mayo 15, 2026

Los programas nucleares de Irán y Brasil

Los programas nucleares de Irán y Brasil

Los ataques descargados por Israel y por Estados Unidos en su contra pusieron a Irán en el centro de la atención de los asuntos internacionales; dado el peligro de estallido de una guerra generalizada y de hasta un conflicto nuclear, muchos se preguntan, ¿cuál es el alcance del programa nuclear iraní?

Arthur Kowarski*

El programa, ciertamente, se remonta al gobierno del Sha Reza Pahlevi (1941-1979). Irán fue una de las primeras mecas de la explotación petrolera del Medio Oriente, desde la creación de la Compañía Petrolera Anglo-Persa (Anglo-Persian Oil Company), en manos de los británicos. En el gobierno del primer ministro Mohammed Mossadegh (1951-53), la empresa fue nacionalizada -lo que generó una fuerte reacción, primero con un embargo contra el petróleo iraní y luego con el golpe de Estado que derrocó a Mossadegh.

Tras el golpe, el Sha asumió las funciones del gobierno, entablando una relación más cercana a Occidente y al naciente Estado de Israel. Por el Acuerdo del Petróleo de 1954, el petróleo del país pasó a manos de un holding, del cual la mitad del capital, en particular las instalaciones de producción y refinación de Irán, quedaba bajo el dominio de la Cía. Nacional Petrolera de Irán (National Iranian Oil Company, NIOC) y la otra mitad en el de una empresa con sede en Holanda, representante de las grandes empresas petroleras de Estados Unidos, el Reino Unido y Francia.

Aún con esta limitación, que le otorgaba el respaldo internacional de esos países, el Sha se embarcó en una proyecto de modernización del país conocido como Revolución Blanca, iniciado en 1963, contenía  programas de interés nacional, la reforma agraria (con indemnización de los propietarios en forma de bonos y acciones en empresas privatizadas), medidas de participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas, el voto femenino, una campaña de alfabetización y de educación obligatoria, la institución del sistema de asistencia y la nacionalización de los recursos hidráulicos.

Al mismo tiempo, ese proyecto de desarrollo, que alcanzó resultados positivos en las décadas de 1960 y 70, exigió una planeación energética en la que la matriz energética no podía reducirse al petróleo, había una preocupación para diversificar la producción petrolera no limitando su uso al de combustible, sino también en la industria petroquímica dirigida a la producción de plásticos. Así surgió el programa nuclear, con la colaboración de Estados Unidos, y la adhesión de Irán a la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) y al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP).

En los años 1970, el crecimiento de la economía iraní, el haberse convertido en una de las grandes potencia militares regionales y dentro de las diez fuerzas armadas mejor equipadas del mundo, le permitió a Irán renegociar los términos del acuerdo de 1954, con lo que obtuvo un dominio mayor de los precios de producción de petróleo y acelerar su programa nuclear. A mediados de la década se firmaron acuerdos con Framatome francesa y Siemens alemana para la construcción de 23 reactores con capacidad para generar 23.000 megavatios de electricidad en 20 años. Un acuerdo semejante al acuerdo que Brasil selló con Alemania en el mismo periodo, pero con un alcance mayor.

En esa misma época, el Sha hizo un cambio en su política exterior, en busca de más cercanía con los países árabes, en detrimento de Israel, con el que había colaborado para crear su temida policía de Estado, la SAVAK, que practicaba la tortura con los opositores. Visitó Irak y Arabia Saudita en 1975, así como la Unión Soviética, en 1976. Como prueba de buena voluntad, el gobierno iraquí expulso del país al ayatola Jomeini, uno de los líderes de la oposición religiosa en el exilio al Sha, donde se encontraba desde 1964.

Más aún, el gobierno del Sha, quien ya tenía un cáncer linfático diagnosticado, no terminó bien. Framatome canceló el contrato y hubo presión internacional, sobre todo de la AIEA, para imponer controles y burocracia mayor en el programa nuclear. En Alemania, Jürgen Ponto, presidente del Dresdner Bank, uno de los principales financiadores del proyecto, fue asesinado en 1977 por la guerrilla anarcocomunista RAF, la banda Baader-Meinhof, grupo muy posiblemente infiltrada por los servicios de espionaje de diversos países. En el momento que murió, Ponto se preparaba para un viaje a Brasil, donde trataría el acuerdo nuclear con el gobierno brasileño.

Fuera de Irak, Jomeini se refugió en París, donde encabezó la oposición al Sha, con el apoyo de representantes de la intelectualidad francesa comprometida antes en las grandes manifestaciones de mayo de 1968.

En 1978, mientras una serie de protestas y huelgas paralizaban Irán, el filósofo Michel Foucault, férreo opositor al sistema de prisiones y de manicomios, se involucraba en esos movimientos con la participación de militantes chiítas, siendo corresponsal de prensa de periódicos franceses e italianos. Al mismo tiempo, el gobierno del Sha acusaba a la BBC británica de fomentar las protestas con programas en farsi para incitar las revueltas.

En febrero de 1979, cayó el gobierno y el fanático Jomeini asumió el puesto de líder supremo de la instituida República Islámica. La NIOC, entro en control de las operaciones del petróleo y la desorganización momentánea de la producción generó la caída de la oferta, aprovechada por los especuladores internacionales para promover el aumento de hasta 120 por ciento de los precios en menos de dos años, el llamado Segundo choque del petróleo.

El programa nuclear quedó paralizado por más de una década

Fue reiniciado tímidamente en la década de 1990, luego de la muerte de Jomeini. El ayatola reprobaba el uso de la energía nuclear, a la que veía como un símbolo del imperialismo occidental, y declaró una fatwa (condenación legal religiosa) contra las armas atómicas, sostenida por su sucesor Ali Jamanei.

Desde entonces, la República Islámica ha presenciado el debilitamiento de diversos actores regionales del Medio Oriente, Irak, invadido por Estados Unidos en 2003, con el pretexto de que estaría desarrollando “armas de destrucción masiva,” y Siria, con más de una década de guerra civil, que resultó en la caída del régimen de Bashar al-Assad, en 2024.

Aun y siendo parte del TNP y estando sometido a las inspecciones de la AIEA, Irán sufrió fuertes presiones internacionales sobre su programa nuclear. En 2006 y 2010 el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (NU), le impuso sanciones aliviadas por la firma del Plan de Acción Conjunto Global (JCPOA), en 2015, pero que fue abandonado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en 2018.

Imagen: Tumisu

Paralelo con el ejemplo brasileño

Así como en el caso Iraní, tanto Brasil como Alemania sufrieron presiones sobre el acuerdo nuclear de 1975, que preveía la construcción de ocho reactores nucleares, a pesar de que, medio siglo después, sólo uno se haya construido, (Angra 2), el segundo permanece inacabado (Angra 3). Junto con la pionera Angra 1 (construida en un acuerdo con Westinhouse) las dos plantas operacionales representan una parte ínfima de la generación del país, un poco más de 1 por ciento.

Por si esto fuera poco, las restricciones externas, principalmente de Estados Unidos, hicieron que las Fuerzas Armadas se empeñasen en desarrollar la técnica de enriquecimiento de uranio, tanto para usos civiles como militares, fin alcanzado por la Marina del Brasil en 1987, con la atención puesta en el proyecto de un submarino de propulsión nuclear.

Cabe recordar que, al contrario de Irán, Brasil no era signatario del TNP, el cual firmó sólo hasta 1998.

A principios de la década de 1980, considerando la dependencia que Brasil tenía con el petróleo importado, se firmó un acuerdo de cooperación con el Irak de Saddam Hussein, que involucraba el intercambio de petróleo y derivados a cambio del concentrado de uranio (yelow cake). Pero, en aquel momento, estallaba la guerra contra Irán e Irak se ponía en ruta de colisión con Israel, lo que tuvo fuertes consecuencias para Brasil.

En junio de 1981, la fuerza aérea israelí inició una operación militar para destruir las instalaciones del reactor nuclear Osirak iraquí, donde había técnicos brasileños, que no estaban presentes a la hora del ataque. En octubre de aquel año se registró la muerte del teniente coronel José Alberto Amarante, de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB), que participa en la investigación de enriquecimiento de uranio por láser. A pesar de la causa mortis haya sido oficialmente una leucemia que se desarrolló como un relámpago, hay sospechas de que fue víctima de un envenenamiento radioactivo por el espionaje israelí, que tenía como blanco el programa que ayudaba a Irak a crear su tecnología nuclear. Tecnología ésta que podría haber librado a su país de dos guerras de invasión de Estados Unidos en 1991 y en 2003.

Brasil no pasó por la misma convulsión social que Irán con la Revolución Islámica

Pero el paso del régimen militar a la “Nueva República” selló las pretensiones de crear un robusto programa nuclear, que el liderato civil consideraba en general restos del régimen anterior.

En el gobierno de Fernando Collor de Mello (1990-92) y de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), el país se adhirió al TNP y a otros tratados restrictivos de tecnología moderna, como el Régimen de Control de Tecnología de Misiles (RCTM), sometiéndose así de forma acrítica y pasiva a la órbita del “Nuevo Orden Mundial” encabezado por Estados Unidos y sus aliados estratégicos. Iniciativas cuyo saldo para el país sólo se puede describir como negativo.

Desafortunadamente, Brasil, no ejerce el poder político con representatividad y determinación para retomar un programa nuclear compatible con los intereses mayores de un país que no puede quedar ajeno a la importancia estratégica del sector, y más aún, en medio de las turbulencias que azotan al mundo.

*MSIA Informa

Fotos: TheDigitalArtist/Pixabay

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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