Sergio Uzeta
Hace unos días, en una charla de café salió a la conversación el tema de los operadores políticos. Uno de los contertulios reconoció que el mejor operador político del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, era el mismo AMLO.
Entonces comentamos que, en tiempos recientes, ha habido varios personajes cercanos a la llamada Cuarta Transformación o 4T, que han querido figurar como los más influyentes en el entorno presidencial. Es el caso de Julio Scherer Ibarra, quien fue Consejero Jurídico de la presidencia hasta septiembre del 2021; un personaje al que le gusta operar en la sombra, tenebroso, negociante de la justicia, y operador de temas jurídicos.
López Obrador le tenía afecto y confianza hasta que, según Hernán Gómez en su libro Traición en Palacio: “El negocio de la Justicia en la 4T, el presidente lo hizo a un lado, tras descubrir que operaba una presunta red de negocios judiciales en el país y había cometido una serie de actos de deslealtad a su proyecto político”.
Estos operadores, que se inflan a sí mismos para ganar el oído presidencial, pululan en Palacio Nacional. El ejemplo más claro lo vemos todos los días en la conferencia mañanera, con el vocero presidencial Jesús Ramírez Cuevas, quien acompaña al presidente, siempre de pie junto a los operadores de las computadoras.
Resulta que Jesús desconoce lo que significa ser un verdadero operador político, mucho menos lo que es una negociación política o ser un verdadero comunicador influyente.
El oficio del operador no es algo que dependa únicamente de títulos académicos
Sino más bien de ciertas habilidades que tienen que ver con saber leer el proyecto político del jefe e interpretar la realidad tal cual es. Un buen operador rehúye de los reflectores, trabaja en el anonimato y sabe tratar los asuntos con delicadeza.
Además, influye sin ser mal interpretado, aconseja a su jefe en forma adecuada y logra encumbrarlo de manera suave y discreta. Hay quienes aspiran a parecerse a Maquiavelo o a Charles Maurice de Talleyrand, pero para ello se requiere talento, capacidad y experiencia probada.
No es el caso de los personajes de comunicación de la 4T, los propagandistas del bando duro de Morena como el propio vocero presidencial y el controvertido presidente del Sistema Público de Radiodifusión, Jenaro Villamil.
Ambos personajes han tratado de operar sin ser vistos, han pretendido ser el monje negro que necesitan los políticos a su lado, pero dejan huellas por todas partes de sus malos manejos. Ejemplos hay varios como la guerra que emprendieron contra el súper policía, Omar García Harfuch, para que no llegara a ser el candidato de Morena a la jefatura de gobierno de la CDMX.

Hay otras evidencias de sus torpezas como lo ocurrido con la liquidación de la agencia de noticias Notimex y su última directora, Sanjuana Martínez, y el supuesto hackeo que se hizo de una “parte de la base de datos” de los periodistas que cubren la conferencia mañanera de López Obrador.
Ante preguntas simples, el muy venido a menos Ramírez Cuevas, no pudo contestar sobre las afirmaciones hechas por el propio presidente, en cuanto a que la base de datos fue robada por la oposición.
Perturbado y molesto, sólo alcanzó a responder que esa pregunta se la tendrían que hacer al propio presidente, lo que pone en evidencia que Jesús nunca se dio cuenta que él es el vocero de presidencia, por lo cual le tiró la bolita para arriba, a su propio jefe, para que este tema nunca se aclare.
En síntesis
Los verdaderos operadores políticos han sido hechos a un lado en el proyecto de la 4T, porque AMLO es el gran operador; pero a estas alturas del partido no es conveniente y, en un año electoral podría ser fatal, si se quiere que el proyecto de la 4T continúe.
Esto aplica también para el entorno de la abanderada presidencial de Morena, Claudia Sheinbaum, donde los operadores políticos eficaces brillan por su ausencia y, porque hasta este momento, el verdadero operador de la candidata es el propio López Obrador, quien repite que al terminar su mandato se irá a su finca ubicada en Palenque, Chiapas.
Ni de cerca, ni de lejos se ve a alguien eficaz que esté operando políticamente para la doctora Sheinbaum. Esos vacíos los llena AMLO, pero ¿qué va a pasar cuando él ya no esté en la silla presidencial?

