El sexenio que concluye en México ha sido peculiar como pocos, cita el diario español El País. La omnipresencia del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ha llenado de símbolos su mandato, de frases, de viajes, de discursos machacones y aleccionadores para jóvenes de fobias y filias, que siguen calentando el ambiente entre quienes lo adoran, amlovers y quienes lo odian.
Mary Sandoval*
En pocas palabras: los cinco años y 10 meses que duró el gobierno de Andrés Manuel López Obrador marcaron un antes y un después en la historia de México; desafortunadamente para mal, y así será recordado. A partir del pasado 1 de octubre, comenzó un sexenio en el que, por primera vez en México, una mujer es titular del Ejecutivo Federal.
En una columna que escribió Diego Fernández de Cevallos que se llama “La disyuntiva que veo”, menciona que la próxima presidente recibirá un México polarizado, enconado, empobrecido, violento y entregado a los criminales.
Sin duda, el Jefe Diergo tiene toda la razón. Sabemos que Sheinbaum ganó con un margen del casi 60% de la votación, por lo que ahora, le toca demostrar con hechos y no con demagogia, el porqué es presidente de la República.
El discurso de Claudia Sheinbaum en su toma de posesión como Presidente Constitucional, fue una copia casi fiel de los compromisos que no pudo cumplir su antecesor. En una retórica repetitiva de lo dicho por el expresidente López lo largo de su catastrófico gobierno.
Sheinbaum habló de su plan de gobierno. Esto es, el mantenimiento de dádivas (programas sociales), el respeto de la soberanía energética, la soberanía alimentaria, los trenes de carga y pasajeros, continuar con las obras insignia de su antecesor; así como que no se combatirá con la fuerza del Estado Mexicano al crimen organizado, para evitar daños a la población (sic). Realmente, no hubo nada nuevo o diferente en la letanía que hemos escuchado desde hace seis años.
¿Qué podemos esperar en este inicio de sexenio con Claudia Sheinbaum al frente de la presidencia?
Como mujer, y lo mencioné en un artículo anterior, es bueno que una mujer haya logrado ser presidente de la República, aunque ese triunfo fue por dedazo y operación política de AMLO. Queda claro, y eso es lo primero que espero haga la presidenta, con A: Quitarse ese lastre de su antecesor, dejar de swer la corcholata favorecida de López. Ello, si de verdad quiere ser recordada como la primer
mujer titular del Ejecutivo en México que hace un buen trabajo.
Lo segundo que espero realice es, precisamente, que aplique el monopolio legitimo de la fuerza del Estado en el combate al crimen organizado. La violencia, la inseguridad, la desaparición de personas, los fraudes, el cibercrimen, entre muchos otros graves delitos, han aumentado drásticamente en México, y se requiere mano dura para combatirlos.
Otro tema en el que debe haber acciones para mejorar la calidad de vida de los mexicanos, es en materia de salud pública. Está por demás repetir que en los llamados gobiernos neoliberales, el sistema de salud funcionaba con todo y sus deficiencias, pero que en el gobierno de López Obrador, fue aniquilado.
El sector educativo va de mal en peor. Desafortunadamente, hay una reforma en materia educativa, donde se regresó al sindicalismo charro, se le dio poder al SNTE, se quitó la evaluación al profesorado para mejorar la calidad de la enseñanza; se hizo cambios al vapor a los planes y programas de estudio en educación básica.
Si Sheinbaum quiere que México tenga un excelente sistema educativo, debe implementar políticas públicas en las que se busque mejorar la calidad de la enseñanza y evitar la deserción escolar, entre otros factores.
La economía y los empleos, es otro de los rubros que más cayeron en el gobierno lopizta. La creación de empleos formales en los cinco años y 10 meses del gobierno que acaba de terminar, ha tenido claroscuros, marcadas principalmente por la pandemia de Covid-19.
Sheinbaum debe aplicar una reforma en materia fiscal, en la que se recauden impuestos y se puedan dar los recursos necesarios a los sectores de educación, salud, seguridad, infraestructura, entre otros, para su mejoramiento. Debe de hacer recortes a las obras insignia de López, o mejor aún, pararlas porque sólo son obesos y costosos elefantes blancos.
En mi artículo ¿La presidenta con “A”? comenté que se está haciendo un uso faccioso del término de igualdad de género. En su discurso de toma de posesión, la presidente Sheinbaum dijo: “¡Las mujeres podemos ser presidentas! Y con ello, hago una respetuosa invitación a que nombremos presidenta con “A”; así como decimos jueza, abogada, científica, ingeniera con “A” porque nos ha enseñado que lo que se nombra, existe, y lo que no se nombra, no existe”.
En ese mismo artículo, dije también que igualdad de género es, precisamente, que las mujeres tenemos los mismos derechos que los hombres a realizar las mismas actividades. Pero en la actualidad, este término de igualdad de género se utiliza más hacia la cuestión de la sexualidad, más no de la actividad que puedan desempeñar tanto hombres como mujeres.
Eso es lo que Sheinbaum debe considerar, tanto hombres como mujeres debemos tener las mismas oportunidades laborales e igualdad de salarios. Que las políticas públicas que vayan a implementarse sean en ese sentido, y no se queden en mera demagogia. Sin duda, muchas promesas y tareas por cumplir para Claudia Sheinbaum. Aunque el gran reto para ella, será quitarse el lastre de AMLO, que no sea una sombra que opaque la propia gestión de la señora presidenta, con A.
