El asesinato del activista conservador estadounidense Charlie Kirk, ocurrido el miércoles 10 de septiembre mientras impartía una conferencia en la Universidad de Utah, no parece haber sido un acto aislado de violencia extrema por parte de un opositor radical a sus ideas. Más bien, deja las huellas de un trabajo encargado por el núcleo duro del aparato de inteligencia vinculado a la CIA y la OTAN, que, desde la década de 1950, ha llevado a cabo todo tipo de trabajo sucio a favor del poder mundial.
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Esta estructura, que algunos investigadores han denominado “Murder Inc.” (Asesinatos, Inc.), fue responsable de numerosos asesinatos y operaciones de desestabilización contra figuras políticas opuestas a ese poder en docenas de países, incluido Estados Unidos.
Desde luego, el crimen no fue cometido por un aficionado solitario, sino por un francotirador profesional, que utilizó un rifle de cerrojo Mauser 30-06 (abandonado durante la fuga) y disparó un solo tiro desde una distancia de unos 180 metros, demostrando su pericia en el uso de un arma que probablemente no habría permitido un segundo disparo.
Kirk, de 31 años, líder del núcleo joven de MAGA (Make America Great Again)
Un movimiento crucial para la elección de Donald Trump y que manifestaba, una creciente reacción contraria a la participación de Estados Unidos en guerras permanentes, la reducción significativa del apoyo a Israel y un retorno a valores morales en rechazó la ideología libertaria woke.
Su asesinato parece haber sido planeado para fomentar una clásica estrategia de tensión en la sociedad estadounidense, una especialidad de “Murder Inc.”, engrosando las divisiones, de una manera análoga a la conmoción generada por la secuencia de asesinatos de alto perfil que ocurrieron entre 1963 y 1968, incluidos los del presidente John Kennedy, su hermano Bobby Kennedy, el pastor Martin Luther King y el activista de derechos civiles Malcolm X (todos atribuidos a los proverbiales “lobos solitarios”).
Otro propósito del crimen sería enviar una advertencia final a Trump, cuyo ataque a la oligarquía financiera y su centro de poder, la Reserva Federal, el banco central semiprivado del país, también recuerda el fallido intento de Kennedy de restaurar la solvencia estadounidense mediante la emisión directa de dólares por parte del Departamento del Tesoro, frustrado por su asesinato en noviembre de 1963.
En esencia, parece que estamos presenciando en tiempo real otro episodio de la feroz guerra civil que Trump y sus aliados libran con esa perniciosa estructura de poder paralela.

