El bloque sobrevivirá a la guerra y al Factor Trump. La guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán, junto con las varias guerras en Asia y en el Sur del mundo, están desestabilizando profundamente el orden geopolítico y económico en todos los continentes del mundo.
Mario Latiera y Paolo Raimondi, desde Roma*
Sin duda alguna, el remesón afecta las relaciones dentro del grupo BRICS, aunque éste no es una alianza estructurada, a diferencia de organizaciones históricas de Estados como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) o la Unión Europea (UE), las cuales también han sido desestabilizadas.
Dado que los países que integran el BRICS respondieron de diversa manera y no se posicionaron abiertamente al lado de Irán —por no hablar del bloqueo de Hungría a la ayuda europea para Ucrania o de las acusaciones de cobardía de Trump hacia los aliados que no participan en acciones en el Golfo— muchos analistas de peso se apresuraron a celebrar el fin del grupo.
En nuestra opinión, esas evaluaciones son superficiales, una mezcla de incompetencia y complacencia con la desgracia ajena, típico del alimento que nutre la polarización que esclaviza el planeta.
No se pueden negar los significativos retos actuales y futuros del grupo
Considerando que éste incluye a Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, situados en lados opuestos en la guerra. Pero, desde su creación, los detractores de los BRICS no han escatimado críticas: “no tienen nada en común”, son “un grupo bizarro”, “una empresa heterogénea”, “una idea ridícula” y frases por el estilo.
En su nuevo mandato, el presidente Donald Trump los ha amenazado de los peores desastres en caso de intentar liberarse del control y del poder estadounidense. Sin embargo, no es cuestión de vender la piel del oso antes de cazarlo.
Cabe repetir: El grupo BRICS no nació en un desafío a los EE. UU. o, a Occidente, sino en una convocatoria para escapar de los efectos devastadores de la crisis financiera de 2008 y de la tendencia estadounidense (anterior a Trump) de liquidar el multilateralismo y las organizaciones internacionales creadas para mantener un mínimo de orden en las relaciones políticas y económicas.
El BRICS, al igual que otras organizaciones y uniones de Estados, seguirá existiendo y funcionando de alguna forma, a menos que ocurra una verdadera Tercera guerra mundial.
En 2026, la India será sede de la cumbre del grupo bajo el lema “Construir para la resiliencia, innovación, cooperación y sostenibilidad’. El tema antecede a los efectos de la guerra en el Golfo y de su secuela, emergencia energética y comercial.

A propósito, es importante resaltar que, en una parte del programa de la cumbre, el Banco Central de la India —obsérvese atentamente al promotor— presentará una propuesta para conectar las monedas digitales de los bancos centrales de los países miembros (CBDC). Esto representa un audaz paso hacia la eliminación del uso de una tercera moneda, normalmente el dólar estadounidense, en el sistema de liquidación de pagos para el comercio internacional entre los países miembros.
Una CBDC es la moneda soberana de un país en formato digital
No es una criptomoneda y no está sujeta a riesgos de volatilidad, ya que es emitida por el banco central y considerada moneda de curso legal. Su única diferencia es ser digital y prescindir del papel, ofreciendo la conveniencia de los pagos electrónicos con la estabilidad del dinero físico.
Es un proceso en marcha: China, Rusia e India ya cuentan con una y están expandiendo su uso. Sudáfrica y los Emiratos Árabes Unidos se preparan para lanzar las suyas, mientras otros países se encuentran en diferentes etapas de desarrollo, también está Brasil (si consigue superar el desbarajuste político interno en que se encuentra).
En lugar de, por ejemplo, tener que convertir primero rupias indias a dólares y luego a rublos rusos o yuanes chinos para pagar el petróleo importado, el comercio podría realizarse mediante CBDCs vinculadas. De igual forma, las exportaciones de mercancías de India hacia Brasil se liquidarían con estas monedas en vez de usar dólares. Un sistema de compensación de pagos de este tipo promovería el comercio entre los países miembros mediante un mecanismo común, sin necesidad de crear una nueva moneda del BRICS.
Consideramos esto realmente interesante y útil. Los miembros del grupo BRICS representan 5.61 billones de dólares en exportaciones y 4 billones en importaciones. En 2024, ya representaban el 40% de la economía global. Ese mismo año, las importaciones de India provenientes de los BRICS superaron el 40% de su total, destacando el petróleo ruso como el producto más frecuente. Por su parte, las exportaciones hacia estos países representaron aproximadamente el 22% del total.
Al permitir que los países miembros operen de forma independiente, se establecería un sistema de pagos ventajoso para todos. Desde una perspectiva geopolítica, esto reduciría el riesgo de una dependencia peligrosa del sistema SWIFT, controlado por los EE. UU. Y utilizado frecuentemente como herramienta de presión contra muchas economías del Sur Global.
Bajo la presidencia del grupo, India define al BRICS como un club económico “no occidental” en vez de una alianza de seguridad “antioccidental”.
Por ese motivo, el país podría —junto con Brasil y otros países— desempeñar un papel fundamental de paz, diálogo y diplomacia. Para el BRICS, la cuestión central planteada por la guerra en Ucrania (o la crisis en Irán, según el contexto deseado) no es simplemente si el bloque será capaz de mantener su unidad; se trata, ante todo, de saber si su estructura actual es adecuada y suficiente para un mundo donde las crisis geopolíticas tienen cada vez más influencia en la dinámica económica.
*MSIA Informa

