Elisabeth Hellenbroich, desde Wiesbaden, Alemania* En su visita de Estado a China (7-9 de abril), el presidente francés Emmanuel Macron fue recibido cordialmente por su homólogo chino Xi Jinping y por varios de sus ministros. Una pequeña parte de la visita fue reservada para un “diálogo tripartita” entre Xi, Macron y la presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, para sostener una conversación sobre la perspectiva futura de la cooperación Unión Europea-China.
Vale la pena resaltar que pocos días antes del viaje, von der Leyen había pronunciado un discurso en el Parlamento europeo en el que delineó, en un tono áspero, las líneas de la política de la UE hacia China. En esa ocasión recalcó que China no debería violar la seguridad de Taiwán, al mismo tiempo que calificaba a aquella de “rival sistémico” y resaltaba la necesidad de la reducción de los riesgos en las relaciones económicas de la Unión Europea con China.
El discurso no agradó nada al gobierno chino y contrastó con la visita de Macron.
En cierto sentido no es tan intrigante que von der Leyen haya aparecido en China, como tampoco que la ministra de Relaciones Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, que viajó a China algunos días después que Macron, haya sostenido antes una conversación telefónica con von der Leyen, obviamente para ajustar su discurso.
Ella reiteró en esencia la estrategia alemana para la reducción de los riesgos en las relaciones económicas e hizo una advertencia sobre Taiwán, al tiempo que subrayaba que China debía respetar los derechos humanos y que tenía el deber de intervenir en el conflicto de Ucrania por la influencia que tiene sobre Rusia.
Macron: no debemos ser seguidores de Estados Unidos en TaiwánEn el marco de todo esto se explica por qué el viaje de Macron a China y las entrevistas que concedió a su regreso al sitio de internet Político y al periódico francés Les Echos, hayan tenido grandes repercusiones negativas en la prensa y entre los políticos alemanes. En esencia él afirmó, en lo que respecta a la solución de la cuestión de Ucrania, que el objetivo de su diálogo con Pequín era:
Consolidar una forma común de abordar el problema y apoyar los principios de la Carta de las Naciones Unidas, así como tener una posición clara sobre la cuestión nuclear, y que cabe a China decir a (el presidente Vladimir) Putin que algunos pasos de Rusia, a ejemplo del despliegue de armas nucleares en Bielorrusia, no son consistentes con lo que Rusia había prometido antes.

Sobre la presencia de von der Leyen en Pequín, mostramos a China que estamos unidos, y agregó:
Los chinos también están preocupados con su unidad y con Taiwán. Es importante ver cómo piensan. La pregunta para nosotros, los europeos, es: ¿tenemos interés en acelerar el conflicto con Taiwán? ¡No! Lo peor es pensar que, en este asunto, nosotros, los europeos, deberíamos ser seguidores y adaptarnos a Estados Unidos y a la reacción exagerada de China. ¿Por qué habríamos de seguir el ritmo escogido por otros? Debemos tratar las cuestiones que se refieren a nuestros intereses. (…) el gran peligro que Europa corre es ser atrapada en crisis que no son nuestras, lo que nos impide construir una autonomía estratégica. (…) Lo paradójico sería que, dominados por el pánico, creamos que somos tan sólo seguidores de Estados Unido.
Macron hablo además del peligro de que Europa sea alcanzada por crisis que no serían nuestras y alertó que, ante ellas:
No tendremos medios para financiar nuestra estrategia autónoma y pasaremos a ser vasallos (sic), cuando podríamos ser el tercer polo. (…) Lo paradójico es que, cuando iniciemos una verdadera estrategia (europea) autónoma, no sigamos la política estadounidense por un reflejo de pánico. No debemos depender de la extraterritorialidad del dólar.
*MSIA Informa

