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El periodista inglés Martin Wolf, jefe y principal comentarista económico del Financial Times, es una de las estrellas de la prensa del establishment oligárquico angloamericano. En una de sus recientes columnas, reproducida en Brasil por el periódico Valor Económico el 7 de diciembre, denota la importancia verdaderamente existencial que los centros de poder atribuyen a los resultados de la guerra entre Rusia y Ucrania -característica, además, compartida con los líderes de Moscú. Con el título Es un deber ayudar a Ucrania, Wolf es categórico: Esa guerra es existencial -no sólo para Ucrania, sino también para Europa. Para explicarse presenta un ejemplo de la hipócrita selectividad de los valores supuestamente civilizatorios y superiores con que Europa pretende presentarse al mundo, en este caso, sugiriendo que la notoria corrupción de las élites ucranianas y la reducida salud financiera del país, tremendamente debilitada por la guerra, sean dejadas a un lado en beneficio de la causa mayor de usar a Ucrania como un poderoso baluarte contra Rusia. Dice así:
(…) Hace mucho tiempo existe una preocupación con la corrupción del país. Pero la forma en que Ucrania se movilizó para luchar en esta guerra muestra que este no es el país que vemos ahora. Un Estado oligarca y corrupto no se organiza y lucha como este ha hecho. Ucrania merece el beneficio de la duda. Ella fue rehecha en la guerra. Ciertamente también será rehecha en la paz. La Unión Europea demanda para garantizar la estabilidad macroeconómica, el buen gobierno, el estado de derecho y la reforma del sector energético (léase su privatización total -N.E.). En todo caso, la Unión Europea también quiere un programa del Fondo Monetario Internacional, para catalizar la reforma y tener el dinero.
En ese contexto, Wolf sugiere:
Se pueden imaginar tres formas de salir de ese impasse: una es que los accionistas occidentales garanticen al Fondo Monetario Internacional contra pérdidas; la segunda es que el Fondo sea más creativo y que preste de cualquier forma; la última es que la aprobación del Fonde venga sólo de sus programas de emergencia y de lo que llama Vigilancia de Programas con Participación del Consejo.
Obsérvese la falta de ceremonia con la que menciona la materialización del robo de las reservas cambiarios rusas en dólares y euros, efectuado por Estados Unidos y la Unión Europea. Y, para él, el costo financiero de esos favores a Ucrania sería irrisorio para los aliados occidentales:
El PIB combinado de Estados Unidos, de la Unión Europea, del Reino Unido y Canadá es cerca de 22 veces mayor que el de Rusia. Incluso el apoyo fiscal de 60 mil millones para Ucrania en 2023 costará apenas 0,1 por ciento del PIB combinado de los aliados. ¿Quién podría argumentar que eso es inalcanzable? ¿No sería mucho peor dejar triunfar a Putin? Sí, es doloroso sufrir el choque energético de esta guerra. Pero el deber de Occidente es lidiar con eso. Son Ucrania y los ucranianos los que cargan el peso del conflicto. Nosotros, en el confortable Occidente, tenemos que darles a ellos los recursos que necesitan. Solamente cuando Vladímir Putin sepa que no tendrá permiso para vencer será cuando la guerra llegará a su fin.

