abril 16, 2026

Rusia ya ganó la guerra económica

Rusia ya ganó la guerra económica

MSIA Informa

El Banco Mundial sorprendió al mundo a principios de agosto con la lista de las diez economías más grandes en 2022, medidas en términos de su Producto Interno Bruto por Paridad de Poder de Compra en dólares actuales (PIB PPC) La secuencia es: 1) China; 2) Estados Unidos; 3) India; Japón; 5) Rusia; 6) Alemania; 7) Indonesia; 8) Brasil; 9) Francia; y 10) Reino Unido.

La gran sorpresa fue la posición de Rusia, delante de Alemania, algo que se escapó incluso a las proyecciones oficiales de Moscú, en un año en el que el país sufrió una radical ampliación de las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y sus aliados europeos desde 2014, debido al conflicto ucraniano.

El mismo Banco Mundial había previsto una contracción de 3,3 por ciento del PIB nominal del país a causa de las repercusiones económicas de la guerra.

Nada mal para un país que solía ser calificado por sus críticos y sus enemigos de “una gasolinería con armas nucleares” o “una economía no más grande que Texas.” El desempeño económico acentuó aún más la sorpresa anterior de los analistas y de los estrategas occidentales ante la capacidad rusa de sostener una campaña militar prolongada contra una Ucrania financiada y equipada por las potencias de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), mientras que estás vacían sus arsenales y se ven ante la imposibilidad de sustituirlos a corto plazo.

Ha llamado la atención, en especial, la enorme disponibilidad rusa de municiones de artillería y de misiles modernos

Cuyos límites estaban cercanos al agotamiento según especialistas desde las primeras semanas de la guerra. Ahora son más las capitales occidentales que reconocen que la producción rusa supera por varias veces a toda la capacidad combinada de la OTAN. Lo que prueba la incapacidad de la Alianza atlántica de librar un conflicto de alta intensidad contra su adversario existencial, y este es uno de los motivos por los cuales la guerra sustituta con Rusia ha sido prolongada “hasta el último soldado ucraniano” como se dice abiertamente en las mismas capitales occidentales. 

En beneficio de la verdad, tal percepción ya se manifestaba desde los primeros meses del conflicto, como lo demuestra el comentario de Alex Vershinin, oficial retirado del Ejército británico y analista del Royal United Services Institute (RUSI), en un artículo aparecido en junio de 2022, oportunamente titulado “El regreso de la guerra industrial”:

El vencedor de una guerra prolongada entre dos potencias casi iguales todavía se funda en qué lado tiene la base industrial más fuerte. Un país debe tener, o la capacidad manufacturera para producir cantidades enormes de municiones, o tener otras industrias que puedan convertirse rápidamente en productoras de municiones. Occidente, por desgracia, parece ya no tener ni la una ni la otra.

Foto: Ichigo121212

La verdad es que desde el fin de la Guerra fría

El Occidente “globalizado” encabezado por Estados Unidos no ha hecho otra cosa que empeñarse en profundizar la financierización de sus economías. A su vez, la Rusia de Vladímir Putin, dejando atrás la devastación socioeconómica de Boris Yeltsin, ha invertido en la reconstrucción de la economía real, en el fomento del bienestar social y de las capacidades científico-tecnológicas y, de forma paralela, en la modernización y en el fortalecimiento de las Fuerzas armadas. En estas circunstancias, estas últimas son consideradas un instrumento esencial de defensa del Estado nacional ruso, en lugar de ser un factor preferencial de generación de ingresos y ganancias, como sucede con el “complejo de seguridad nacional” estadounidense y el de sus apéndices europeos.

Los ingresos de las exportaciones de petróleo y de gas natural, aplicadas en dos fondos soberanos, han sido las principales fuentes de financiamiento de la reconstrucción económica rusa, teniendo a los gobiernos de Putin y de Dmitri Médvedev (quien reemplazó al primero en la Presidencia rusa en el periodo de 2008 a 2012) empeñados en fortalecer el papel de las paraestatales Gazprom y Rosneft en el sector. Su juiciosa aplicación en actividades multiplicadoras de valores, entre ellas los proyectos de infraestructura en todo el país, es el secreto a voces de la recuperación rusa.

Junto con el impuesto al valor agregado, otra importante fuente de ingresos, el gobierno federal ha podido solventar los gastos corrientes, además de haber reducido su deuda externa a un porcentaje ínfimo respecto con sus reservas cambiarias, inferior al 9 por ciento, en contraste con el espantoso 1.234 por ciento que Putin encontró al asumir la Presidencia rusa. En 2005 se pagaron los préstamos puente hechos por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para que el país superase la crisis financiera de 1997. De la misma forma, se promovió un auténtico saneamiento bancario, obligando al cierre de literalmente miles de bancos incapaces de mantenerse en un ambiente competitivo volcado al fomento de la economía interna, quedando tan sólo cerca de 500 de ellos (contra más de 4.500 en los tiempos dorados del “balcón de negocios” de la era de Yeltsin).

La recuperación económica, al lado de las transferencias gubernamentales, hicieron posible una reducción tajante de los índices de pobreza, que alcanzaron al 50 por ciento de la población a mediados de la década de 1990, a 12 por ciento en 2019.

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La aplicación de las sanciones occidentales

Iniciada luego del golpe de Estado “Euromaidan” en Ucrania y la reintegración de Crimea a la Federación Rusa, en 2024, fue motivo de un programa de sustitución de importaciones promovido por el gobierno federal, involucrando una lista de 750 productos de varios sectores. En Paralelo con este, la introducción de nuevas variantes de trigo modificadas genéticamente permitió la ampliación enorme de la zona cultivable del país, lo que lo llevó a la cumbre de la lista de los exportadores mundiales, por delante de Estados Unidos y Canadá juntos.

Las nuevas técnicas de recuperación secundaria de hidrocarburos, así como las inyecciones de plasma, permitieron aumentos notables en la producción y en las exportaciones rusas.

El aumento de los ingresos por exportaciones ha permitido al gobierno mantener en sus manos el balance de pagos y financiar programas de innovación tecnológica e investigación científica en las fronteras del conocimiento, manteniendo así la vieja tradición científica rusa, que se remonta al periodo pre soviético. Uno de los resultados visibles de ese esfuerzo es la nueva generación de súper armas anunciada por el presidente Putin el primero de marzo de 2018 en el Parlamento, donde destacan los misiles de largo alcance hipersónicos, contra los cuales las potencias de la OTAN no tienen ninguna defensa y cuyas cualidades ya se pueden ver en el teatro de guerra de Ucrania.

Otro aspecto destacado de la reconstrucción rusa es la estrategia de desarrollo que se está utilizando en las remotas regiones del Extremo Oriente y del Ártico, que parte de la explotación de sus vastos recursos naturales, de inversiones en infraestructura de transportes modernos y de la atracción de inversiones extranjeras para actividades productivas. Juntas, las dos regiones representan cerca de 15 por ciento del PIB ruso y la tendencia es de crecimiento de la proporción, a medida que aumenten las inversiones en ellas, cuya promoción ha sido uno de los temas recurrentes en las últimas ediciones del Foro Económico Internacional de San Petersburgo, foro que ha despertado el interés de un número creciente de países.

En esencia, a pesar de los enormes problemas que el país ha enfrentado, la lección ofrecida por Rusia es la de que las inversiones en la economía física son las más rentables, tanto en el sentido del desarrollo económico real, así como del imprescindible fortalecimiento de la capacidad nacional de enfrentar desafíos externos, en partículas, militares -lo que le ha permitido enfrentar con éxito a una coalición militar más grande que la movilizada contra el Eje en la Segunda guerra mundial.

Fotos: zhushenje/ Ichigo121212 / Pexels

About The Author

Maestra en Periodismo y Comunicación; directora de noticias, editora, jefa de información, articulista, reportera-investigadora, conductora y RP. Copywriter de dos libros sobre situación política, económica y narcotráfico de México; uno más artesanal de Literatura. Diversos reconocimientos, entre ellos la Medalla de plata por 50 Aniversario de Radio UNAM y Premio Nacional de Periodismo, categoría Reportaje.

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