junio 08, 2026

Merkel sepulta la confianza de Occidente

Merkel sepulta la confianza de Occidente

MSIA Informa

El expresidente de Ucrania, Petro Poroshenko, admitió en junio pasado que el Acuerdo Minsk de 2015, firmado con Rusia, Alemania y Francia, referente al cese al fuego en el Este de Ucrania había sido encarado por el gobierno de Kiev tan sólo como un engaño para prepararse mejor para una futura guerra con las provincias insurgentes de Donetsk y Lugansk -y, en consecuencia, con Rusia. La confesión hecha a la televisión alemana y a Radio Europa Libre (RFE) estadounidense, no sorprendió a nadie que hubiese seguido los acontecimientos de Ucrania desde el golpe de Estado de 2014, atizado y realizado por Estados Unidos y sus secuaces europeos, elemento clave de una disfrazada estrategia de provocaciones contra Rusia. Pero una cosa es escucharla de un fabricante de chocolates elevado por maquinaciones diversas a la presidencia de su país y otra oírla de la excanciller alemana, Angela Merkel, una de las personalidades europeas más respetadas de las últimas décadas, cuando lo dijo, el 7 de diciembre, en una cándida entrevista al semanario alemán Die Zeit.

En sus propias palabras, el acuerdo fue un intento de dar tiempo a Ucrania… para fortalecerse, como se ve hoy.

Al comentar el hecho, el presidente Valdímir Putin admitió:

Fue decepcionante. Yo no esperaba oír algo así de la excanciller. Siempre esperé que el liderato alemán fuese genuino.

En un informe en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, la portavoz de esa institución, María Zajárova, afirmó sin medias tintas que la “confesión” de Merkel podría examinarse como argumento para “una petición en un tribunal.” Ante el silencio de París y de otras capitales occidentales

La definición más precisa de la duplicidad de Merkel, de su entonces colega francés François Hollande y sus respectivos sucesores, provino del excanciller austriaco Heinz-Christian Strache, para quien la confesión es “aterradora.” “Es así como destruimos cualquier base para la confianza,” afirmó en una conferencia en Viena. La verdad es que Merkel admitió a las claras que el Occidente colectivo no sólo nunca tuvo ninguna intención sensata de entendimiento con Rusia, sino que también pretendía convertir a Ucrania en un ariete para el plan de expansión de la Organización del Tratado de Atlántico Norte (OTAN) hacia el Este.

Y, al mismo tiempo, destruyó todos los resquicios de credibilidad para futuras negociaciones, lo que eleva muy gravemente el peligro de confrontación generalizada con Moscú. Ni siquiera en el auge de la Guerra fría -incluso durante la Crisis de los misiles cubanos de 1962- hubo una situación de desconfianza tal, sin canales de comunicación fiables, suficientes para evitar una confrontación abierta.

En esencia, el escenario se asemeja cada vez más a la de una carencia real de disuasión, para usar el concepto del estratega argentino Heriberto Auel, con las trabas nucleares más tenues y la escasez de estadistas y de interlocutores en las capitales correspondientes de Europa y de América del Norte. El resultado es el de dejar el mundo más cerca de lo que la generación anterior consideraba impensable, un nuevo conflicto de grandes proporciones y potencialmente nuclear.

Foto: mohamed_hassan

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