Bolivar Hernandez*
Hace unos cuantos días mi amiga y colega Sonia Iglesias Cabrera, me dijo que yo era un hombre afortunado, según su parecer. Y no he dejado de reflexionar el alcance de sus palabras.
En principio yo diría que Sonia tiene razón en su dicho. La vida de todo individuo tiene sus claros y sus oscuros, y ello conforma un todo.
De entrada, diría que soy hombre afortunado y dichoso, por una razón simple: No me duele nada. Esto es el significado de la felicidad en mis propios términos.
En unos cuantos días, 17 de agosto, cumpliré 78 años
Estoy sano y tengo trabajo, además disfruto de una linda casa con un jardín tropical en plena ciudad de Guatemala.
¡Sí, soy un hombre afortunado!, si consideramos estos datos recientes de mi existencia.
Esta es una sucinta historia de mi vida
Soy el resultado de un encuentro amoroso entre dos seres muy jóvenes que me concibieron. Mi madre me confesó que yo era el único hijo del amor. Secreto que guardé celosamente hasta el día de hoy.
Tengo el vigor genético de dos padres jovencísimos, sin embargo nací con problemas de los bronquios hasta la fecha, y los sigo padeciendo. ¡Sí, soy muy delicado en ese sentido! Por lo demás, tengo una salud de hierro.
En mi familia extensa ocurre qué hay cáncer en abundancia. Y yo no fui la excepción. Tuve cáncer de próstata, pero logré superar esa enfermedad que me puso al borde de la muerte, varias veces.
Soy un renacido, yo que siempre quise ser un hombre del renacimiento, se me cumplió mi deseo. Volví a nacer por segunda ocasión.
Estudié en escuelas públicas, desde párvulos hasta la universidad; en cambio mis hermanos estuvieron en colegios privados, y no los envidio para nada.
Tuve la experiencia infantil de sufrir el destierro, el exilio, y tuve miedo y terrores constantes de poder morir junto a mi familia.
Hasta el día de hoy, el simple hecho de viajar es tratar de dominar un trauma infantil que me infunde ansiedad y angustia.
Mi padre decía
Estoy feliz porque mis hijos son feos, pero están sanos. Sin embargo, dos de mis hermanas fueron reinas de belleza en su ciudad.
Tuve muchos hijos y tengo varios nietos como una extensión de mi clan. Todos ellos son inteligentes, algunos sobresalen por ese aspecto. De eso me siento muy orgulloso.
Me casé varias veces, muy enamorado es verdad; y fui amado y también las amé. He viajado por el mundo, menos de lo que he deseado. Pero tengo el ojo lleno de paisajes y ciudades que admiro.
He sido un hombre atrevido y audaz, aventurero, y voy a donde me lleve el corazón. Nunca dije no puedo, sino que me dije: ¡Lo intentaré!
De joven me prometí no ver médicos para tener salud
Y me equivoqué rotundamente, nunca vi más médicos en toda mi vida que cuando tuve cáncer, aquello era necesario e indispensable para seguir viviendo.
Siempre he hecho ejercicio físico y cuido mi alimentación con sumo cuidado, no tengo vicios, salvo la lectura.
Escogí la soledad como una opción de vida, y eso no quiere decir que estoy solo. Creo en el amor, pero primero en el amor propio. Soy un hombre afortunado, ¡Sí!
Tengo casa, comida y vestido. Vivo en una austeridad franciscana. No necesito más que lo indispensable para vivir dignamente y con decoro.
*La vaca filósofa.


En mi familia extensa ocurre qué hay cáncer en abundancia. Y yo no fui la excepción. Tuve cáncer de próstata, pero logré superar esa enfermedad que me puso al borde de la muerte, varias veces.