Arturo Ríos*
El nuevo secretario de Gobernación, Enrique Olivares Santana, el ortodoxo, el institucional, llegó a Bucareli con todo el apoyo presidencial, dispuesto a coadyuvar con su vasta experiencia en el difícil manejo de la dependencia, en la cual descansaba la política interna del país.
Se requería que toda su experiencia estuviera dedicada en cuerpo y alma al servicio de la nación y del primer mandatario que iniciaba la segunda parte de su sexenio.
El primer asunto
Con el que se encontró el hidrocálido fue el caso Díaz Redondo. El hombre maduro, razonable e institucional, político de la vieja guardia, responsablemente midió las consecuencias acordes con aquella época.
Habló con el Presidente y le advirtió el grave riesgo y consecuencias que podrían acarrearle a la imagen del país encarcelar al director general de Excélsior, el medio informativo más importante de la República.
El caso, sin duda, tendría inevitablemente resonancia mundial. Se les echaría encima la crítica internacional, se calificaría al régimen de represor y el daño sería incalculable.
De esta manera José López Portillo, que también sabía escuchar, declinó de su intento y así se salvó Díaz Redondo de un penoso futuro.
Del libro inédito La Década más larga de Emilio Trinidad y Arturo Ríos.
*Periodista y Analista Político
Foto: Especial
Jesús Reyes Heroles, el artífice de la denuncia contra Regino Díaz

