Bolivar Hernandez*
Vivimos una nueva era en el mundo donde todos los días hay algo que celebrar, hay fechas memorables y son las menos, y por el contrario abundan las conmemoraciones de cosas estúpidas y baladíes.
Creo, no lo afirmo, que es la respetable y venerada ONU, quien registra las fechas para celebrar mundialmente cualquier cosa.
Las excepciones de los festejos que no puedo atribuirle a Naciones Unidas, son los días de la madre, del padre, del compadre y de los abuelos.
Estas fechas son responsabilidad exclusiva de cada país donde mandan los comerciantes.
El 13 de junio
Se está celebrando el Día del Escritor. Cosa seria es reconocer al oficio tan antiguo como otro de dudosa reputación.
He tenido mucho recelo en autodenominarme como un escritor, ya que es un título ad honorem que uno se otorga. Tengo varios títulos académicos cuyos reconocimientos son oficiales, me fueron otorgados por instituciones de educación superior de gran prestigio internacional.
Esos títulos o cartones los tengo extraviados ante tantas mudanzas de casas y de países. Y no me importa mucho saber de sus paraderos…
Tampoco puedo autollamarme periodista, aunque ejercí ese oficio por muchas décadas sin haber estudiado ciencias de la comunicación. Comencé creando varios periódicos murales desde mi tierna juventud hasta la universidad, no solo escribía artículos jocosos sino que también hacía caricaturas, cosa que me causó muchas enemistades.
Finalmente, desemboqué escribiendo artículos en los periódicos serios e izquierdosos de la Ciudad de México, en los años 80.
Y fui subdirector de la agencia de noticias del estado mexicano , en NOTIMEX. Y subdirector de noticieros de Radio UNAM.
Mi oficio es escribir. Escribo desde hace más de 60 años. Y tengo reparo aún en decir que soy escritor.
He dirigido talleres de escritura sobre mi especialidad, que es el cuento corto o mini ficción. Tanto en México como en el extranjero.
No uso ningún título antes de mi nombre. Ni Lic, ni antropólogo, ni etnólogo, ni psicoanalista, ni escritor, ni Don.
Hace unos 20 años…
Decidí mandar hacer unas tarjetas de presentación. Al principio sólo tendría la leyenda con mi nombre. Y en un arrebato de vanidad opté por poner bajo mi nombre el título de escritor que yo mismo me concedí.Esas tarjetas de presentación se quedaron guardadas en una cajita de plástico azul marino, y que nunca repartí una sola.
Tengo publicada tres novelas de amor, y cerca de 500 cuentos cortos. Pero tengo el prurito de no decir que soy escritor todavía.
Muchos que se dicen escritores plagian obras de otros, hasta de sus cónyuges.
Otros escritores famosos que ocupan amanuenses, o escritores en negro, que son seres ocultos, que investigan sobre un tema y escriben novelas que luego el autor famoso firma con su nombre, sin dar crédito a los escritores ocultos.
Los anananuenses vienen de la Edad Media
Ellos vivían en los monasterios medievales, su oficio era escribir a mano, pasando en limpio textos ajenos, o escribiendo lo que se les dictaba.
Conozco a varios amanuenses de famosos escritores mexicanos, que ganan un buen dinero por escribir en la clandestinidad a nombre de otro. Allá ellos.
El oficio de escritor lo practicó todos los días, como una especie de gimnasia rítmica, para mantenerme en forma.
Estoy enfrascado en la actualidad en escribir una novela autobiográfica para que mis numerosos nietos conozcan a su abuelo por su propia voz, y no por otras voces próximas o lejanas a mi, pero que no me conocen tanto como yo a mi mismo.
Esta novela inédita pensaba titularla El mono desnudó, porque así me muestro ante mi descendencia, ante mi clan. Pero ese título ya lo usó el zoólogo británico Desmond Morris en el año 1967, y causó gran revuelo entre los antropólogos de entonces, yo entre ellos.
¡No soy escritor, sino un simple contador de historias!
*La Vaca Filósofa

