), cuarenta y siete pedacitos
de papel («inicios de capítulos» de la obra que lo haría mundialmente famoso)…

