Sinaloa: Entre las cúpulas y las buscadoras, la falsa representatividad ciudadana bajo la lupa
Juan Manuel Acuña Salomón
En los foros de la política local predomina una regla no escrita: La cortesía del aplauso mutuo. Cuando una agrupación organiza un evento o lanza un comunicado, la expectativa general es que la prensa y los analistas compren el paquete completo de la “unidad ciudadana”.
Por eso, cuando en días pasados puse sobre la mesa una pregunta incómoda pero urgente —¿De qué sociedad civil estamos hablando en Sinaloa?—, el libreto habitual se rompió.
Las reacciones no tardaron en llegar. Hubo a quienes no les gustó lo expuesto y me comentaron que a mi narrativa le falta información. Les respondí lo que sostengo públicamente: defiendo lo narrado y cada uno de mis artículos van firmados por mí, dejando en claro mi forma de escribir: sin concesiones, sin matices acomodaticios ni aderezos retóricos.
Esa sola reacción resume de cuerpo entero el dilema que hoy se vive en la entidad. En el lenguaje real del cabildeo político, decir que “falta información” casi siempre significa una sola cosa: “no contaste la historia como a mi agenda le convenía”.

¿Por qué molesta tanto la crítica directa?
Porque de cara al proceso electoral de 2027, ostentar la representación de la “sociedad civil” cotiza alto. Cuestionar la representatividad real de esas siglas equivale a devaluar la moneda con la que muchos pretenden negociar espacios de interlocución y quizás algunos candidaturas.
Mientras grupos de cúpula acaparan los reflectores del cabildeo, la verdadera sociedad civil de causa —las buscadoras en el campo, los comités vecinales que defienden sus parques— sigue trabajando sin una silla en esas mesas elegantes. Camino a 2027, proliferan los membretes y las agrupaciones con nombres rimbombantes que solo existen en ruedas de prensa, pero que carecen de base social real.
Si la sociedad civil en Sinaloa fuera un tejido sólido, maduro y verdaderamente representativo, respondería a la crítica con resultados concretos y movilización real, no con la molestia de ver cuestionada su narrativa. Aceptar el diálogo no significa comprar el guion. La función del análisis crítico es señalar las contradicciones de la política local para que la causa ciudadana no sea utilizada como moneda de cambio.
Y hago este señalamiento de frente porque el más interesado en que la verdadera sociedad civil se unifique en un solo bloque soy yo. Creo genuinamente en el despertar social de los ciudadanos sinaloenses y estoy convencido de que existen las condiciones históricas para que esta fuerza ciudadana sea la pieza clave e indispensable en el rescate de nuestro estado.
¿Ustedes qué opinan? ¿Existe una verdadera sociedad civil organizada en Sinaloa o son puros grupúsculos de coyuntura?

