Bolivar Hernandez*
En la televisión de todo el mundo existe una modalidad de espectáculo que consiste en entrevistas, debates y puestas en escena de dramas personales y/o familiares; la mayoría de estos programas, que se llaman talk show, en inglés, y son encabezados por mujeres.
Estas emisiones incluyen un público en el estudio, quienes aplauden cada cierto tiempo a indicaciones de un animador; también expresan simpatías, antipatías, censura a conductas inapropiadas, según ellos.
El esquema de estos espectáculos es simple, se exhiben a determinadas personas que polarizan una situación dramática, exagerando las situaciones, al grado de protagonizar batallas campales o de parejas.
Lo que ofrecen estos espectáculos
Es la satisfacción morbosa para un público ávido de chismes reales o supuestos. Por ende, los programas de este tipo poseen altos índices de popularidad.
En Estados Unidos, el show de este tipo con mayor impacto es el que conduce Oprah Winfrey.
Y en Miami, para un público latino residente en EEUU, han estado los programas de las cubanas Cristina Saralegui y Ana María Polo, con su emisión Caso Cerrado.
En México, La Tercera en Discordia, conducido por Rocío Sánchez Azuara, en Televisa.
También, se recuerda a Laura de América, conducido por Laura Bozzo, peruana avecindada en México. Conductora que hizo muy popular su frase: ¡Que pase el desgraciado!
Diseñar un show como los de estos pocos ejemplos existentes o ya caducos, tienen un patrón similar. Se trata de abordar una temática social y escenificar un drama con varios personajes, ya sean reales o actores amateurs, quienes se aprenden sus papeles y van a escena, sin ensayos previos.
Lo que voy a relatar ahora es una historia personal
Ocurrida en 1999, cuando fui invitado por Cristina Saralegui a participar en su show de televisión, en mi condición de psicoanalista y emitir comentarios y recomendaciones a los invitados.
Cristina fue un show televisivo de Univisión Miami, para ser retransmitido en los Estados Unidos para un público latino o hispano. Y también para ser visto en toda América Latina.
Por esta razón, me hice muy famoso en este continente, y lo supe porque mis amigos de varios países de Centroamérica y de Sudamérica también, me felicitaron por mi actuación en dicho show de Cristina.
La producción del programa de Cristina, se pusieron espléndidos conmigo: Me asignaron un camerino con sillones cómodos, una cama para descansar, un refrigerador con bebidas y varios canastos con frutas frescas. Obviamente, una pantalla gigante de televisión, libretas y bolígrafos.
Cristina me pagó una buena cantidad de dólares y además puso a mi servicio una limusina con chofer, para lo que yo quisiera hacer después del programa.
Pasé a maquillaje y peluquería y me dejaron como artista de cine. No me podía reconocer con ese cambio de look.
Entré al estudio, gigante, con público presente, y con los invitados enfrente de mi
No sabía el tema del que trataría esta historia. Veo a varias mujeres de mediana edad y unos niños menores de 12 años. Gente pobre por sus vestimentas de poca calidad.
Participé como el experto, el especialista, y para ello leyeron al aire un resumen de mi currículum vitae. Y con la cámara enfocando a mi rostro maquillado, me daban ganas de reírme de esto tan ridículo .
El tema del programa de Cristina en esta ocasión, era la drogadicción de estos niños presentes en el estudio. Sus madres lloraban de impotencia ante el problema de adicción temprana a las drogas de sus hijos.
Dicté una mini conferencia sobre los trastornos de conducta en los niños por el consumo de drogas. Y propuse que se les proporcionara terapia de rehabilitación y de desintoxicación, eso sí, pagados por la producción del programa de Cristina.
Este programa no fue en vivo, sino grabado durante varias horas y luego retransmitido a todo el hemisferio y la Unión Americana.
Muchos años después, sigo ignorando quién o quiénes me recomendaron para participar con Cristina.
Para finalizar
Debo decir que sí había participado en México en varios programas de debates en la televisión pública, Canal 11 y Canal 22, como contertulio.
Confieso que esta intervención en el programa televisivo de Univisión, me parece que fue una frivolidad de mi parte. Nunca más he aceptado volver a esos andares de los shows de la TV privada.
Terminó el programa y pasé a desmaquillarme de inmediato, y recuperé mi color moreno intenso; y me lavaron el cabello para quitarme la gomina (gel) que me puso tieso mi pelambrera.
*La vaca filósofa.

