julio 18, 2026

Los niños, protagonistas de actos filantrópicos

Los niños, protagonistas de actos filantrópicos

Qué maravilloso es que nadie necesite esperar un solo momento antes de comenzar a mejorar el mundo: Ana Frank

Bolivar Hernandez*
Tengo varias y lindas historias con niños filántropos, esos seres únicos que tratan bien a sus semejantes en forma desinteresada.
La relación que he mantenido a lo largo de mi vida con los niños, ha sido a través del arte, la pintura.
Hace muchos años cuando vivía en la bella ciudad colonial de Querétaro, ofrecía talleres de literatura para adultos, pero algunos niños deseaban tomar mi taller, y yo accedí. Admití a una decena de niños inquietos y creativos para contar historias e ilustrarlas con dibujos propios.
Les propuse contar un cuento por escrito y también ilustrarlo con dibujos, el éxito del taller fue espectacular.
Diez años después del taller de Querétaro, impartí un taller de dibujo y pintura para niños, y esta actividad fue patrocinada por la Delegación Cuauhtémoc de la Ciudad de México.
El taller era los fines de semana, en un parque cercano al mercado de San Juan, en el Centro Histórico. Mis alumnos, curiosamente, eran en su mayoría coreanos. Ya que hay una gran migración de orientales a la Ciudad de México, para dedicarse a fabricar ropa. Los niños coreanos no hablan español, pero disfrutan pintar y dibujar.
Siempre los pequeños están muy agradecidos conmigo por mis enseñanzas de arte pictórico, y por mi paciencia, que es una virtud muy escasa en mi.
Hace poco tiempo…
Le di clases particulares de dibujo y pintura a una linda niña, Victoria, hija de mi buena amiga Aisa. Hicimos cosas lindas, cuadros hermosos.
Mi enseñanza básica a Victoria consistió en aconsejarle que debía pintar con absoluta libertad, sin copiar, y que creara sus propios personajes y temas a dibujar y pintar.
En estos casos donde la relación es directa y constante con los niños, se genera una corriente de simpatía mutua.
Lo que voy a narrar a continuación son hechos insólitos
Durante un viaje por Europa, durante el cual visité los museos de arte más importantes de la cultura occidental, terminaba los extenuantes recorridos por esos recintos llenos de turistas de todo el mundo, y salía a los parques o jardines cercanos a dibujar en una carpeta y a lápiz solamente, algún motivo arquitectónico o de la naturaleza.
Estaba yo sentado en el suelo dibujando muy entretenido, cuando aparece una niña de unos 12 años con sus padres, se coloca detrás de mi, y observa los trazos a lápiz. No dice nada.
Yo tenía la mochila a un lado, abierta, y la niña pone dentro de ella, un par de billetes, euros. Me sonríe y se retira con sus padres. Me quedo perplejo con ese acto de generosidad de la niña, por ser algo inesperado e insólito.

Foto: klimkin

Hoy 12 de mayo del 2021
Ocurre algo similar, al acto aquel de la niña parisina.
Voy a desayunar a un restaurante “mexicano”, llamado los Cebollines, y por lo regular como solo y me entretengo escribiendo historias y dibujando a lápiz también. Hago abstracción de mi entorno y me concentro en mis tareas creativas. No percibo el exterior, ni los ruidos ni las personas que están ahí.
¡Llevo horas sentado creando cosas, imágenes y fabulas!
De pronto, un niño de unos 5 o 6 años, se me acerca a conversar conmigo. Está muy curioso de saber qué hago con ese lápiz de dibujo. Sus padres observan la escena a dos metros de distancia, con una sonrisa en sus rostros.
Le dedico al niño, que dice llamarse Robert Edward, unos minutos de atención, y le explico, con mucha paciencia, lo que dibujo y le cuento una mini historia para explicarle desde cuándo pinto y escribo.
Me manifiesta el pequeño que me admira por ser artista, usa ese término. Y le prometí regalarle una pintura mía, la próxima vez que nos encontremos en ese restaurante mexicano, una acuarela.
A punto de retirarse el niño, luego de un breve diálogo simpático conmigo, ocurre lo siguiente:
El niño Robert Edward, extrae de su bolsillo derecho de su pantalón un par de billetes, su domingo, y me los da en la mano. Veo a sus padres con una mirada de interrogación, ¿qué es esto?, les inquiero con un gesto de sorpresa.
Ellos me expresan con gestos elocuentes que reciba yo ese dinero del niño. La cantidad del obsequio es lo de menos, es insignificante, pero el detalle del niño fue conmovedor.
Obviamente no quería admitir ese regalo monetario del chiquillo, yo estaba incrédulo ante ese acto peculiar. Pero sus padres insistieron en que lo aceptara, porque era el deseo del hijo.
Soy un hombre muy afortunado en la vida, sin duda alguna.
*La vaca filósofa.
Fotos: Bessi/klimkin

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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