junio 25, 2022

Pancho Pantera, un personaje real de la picaresca mexicana

Pancho Pantera, un personaje real de la picaresca mexicana

Bolivar Hernandez*
Esta es la historia de Pancho, Panchito, un personaje real de la picaresca mexicana. Es un hombre, hoy, de 75 años, dotado de una gran labia, mucho verbo, simpático, pícaro en todo el sentido de la palabra.
Siempre le dije a él que era como Pancho Pantera, ese personaje infantil que se volvió el emblema de un chocolate vitaminado, que era y es un fraude en materia de nutrición.

Era un polvo oscuro que las madres vertían dentro de un vaso de leche, para que sus hijos crecieran sanos y robustos; ese dizque chocolate, en realidad era pura azúcar pintada.

En 1928, una poderosa firma trasnacional creó ese polvo vitaminado para beberlo con leche, principalmente la publicidad era dirigida a los niños y a sus madres.

Desde que conocí a Pancho

No podía evitar relacionarlo con los personajes de la picaresca española, era un tipo malicioso, tortuoso, de gran astucia para el engaño, mentiroso, ladrón y un gran seductor de mujeres.
Pancho Pantera era una especie del Lazarillo de Tormes, un pícaro español, travieso y lleno de mañas para el engañó y la estafa. Esa novela española data del año 1541, y es muy divertida por las aventuras de dicho personaje pícaro.

A Pancho lo conocí en el año de 1970, hace 52 años, como compañero de estudios en una maestría en Planeación Urbana que organizó la ONU en México, para preparar a los técnicos urbanistas, pensando en un proyecto de cambiar la capital mexicana al centro geográfico del país. Como ocurrió en Brasil, con Brasilia. Ese gran proyecto urbano creado por el arquitecto Oscar Nemeyer, e inaugurado en el año 1960.

La universidad Iberoamericana, donde yo laboraba como docente en la carrera de antropología, me designó para cursar esa maestría de la ONU. A Pancho no lo envío ninguna institución académica, y tampoco tenía un título que lo vinculara al urbanismo o a las ciencias sociales, era un simple contador. Y logró ser admitido. Hábil, sin duda.
Durante esos dos años de la maestría nos hicimos buenos amigos. Yo no era, no soy bohemio, y Pancho sí. Eso me atrajo, las tertulias y la nueva trova cubana. Escuchábamos música de Alfredo Zitarrosa, y Mercedes Sosa. Asistí a su casa a escuchar música, a conocer chicas, a bailar.

Pancho, para comenzar, se ligó a una compañera de la maestría, que era una mujer casada. ¡No le importó nada, ese detalle!

Nos graduamos en esa maestría de la ONU, y yo vuelvo a la universidad Iberoamericana a continuar como docente. Y Pancho se va a trabajar en una ONG, y luego me entero que viaja a Brasil y se inserta en una universidad de São Paulo, como profesor de sociología. No era sociólogo, obviamente.
Mi guía y tutor, el doctor Ángel Palerm, destacado intelectual, me alienta para cursar en doctorado en Frankfurt. Estudio el idioma alemán con entusiasmo, pero poco dotado para aprender otros idiomas.

En tanto yo sigo en mi preparación académica, Pancho sigue estafando a la universidad de São Paulo, con su falso título de sociólogo. Al fin lo descubren y lo echan a la calle.
Pancho vuelve a México y me busca, estoy casado ya para entonces, y mi mujer posee una combi, una camioneta Volkswagen, adaptada para camping.

Él se entera de eso, y le pide prestada la camioneta a mi mujer, ella accede y se la presta sin problemas. Se lleva la combi y se demora meses en devolverla, sin ninguna pena.

Pancho y yo dejamos de vernos por muchos años

No deseaba ya esa amistad, no era agradable porque me perturban sus manías y mentiras. Lo evité y me le perdí de vista.
Cuarenta años después me ubica por medio de amigos comunes. Nos citamos para comer en un restaurante de Coyoacán. Asisto de mala gana y comemos más o menos bien, porque era un sitio desagradable y con mala comida.
Pancho me cuenta su historia reciente, ya que ahora era un hombre aburguesado, vivía muy bien, traía un auto de lujo, que me lo muestra en el parque del restaurante, creo que era un Mercedes Benz deportivo.

Lo felicito y le pregunto cómo obtuvo todo eso, casa en un barrio de gente rica y un auto de lujo; su respuesta fue directa y sencilla: Todo se lo debo a mi mujer.

Pasaron los años, y yo no vuelvo a saber nada de Pancho. Lo evito, no quiero ser su amigo, no me interesa un sujeto como él, sin escrúpulos.

Cincuenta y dos años después de haber conocido a este sujeto pícaro, de novela, me entero que es psicoanalista, sin haber estudiado o haberse formado como tal. Al enterarme de su nueva actividad profesional, no tuve más que experimentar muchos escalofríos. ¡No lo puedo creer! Pero es posible, tratándose de Pancho.
Por suerte, no se inclinó por la medicina o por ser cirujano, ya que hubiera operado a pacientes cardiacos, a corazón abierto, con la mano en la cintura.
Lacan hubiera dicho que un analista se autoriza solo, que no necesita que alguien más lo avale, él solito y ya.

Pancho no puede ser analista porque le falta una materia: La ética, ya que no la conoce ni de lejos.

*La vaca filósofa.

Foto: shumilova-s

About The Author

Soy binacional México-guatemalteco, 77 años. Antropólogo, psicoanalista, periodista, ecólogo, ciclista, poeta y fotógrafo.

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