Bolivar Hernandez*
Desde mi más tierna infancia, en Guatemala, recuerdo que en la Nochebuena y el Año Nuevo, los chapines queman miles de toneladas de cohetes y fuegos artificiales a las 12 de la noche en punto.
La Ciudad ilumina el cielo con las detonaciones incesantes de la pirotecnia.

En la madrugada
Un fuerte olor a pólvora carga el ambiente. Al día siguiente, miles de papelitos quemados se acumulan en las calles; papelitos quemados que nadie barre y recoge.
El impacto ambiental es negativo para la salud. Pero, ¡qué viva la tradición! Al fin y al cabo los cohetes son tan nuestros… También la contaminación ambiental que respiramos.
*La vaca filósofa.

