junio 04, 2026

Mis felices y entrañables días de radio en México

Mis felices y entrañables días de radio en México

Bolivar Hernandez*
Días de radio, es el título de una película de Woody Allen, estrenada en el año de 1987. En este film actúan Mia Farrow y Diane Keaton, ambas fueron esposas del cineasta neoyorquino.
En esta cinta, Allen narra las aventuras de un chico con respecto a la radio, ya que su vida transcurre escuchando música, y de ahí su afición al jazz posteriormente.
Por cierto, el día del estreno de este filme, que fue en el Cinema Buñuel, de la Zona Rosa de la Ciudad de México, al principio lleno total; al final de la película, solo quedábamos dos personas, el resto huyó despavorido de ahí. ¡No les gustó nada la cinta!
Mi vida entera ha estado ligada a la radio, desde muy niño oigo la radio hasta el día de hoy. Cuando yo nací, no existía aún la televisión, solo el radio y el cine eran nuestra distracción favorita.
Recuerdo mi infancia en Cuilapa
El pueblo de mi padre, cuando todas las tardes escuchaba la radio en la tienda de mi tía abuela, situada frente al parque del pueblo. Oíamos música y radionovelas mexicanas, todas ellas muy exitosas, como El derecho de nacer, Kaliman, o El ojo de vidrio.
Más adelante, me fui a vivir a Quetzaltenango, para estudiar la secundaria, en plena adolescencia; y la radio era muy entretenida con la música de los años 60, puro rock y baladas gringas.
Un paréntesis importante en esta historia, es que tenía un primo locutor muy famoso a nivel nacional en Guatemala, con una voz maravillosa, se llamaba Alfonso Sifontes, Poncho, y era mi modelo a seguir. Yo quería ser locutor como él.
Después me fui a cursar la carrera magisterial al internado de la Escuela Normal Rural Pedro Molina, situada en Chimaltenango. Y junto con mi amigo y compañero de estudios, Andrés Cuxil, brillante estudiante indígena, creamos una estación local de radio en la escuela normal. Y amenizábamos la vida estudiantil con música y con intervenciones orales nuestras.
Mis prolongados trabajos de investigación por toda le República Mexicana, y conviviendo en los hogares de los campesinos o indígenas, la radio era el medio único de comunicación de esas regiones aisladas .
Traigo clavada la espinita de la radio y mi gusto por la locución, hasta hoy. En la Ciudad de México tuve qué obtener una licencia de locutor para poder trabajar en cualquier estación.
No estoy seguro si el examen lo hice en la Secretaria de Gobernación o en la Secretaria de Educación Pública, y obtuve la licencia de locutor después de pasar varias pruebas difíciles, sobre cultura general y también sobre idiomas, y cómo leíamos textos en inglés, francés, italiano y alemán.
Yo, que como todos ustedes saben, que soy una bestia con los idiomas extranjeros, me atoré pronunciando palabras extranjeras o las decía con un acento guatemalteco inapropiado para ese examen. Pero lo aprobé con la nota más baja posible.
Durante la obtención de la licencia de locutor, tuve a todos los conductores famosos de la radio de entonces como mis compañeros en el proceso de capacitación teórica y práctica. En esa época, se empezó a exigir la licencia de locutor a todo el mundo para permitirles trabajar, era obligatorio.
Años después, fui funcionario de NOTIMEX, la agencia de noticias del estado mexicano; y en la agencia había un servicio de noticias internacional, con locutores profesionales, con buenas voces, y a veces cuando había faltas de algunos de ellos, yo me metía a leer las noticias, sin ser mi área de responsabilidad. Metiche, pues.
Foto: Joe007
Lo mismo ocurrió con Radio Universidad
Ahí fui subdirector de la emisora encargado del servicio de noticias universitarias, en tiempos del rector Jorge Carpizo, una época convulsa en la UNAM. En Radio Universidad también me puse frente a los micrófonos con toda la autoridad profesional del caso.
Años después, me contrataron en Radio Mil para grabar cápsulas económicas, y trasmitirlas en diversos noticiarios de esa emisora.
Para cerrar con broche de oro esta narración sobre la radio y mis ganas locas de ser locutor, quiero relatar una anécdota de mi infancia.
Un día apareció mi padre en casa con una pequeña grabadora portátil japonesa, Hitachi, y sentados en la mesa a punto de almorzar, los cinco hermanos, mi madre y padre; él encendió la grabadora y nos la pasó uno a uno, para decir algo “inteligente y sin titubeos“.
Todos se quedaron mudos frente a la grabadora, menos yo. Frente a ese padre autoritario, era difícil estar sereno y ecuánime.
Según las empresas de publicidad donde he grabado algunos comerciales para radio, me han dicho que tengo un buen timbre de voz, agradable y con buena dicción.
Mi voz en los oídos de mis amantes es un arrullo musical, dicen ellas en el momento inicial del romance.
Siempre soñé con tener un programa de radio en México, y nunca lo logré, pero participé en muchos programas como invitado por mi profesión de antropólogo y psicoanalista.
Puedo decir que lo intenté repetidamente, y me doy por satisfecho por lo que hice, que no fue todo lo que deseaba…
¡Hasta pronto amantes de la radio!, un mágico instrumento de comunicación que despierta la imaginación, escuchando solo voces.
*La vaca filósofa.
Fotos: smorazanm/Joe007

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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