Arturo Rios
La figura católica de los Reyes Magos tiene su origen en los relatos del nacimiento de Jesús; algunos fueron integrados de los evangelios canónicos que hoy conforman el Nuevo Testamento de la Biblia.
El Evangelio de Mateo, única fuente bíblica que menciona a unos magos, no ofrece nombres, cuántos, ni el título de reyes, quienes, tras seguir una estrella, buscan al “Rey de los judíos que ha nacido” en Jerusalén, guiándoles a Belén, y a quien presentaron ofrendas de oro, incienso y mirra.
En los días del rey Herodes
Llegaron del Oriente a Jerusalén: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?”. Evangelio de Mateo, versión Reina-Valera.
Al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron y le ofrecieron regalos.
Parece contradictorio que practicantes de la magia, increpada en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, fueran admitidos como adoradores de Jesús, pero el término griego magos no se utilizaba para referirse a los hechiceros, en este caso, a ‘hombres sabios’ u hombres de ciencia.
Mateo no explicita que fueran astrólogos que conocieran el movimiento de alguna estrella a pesar de ser esta la creencia general.
Su visita despertó desconfianza en Herodes. Veía al nuevo Mesías como un rival.
Pese de ser anciano y reinado ya por más de 30 años, Herodes les rogó que indagaran el sitio del nacimiento para acabar con su competidor. Un ángel previno a los magos de los fines de Herodes y no regresan a él, e iracundo mandó a matar a todos los niños menores de dos años. José fue avisado en sueños de que debía huir a Egipto con los suyos. (Del trabajo de Rocío Agenjo).

