Bolivar Hernandez*
El editorial es un género periodístico de gran relevancia, por su contenido y por el lugar destacado que ocupa en el diario.
Es un texto explicativo, argumentativo, no firmado, que valora y juzga un hecho importante. Tiene concordancia con la línea ideológica del periódico en cuestión.
El editorial contextualiza históricamente el hecho o suceso, explicando las causas, los efectos y conjetura sobre el futuro.
Este género periodístico generalmente es escrito por el director del diario.
La Jornada y yo
En los años ochenta, un grupo de periodistas e intelectuales mexicanos nos congregamos en torno al proyecto de crear un diario diferente al resto de la prensa nacional.
La idea era fundar un periódico de izquierda que le diera voz a los marginados u oprimidos de la sociedad. Hacer un periodismo de investigación y evitar en lo posible publicar las declaraciones de los políticos, y también replicar los boletines de prensa de las instituciones públicas y privadas.
Así nació La Jornada, el 19 de septiembre de 1984, por fin ese día salimos a la luz pública. Esto ocurrió hace 37 años ya.
Soy socio fundador, fuimos solo 100, y fui un trabajador del diario por varios años, con funciones de coordinación de la sección de economía, y también de una sección dedicada a gente común y corriente, la columna se llamaba de persona a persona. Era viñetas divertidas sobre personajes anónimos.
Todos los días teníamos una junta todos los directores y subdirectores del diario, junto con jefes de sección: reporteros, fotógrafos, y publicidad. Ahí veíamos la información y los materiales recabados ese día para publicar en nuestra edición del día siguiente.
También se ordenaban trabajos de investigación o reportajes especiales. Y a los fotógrafos se les dio un espacio privilegiado en las páginas de nuestro diario, con sus fotos y reportajes gráficos.
Esas juntas eran memorables
Participaba el director Carlos Payán, los subdirectores Miguel Ángel Granados Chapa, Carmen Lira, Humberto Musacchio, Héctor Aguilar Camín, y los coordinadores de sección.Ocurrió en varias ocasiones en las que en esas juntas asistían personajes de la talla de Gabriel García Márquez, el obispo Samuel Ruiz, Elena Poniatowska, la actriz María Rojo, Cuauhtémoc Cárdenas, y otras celebridades . Aquello era sui generis.
Entregábamos nuestras notas y reportajes a las 8 de la noche, las cuales eran capturadas con un incipiente sistema digital. Estaban escritas en papel con máquinas mecánicas, Remington; eran tres hojas con papel carbón para tener copias.
La sala de redacción era un bullicio de las máquinas de escribir y las conversaciones en voz alta de los reporteros, fotógrafos y articulistas que llegaban a entregar sus colaboraciones.
Aprendí a hacer abstracción del ruido ambiental y concentrarse en mi trabajo de edición de textos económicos.
Cuando todo el mundo había entregado por fin su trabajo del día para la edición del día siguiente, era cuando comenzaba para mi la carrera para elaborar el editorial a nombre del periódico.
A las 10 u 11 de la noche me llamaba él director a su despacho, para indicarme de qué iba el editorial nacional, y otras veces me tocaban los dos editoriales, el nacional y el internacional.
Me convertí en el hombre de todas las confianzas del director y del subdirector Granados Chapa, para escribir los editoriales. Tenía como máximo una hora para redactar a máquina el tema sugerido.
El estrés era terrible por la premura para investigar y escribir algo pertinente de acuerdo a nuestra línea ideológica, bien redactado, precisó, certero y contundente.
Por lo general mis textos redactados para esos editoriales eran aceptados con mínimas correcciones de parte de los directivos del diario. Las correcciones no eran ortográficas o gramaticales, sino de contexto o de algún término o concepto vago.
Me hice periodista sin haber estudiado comunicación.
Trabajé en la prehistoria del periodismo mexicano
Escribiendo velozmente en máquinas de escribir mecánicas, con papel carbón, y apoyado por algunos diccionarios.No había computadoras como ahora. Tampoco existían los buscadores de información. Ni Google , ni Wikipedia, y la Enciclopedia Británica brillaba por su ausencia.
Mi formación era académica absolutamente. Había cursado ya varías carreras universitarias cuando decidí incursionar en el periodismo, y era además un lector compulsivo. Tenía una cultura general suficiente.
Para elaborar un editorial a nombre de mi periódico con suficiente peso y calidad, había que tener conocimientos de historia universal, geografía, sociología, filosofía, antropología, teatro, fotografía, cine, literatura, deportes, psicología, castellano. Además, conocer al dedillo las biografías de los hombres públicos nacionales e internacionales.
Cumplí con decoro mi función de editorialista de La Jornada, me siento complacido con esa labor que me produjo un gran estrés como nunca antes en mi vida.
De La Jornada di un salto al sector público, fui nombrado subdirector de la agencia de noticias del estado mexicano NOTIMEX. Pero esa es otra historia.
El trabajo periodístico es algo muy serio y debe ser ejercido con responsabilidad y sapiencia.
Si volviera a nacer haría lo mismo de siempre, que es convertirme en un periodista serio y ético. Preparado y honrado.
En los treinta años que estuve en el medio periodístico mexicano, tuve varios compañeros que actualmente son plumas que se venden al mejor postor, y son inmensamente ricos y corruptos. Esa también es otra historia.
*La Vaca Filósofa

